El lenguaje en la lucha contra el sida

María Elena Artola Juárez

Todavía hay personas involucradas en el trabajo del Sida que insisten en utilizar un lenguaje improcedente que contribuye a aumentar el estigma, el miedo y el rechazo social, y al desaliento de las personas que viven con la epidemia.

El problema de los impactos y las perspectivas del sida y sus causas subyacentes, como la pobreza, es necesario abordarlo con un lenguaje de desarrollo humano que evoque imágenes de paz, respeto y generosidad para responder solidariamente a la epidemia.

El Gobierno y sus ministerios, la sociedad civil, los sectores privados, religiosos y no gubernamentales, trabajando en el contexto del sida o en temas relativos al desarrollo humano, organizaciones de mujeres, de derechos humanos y de personas y sus familias viviendo con la epidemia, así como los medios de comunicación social, deben ser incluyentes ante ésta y abordarla de manera consensuada, articulada y multisectorial. Esta es una condición cardinal para prevenir la transmisión del VIH, porque este virus no discrimina a nadie.

Por eso, para responder apropiadamente al sida es necesario crear un ambiente nacional propicio que genere confianza, respeto mutuo y comprensión de que esta epidemia nos concierne a todas y a todos, y no sólo a quienes viven con el virus del VIH o a determinados grupos sociales.

En este sentido el periodismo de desarrollo humano juega un papel importante porque evita el uso de palabras confrontativas, excluyentes, discriminatorias, separatistas, peyorativas o despreciativas, que sólo conducen a la controversia y al antagonismo, al distanciamiento de las personas y a los disturbios sociales.

En el contexto del sida se trata, por ejemplo, de no utilizar palabras como combate, control, contra, campaña, lucha, intervención y vigilancia, porque evocan imágenes de hostilidad. Es mejor emplear otros sinónimos o usar el término respuesta al VIH y al sida.

También es recomendable evitar el uso de vocablos como víctimas, portadores o sidóticos, pacientes o enfermos del sida, sino decir o escribir, por ejemplo, personas que viven con el VIH o con el sida, así como no usar la palabra contagiado(a) porque el VIH es transmisible pero no contagioso. Se transmite por vías específicas y no de manera indirecta, o sea, por el aire, los alimentos, por dar la mano o abrazar a personas que viven con el virus.

Además, es recomendable usar el término situación de riesgo en vez de comportamiento riesgoso o grupos de riesgo, dado que un comportamiento puede ser seguro en una situación determinada e inseguro en otra.

El lenguaje adecuado, además, permite reconocer las diferencias entre el VIH y el sida. Muchas personas creen que ambos significan lo mismo: una muerte inminente. Para evitar esta creencia es necesario no continuar escribiendo VIH/sida sino VIH y sida, separadamente, y especificar que el VIH es el virus que causa el sida y que éste es una consecuencia del VIH, aclarando que una persona viviendo con este virus si asegura una buena calidad de vida puede desarrollar su vida afectiva, social y productiva por muchos años.

Por eso, un paso importante para vencer prejuicios, mitos, el estigma, la discriminación, el rechazo y el miedo, es usar una semántica específica y un lenguaje pacífico cuando nos referimos al VIH y al sida. En este sentido la comunicación, en tanto paradigma central de la sociedad moderna, desempeña una función de primer orden.

Es deber de todo gobierno garantizar el acceso a los tratamientos apropiados, los derechos humanos ante la epidemia, la ética y la confidencialidad. En el caso de Nicaragua, todavía no se logra una comprensión adecuada de la epidemia. El Gobierno no la asume como una amenaza al desarrollo humano sostenible. Ejemplo de esta negación de la pandemia es que el tema del sida no fue incluido en ninguno de los componentes del Plan Nacional de Desarrollo.

Los medios de comunicación social, en tanto líderes de la opinión pública, están en la obligación de informar con el lenguaje preciso sobre las formas de cómo prevenir la transmisión del VIH y promover los derechos humanos ante el sida.

La autora es periodista.

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