Fernando Centeno [email protected]
No es cierto el principio universal de que el que contamina los recursos naturales es el que paga. Si no, ¿quién ha pagado por la alta contaminación que sufre el Lago Xolotlán al ser el recipiente de las aguas servidas de la ciudad, o la contaminación que están padeciendo el Lago Cocibolca, las lagunas de Masaya, Apoyo, Tiscapa y otras, lo mismo que por más de veinte de nuestros principales ríos y vertientes?
¿Cuánto han pagado las industrias de la zona norte por el vertido de desechos en la zona costera? ¿O cuánto pagó la Penwalt por la contaminación de mercurio? Y las bananeras, ¿cuánto irán a pagar por las secuelas del Nemagón?
No bastan las buenas intenciones del Ejecutivo de presentar una ley que pretende establecer un impuesto a los envases no retornables a fin de disminuir la contaminación y el deterioro ambiental. Dicho impuesto, según los proyectistas, es que el consumidor de la gaseosa, agua, cerveza y otros productos en envase no retornable, pague un tributo que le sea devuelto después, al entregar los envases. Esto operaría a través de los productores, quienes serían los retenedores del impuesto a través de un procedimiento que aún no está claro.
¿Quién contamina más, el consumidor o el productor? El Alcalde de Managua terminará su período sin encontrarle una solución a las bolsas plásticas de agua que enfloran los cuatro puntos cardinales de Managua, haciendo promesas de terminar con este problema, que nunca cumplió. En lo general su administración estuvo huérfana de programas ambientarles, mientras otras instituciones se muestran indolentes ante la producción excesiva e indiscriminada de los envases plásticos en un país que no puede darse el lujo de gastar sus divisas en estos productos .
La producción del plástico es dañina para la salud porque origina en su descomposición una fuerte producción de metano el cual es más nocivo que el dióxido de carbono. Además deteriora el ambiente afectando fuentes de agua, y aumentando los vertederos de basura, etc.
En el mundo se consume anualmente un promedio de 60 millones de toneladas métricas de plástico, de los cuales sólo el 15 por ciento son reciclados. En Nicaragua, datos conservadores revelan que anualmente entre 600 mil y 800 mil bolsas y envases plásticos o de aluminio son desechados en la capital, y la mayor parte de ellos terminan acumulándose en el lago, ríos, lagunas o botaderos de basura.
En algunos países de la Unión Europea y Japón se ha logrado mediante el reciclaje del plástico la producción de combustible, entre ellos gasolina para automóviles, proyecto que en nuestro país estaría como popularmente se dice “en la cola de un venado”. Así también se ha promovido el uso de recipientes duraderos para los líquidos y otros, disminuyendo sensiblemente la utilización de los no retornables.
La solución entonces no es a largo plazo, sino evitar que se sigan lanzando a la calle desechos plásticos, de aluminio, de cartón y otros, lo cual se puede evitar mediante una campaña que debería ser financiada por las propias industrias que los producen, y lograr que se clasifique esta basura y se les entregue a ellas mismas quienes deberán proceder a reciclar o destruir lo que ellos mismos han generado.
De nada serviría el proyecto de ley del Ejecutivo si no se impulsa una campaña para disminuir la demanda de estos productos, y estableciendo altos impuestos, de tal manera que estén claros que el que contamina paga y tan responsable es el que produce lo envases no retornables como el que los consume y no hace un uso apropiado de ellos.
Ojalá que el nuevo proyecto, de ser aprobado, sea aplicado en forma enérgica y no como muchas leyes ambientales que continúan siendo papel mojado.
El autor es periodista.