- Después de 16 años de no modificarse la estructura de la canasta básica, los sectores de la población con menores ingresos piden a gritos que sea revisada, pero que junto a ella se mejore también el poder
adquisitivo promedio, ya que este indicador económico se usa para fijar el salario mínimo
Gabriel Sánchez Campbell
Detrás de la estructura de la famosa canasta básica oficial hay diferentes opiniones en varios estratos sociales del país. Los menos favorecidos dicen que este indicador económico en la práctica es completamente irreal, los del nivel medio sostienen que está devaluado y los más favorecidos se preguntan cómo hace la gente para sobrevivir.
La situación se ha recrudecido en todo este año, porque desde enero muchos de los productos de consumo reflejan una espiral alcista en sus precios, lo cual ha provocado que la inflación se haya disparado a 4.21 por ciento, el doble de lo calculado por el Gobierno como meta.
Este porcentaje es el máximo en los últimos cinco años por el incremento en los precios internacionales de las principales materias primas para la producción de bienes y servicios, tales como: petróleo, oleaginosas, granos (arroz y trigo), hierro, etc. Los efectos directos provocados por los incrementos de precios mencionados se han trasladado a aumentos de precios relativos de otros bienes que utilizan dichos productos como insumos, como por ejemplo comidas consumidas fuera del hogar, transporte y reparación de viviendas.
Esto mismo ha incidido para que la estructura de la canasta básica como indicador económico se esté devaluando cada vez más porque no se ha modificado desde hace 16 años, en septiembre de 1988, según los funcionarios de Gobierno.
En síntesis, algunos estudios realizados en años anteriores sobre este tema han concluido que la actual estructura de la canasta básica no cubre el mínimo de consumo calórico diario que una persona necesita para vivir y desarrollar de forma adecuada sus funciones, por lo que generalizando se afirma que más de dos millones de nicaragüenses están desnutridos porque son pobres.
Un estudio hecho por el Centro Nacional de Investigaciones y Asesoría Socioeconómica (Cinase), en el 2002, determinó que la actual estructura de la canasta básica oficial “no cumple con los requerimientos en términos calóricos, educativos, salud, vestuario y de productos del hogar que requieren los nicaragüenses para su desarrollo integral”.
La actual canasta básica está compuesta por 53 productos, el 54 por ciento la componen alimentos y bebidas. El resto la componen artículos para el uso del hogar, algunas tarifas de precios como el de agua, luz y transporte, y una parte está destinada a vestuario.
Según el Banco Central de Nicaragua (BCN) esta canasta no ha sido modificada desde que fue determinada en septiembre de 1988 por orientación de la Secretaría de Planificación y Presupuesto.
Para determinarla se tomó en consideración una selección de artículos que conformaban la canasta básica de acuerdo a la última Encuesta de Ingresos y Gastos de los hogares (EIGH) realizada en 1984.
En ese momento Nicaragua atravesaba una guerra civil y había racionamiento en los productos de consumo que se adquirían, por lo que la canasta básica fue hecha con este tipo de limitantes.
Según el estudio del Cinase esta desactualización en la composición de la canasta básica podría indicar que el nivel de desnutrición de los nicaragüenses es sumamente alto, por lo que tienen problemas de aprendizaje, no desarrollan de forma óptima sus capacidades físicas y mentales, y podrían tener bajos niveles de productividad en sus trabajos.
Sergio Santamaría, un sociólogo y economista, director del Cinase, sostiene que al haber tantos pobres en el país, con un poder adquisitivo bajo y una cobertura de compra de canasta básica precaria, el nivel de desnutrición podría ser sumamente alto.
ENTRE MENOS… MÁS
De acuerdo a la Encuesta de Ingresos y Gastos, realizada en 1999 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), a un 20 por ciento de la población le corresponde el 3.64 por ciento del ingreso total en Nicaragua, mientras que el 20 por ciento de la población más rica es el que obtiene el 64.7 por ciento del ingreso total en el país.
Según el Primer Informe de las Metas de Desarrollo de Nicaragua, elaborado por el Banco Mundial (BM), más de 800 mil nicaragüenses viven con el equivalente a un dólar o menos al día.
En general el BM estima que 2.3 millones de nicaragüenses se encuentran en situación de pobreza. Es decir que el 58 por ciento de los habitantes del país vive en estas condiciones.
De ahí se puede deducir que más de la mitad de la población tiene ingresos limitados para comprar la canasta básica. Y dado que el poder de compra es bajo, la cantidad de productos y la composición nutricional de los que se consumen se supone que no llenan la cantidad de calorías necesarias para desarrollar una vida sana.
Aunque no hay ninguna cifra exacta sobre la composición nutritiva de la actual canasta básica, según el BCN ésta es de unas 1,700 calorías.
Pero el Programa Mundial de Alimentos sostiene que el mínimo calórico que una persona necesita para vivir diariamente es entre las 1,800 y las 2,200 calorías.
No obstante en la vida real de los nicaragüenses de diferentes estratos sociales existen tres tipos de canastas básicas: la que compran aquéllos hogares cuyos ingresos no superan los 100 dólares mensuales para una familia de seis individuos.
La de los asalariados cuyo ingreso mensual no supera los 500 dólares. Y la de los más favorecidos cuyos ingresos mensuales están por encima de los mil dólares.
CANASTA DE SUBSISTENCIA
Eveling Santos una mujer de 35 años, era hasta el lunes una obrera de zona franca que ganaba 1,200 córdobas mensuales con los que mantiene a su familia de seis miembros.
Su típico y habitual desayuno está compuesto por una taza de café y una barrita de pan que le permite llegar al almuerzo, momento en el cual come arroz, frijoles y queso. Al llegar a la cena su comida es gallo pinto con crema y tortillas. “Sólo una que otra fruta comemos, pero es porque están sembrados los palitos en el patio de la casa. Si no, no”, dijo.
Esta mujer gasta en promedio unos 1,099 córdobas mensuales en productos básicos para su alimentación, la de su esposo y sus hijos. Compra 23 productos alimenticios dentro de los cuales están el arroz, los frijoles, el queso, las tortillas, el plátano y el café que consume en 30 días.
El resto de gastos en el hogar los compartía con su esposo, quien más o menos gana lo mismo. A ella le despidieron el lunes.
CANASTA DE CONSUMO PROMEDIO
En cambio Martha Domínguez, una ama de casa cuya familia está conformada por cinco personas más que le dan dinero para vivir, tiene un ingreso mensual que no pasa de los 500 dólares.
Ella gasta sólo en alimentación para la familia un total de 4,081 córdobas mensuales. A diferencia de Eveling Santos, doña Martha compra más granos básicos, carnes, carbohidratos y frutas para la alimentación diaria de la familia.
Un desayuno típico de esta familia está compuesto por huevos fritos, gallo pinto, pan o tortillas y café. Para el almuerzo es una pieza de pollo o un trozo de carne, con arroz, frijoles, papas y de vez en cuando ensalada. Todo esto con su respectivo vaso de fresco. Para la cena puede haber gallo pinto, queso, tortillas y jamón con huevos.
CANASTA BIEN
Mientras que en la casa de una familia de seis personas, cuyo ingreso es superior a los mil dólares mensuales, el típico desayuno es café, cereal, leche y frutas. Para el almuerzo hay ensaladas, carnes, arroz, puré y postre. Para la cena, generalmente comen ensaladas, pasta, panes y algún tipo de postre.
En total el mínimo que gastan en la alimentación este tipo de familias con ingresos altos es un promedio de 8,630 córdobas. Pero son compradores atípicos, en comparación a los otros dos tipos porque éstos compran las cosas que mejor les parece, porque no tienen limitantes con el dinero.
Las familias con un ingreso superior a los mil dólares mensuales balancean mejor sus comidas y compran en diferentes lugares sus productos. A veces eso les resulta más caro.
LA CANASTA DEL GOBIERNO
Pero… ¿qué pasa con la canasta básica del Gobierno? Para empezar está compuesta por 23 productos básicos que precisamente se ajustan a la realidad de consumo de una familia promedio en cualquiera de los estratos sociales entes diferenciados. En todos varía.
Para José Félix Solís, gerente de Estudios Económicos del BCN, el actual nivel calórico de la canasta básica alimentaria es de aproximadamente de 1,700 calorías, lo cual es bastante aproximado a los estándares internacionales; no obstante, incluye el consumo de otros bienes y servicios que el consumidor racional puede perfectamente sustituir por una mayor cantidad de alimentos que le permitan cubrir el déficit de kilocalorías.
“Si se toman como base los productos definidos en la estructura actual de la canasta básica, versus la realidad, encontramos que hay un déficit, la gente consume más de eso, incluso podría ser el doble de los productos”, sostuvo el funcionario.
Jorge Navas, sociólogo de la Universidad Centroamericana (UCA), considera que lejos de las estructuras entre una canasta y otra el problema principal radica en la distribución del ingreso.
