La inversión educativa

Roman, Times, serif»>
La inversión educativa





Siempre se ha dicho, y es cierto, que los recursos destinados a la educación no deben ser considerados como un gasto sino como una inversión. Y eso incluye la educación universitaria, particularmente en la época actual de globalización, en la que para poder ser competitivos se debe tener recursos humanos de la mayor calificación cultural, técnica y científica.

En realidad, a pesar de que a menudo se dice que hay demasiados estudiantes universitarios y muchos egresados que no encuentran empleo en las profesiones para las que estudiaron, sin embargo, para las exigencias de la competencia internacional en las condiciones de los TLC, esos recursos humanos son insuficientes en cantidad y mucho más en calidad.

Igualmente, con frecuencia se dice que ahora tener abundantes recursos naturales no garantiza el desarrollo económico de un país, el cual depende mucho más de la cantidad y ante todo de la calidad del capital humano disponible. Calidad que la determina la educación, pero de todas las personas, no sólo de los estudiantes universitarios.

Estados Unidos, las naciones de la Unión Europea, Japón o Finlandia –país que en estos días está de moda en Nicaragua por la llegada, mañana, de su Presidenta–, a pesar de que algunos de ellos no tienen recursos naturales de importancia, todos muestran un alto dinamismo y crecimiento sostenido de su economía, y por lo consiguiente gozan de altos estándares de vida. Y eso se debe a la calidad de su educación, particularmente de su formación técnica y sus universidades que son altamente eficientes, intensamente competitivas y espléndidamente equipadas.

Por el contrario, casi en todos los países latinoamericanos, incluyendo a Nicaragua, en términos generales las personas que tienen educación no han sido educadas apropiadamente, por múltiples razones: desorganización y pobreza del equipamiento escolar, falta de adiestramiento de los docentes sobre cómo enseñar, ideologización y partidismo de las universidades públicas, despilfarro o mal aprovechamiento de los recursos disponibles, etc., todo lo cual hace que se desperdicie la inversión educativa.

No se puede negar que en Nicaragua la asignación a las universidades públicas y a las privadas que también son financiadas con fondos estatales –o sea el equivalente al 6 por ciento del Presupuesto de la Nación, independientemente de cómo se calcule– ha sido y es insuficiente. Dicho con otras palabras: de acuerdo con las necesidades del país, es poco lo que se invierte en la educación superior, como también es poco lo que se destina a la administración de justicia o a la infraestructura, ya no digamos en educación primaria, secundaria y técnica, a pesar de que ésta es la más prioritaria. Pero aún así, en relación con las posibilidades económicas del país y en comparación con la inversión en educación primaria, secundaria y técnica, lo que se asigna al CNU y, peor aún, lo que éste reclama, es desproporcionado.

Es cierto que la principal prioridad del Estado es la educación, y por lo tanto, un buen Gobierno debe preocuparse por aumentar la asignación presupuestaria a los distintos niveles de la educación, incluyendo por supuesto la universitaria y el desarrollo de la tecnología y la ciencia. En este sentido, el Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología (Conicit) merece una atención especial del Gobierno y de la sociedad. Además, el Estado debe estimular la inversión empresarial en los centros de investigación científica y desarrollo tecnológico, sin las cuales no puede haber desarrollo ni conocimiento agregado a los productos nacionales, y por lo tanto el país seguiría condenado a ser dependiente del progreso de los demás.

Pero lo primero es lo primero: lo urgente, prioritario e indispensable es atender, antes que cualquier otra cosa, la educación básica que actualmente deja mucho que desear. Y los sectores universitarios deberían demostrar que tienen en realidad –o que están recibiendo– una educación superior y por eso mismo una mejor comprensión de la realidad y la verdadera necesidad nacional. Es decir, los universitarios más que otros sectores nicaragüenses tienen la obligación de entender cuáles son realmente las prioridades educativas. Y tienen que ceder en sus pretensiones de seguir siendo un estamento privilegiado de la sociedad, pero además insensato y violento, como si no tuvieran ninguna educación.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí