Ronnie Bermúdez*
No hay nada más malo y dañino que la obsesión y ésa es la enfermedad que padece Daniel Ortega. Ahora dice que es el “único” candidato por el FSLN a la Presidencia, porque de otra manera sucedería una debacle en el partido y por ende en Nicaragua.
Este “dirigente de los pobres” se toma el derecho de apartar a cualquiera que ose oponerse en su ya aburrida candidatura presidencial. ¿Qué pasa con los sandinistas consecuentes con sus principios, que se jugaron el todo por el todo sin pedir nada a cambio?
Si quiere al FSLN y a Nicaragua, Ortega debe ceder el lugar a otras personas para que aspiren a la Presidencia de Nicaragua, y así pasaría a la historia como el mejor dirigente sandinista de nuestro tiempo.
* Sandinista de Sandino