Sostiene que las personas de mayor ingreso representan la menor cantidad poblacional del país y son las que dominan parte de las decisiones que se toman a nivel económico y parte político, la lógica o ideal debería ser un cambio en la distribución del ingreso para que esto beneficie a los más desposeídos.
Pero como los más desposeídos son la mayoría y no tienen poder de decisión, el punto es una cuestión de voluntad, en la que todos se tienen que dar cuenta de las disparidades sociales que provocan las diferencias. Además se necesita una redefinición del papel del Gobierno para que sea quien ayude a modificar esta estructura, propone Navas.
LA CANASTA Y EL SALARIO
Gustavo Porras, diputado sandinista y representante sindical en las negociaciones del salario mínimo, indica que otro de los problemas que enfrenta la estructura actual de la canasta básica es que dado que de ella se estima también el ingreso básico de miles de trabajadores al estar devaluada no refleja la realidad del consumo.
“Sólo en la parte del consumo la baja ingesta de calorías puede ser algo catastrófico, porque la gente no rinde lo que debería, pero además de eso cuando se usa como indicador económico para negociaciones como la del salario mínimo, al no estar actualizada, no refleja la realidad de los nicaragüenses”, expresó.
El economista Néstor Avendaño sostiene que la actualización de la canasta básica debería ser una preocupación por parte del Estado, ya que esto puede ayudar al desarrollo del país.
Sin embargo no ve una señal clara por parte del Gobierno para cambiar esta situación y lo que percibe es una despreocupación gubernamental por falta de políticas públicas claras para el desarrollo.
LA PRENSA intentó conocer la versión de los empresarios sobre este tema, pero ninguno atendió las solicitudes de este rotativo.
¿HASTA CUANDO?
Todavía no hay nada concreto en relación a una pronta modificación de la estructura de la canasta básica. Cuestiones de tiempo, de recursos y una falta de voluntad para ayudar a las familias nicaragüenses más pobres, son algunos de los factores que inciden para que esta situación esté así.
Según el economista José Luis Medal, la actual estructura de la canasta básica sólo fue representativa en el momento que se hizo y que por lo tanto lo único que habría que hacer es permitir que el Instituto Nacional de Estudios Económicos y Censos (INEC) levante otra encuesta para modificarla.
“Se necesita una encuesta seria hecha por el INEC que se adecue a las realidades del consumo de los nicaragüenses”, expresó.
José Félix Solís, gerente de Estudios Económicos del Banco Central de Nicaragua (BCN), en esa institución están de acuerdo en que se debe actualizar la canasta básica con el objetivo de establecer una canasta conformada únicamente por alimentos y que cumpla con el requerimiento calórico mínimo necesario, tal como se hace en los otros países.
El funcionario considera que para la revisión de esta canasta se debe conformar un equipo multidisciplinario conformado por varias instituciones con la finalidad de conformar una canasta que cumpla con los estándares internacionales del requerimiento calórico mínimo.
“Actualmente se está gestando en el seno de la comisión de salario mínimo la conformación de una subcomisión que se encargue de la revisión de dicha canasta, con base en la nueva información que se tiene disponible”.
EL QUESO, LA LECHE Y EL CAFE
Uno de los datos curiosos que se encuentran en el consumo real de la canasta básica de los nicaragüenses de cualquier estrato es que además del arroz y los frijoles, como parte esencial de la alimentación diaria, el queso, la leche y el café forman parte de los cinco bienes más consumidos.
Sergio Santamaría, sociólogo y economista, considera que probablemente el consumo del queso, como sustituto de la carne y la ingesta de leche y café, se da porque en parte unos productos tienen altas cantidades de vitaminas y minerales, ayudando a mantener el cuerpo nutrido.
Y que para el caso del café la explicación es que esta bebida se toma porque como elimina el hambre.
José Esteban Porras, un especialista en leche en el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA), explica que la leche es un alimento que contiene un alto nivel de proteínas y grasas. Esto lo hace un producto con un alto nivel mineral y vitamínico. Especialmente por el contenido de calcio.
Muchos de los componentes de este producto se parecen al del huevo y a los de la carne.
Erwin Mierisch, experto en producción cafetalera, explica que efectivamente el café es tomado como estimulante en muchos hogares nicaragüenses, aunque no en todos. En el mundo entero es una bebida tradicional. Tiene grandes cantidades de cafeína.
Además de eso el café quita el hambre y en los últimos años se considera que tiene antioxidantes que pueden ayudar a prevenir ciertos tipos de cáncer.