César Augusto Membreño Navarro*
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Gentes que escribieron historia
César Augusto Membreño Navarro*
Don Jorge Eduardo Arellano, preclaro hombre de letras, en un artículo publicado en LA PRENSA recientemente, titulado Sobre los cubanos ilustrado en la Nicaragua del siglo XIX, citando al autor Esteban Duque Estrada, refiere las biografías de 51 cubanos ilustres que pasaron por la región centroamericana.
Uno de ellos es el profesor José María Izaguirre, nacido en el año de 1828 en la villa San Salvador de Bayamo, Cuba; particularmente me llegó la oportunidad de conocer la vida de este consagrado maestro, en ocasión de preparar un aval para el doctorado de la master Zeneida Álvarez Roche, especialista en evaluación educativa y coordinadora del simposio sobre educación técnica y profesional, recientemente efectuado en la capital caribeña.
Es importante que los nicaragüenses conozcamos la vida y obra de intelectuales que a su paso por nuestro país dejaron un halo resplandeciente en el quehacer educativo y en algunas otras ramas científicas.
El profesor Izaguirre, luego de cursar estudios de filosofía en lógica mayor y menor en el convento de predicadores de la ciudad de Bayamo y de graduarse de bachiller en la Universidad de La Habana, publicó algunos trabajos en prosa para el Fénix de Santi Spiritu.
Publicó además sus cuentos: Los Jigues, La Torre de Zarrogoitía, La Cruz Verde y El Narrador Bayamés. Se conocen traducciones de publicaciones suyas en el Journal School y en distintas revistas.
En el año 1871 se trasladó a Nueva York para desempeñar cargos como secretario de la agencia central de asuntos cubanos y escribe en el diario El Pueblo de esa ciudad; estadía que le sirve para realizar estudios pedagógicos tal como es su vocación.
Siguió con interés la publicación The Popular Educator y trató a varios de los más grandes maestros que colaboraban asiduamente en dicha enciclopedia escolar y divulgación científica.
En 1874 su espíritu inquieto lo lleva al istmo centroamericano y aparece en Guatemala, suscribiendo un contrato con el señor Francisco Lainfiesta para que fundara y dirigiera la escuela normal central de Chiquimula en este país; además de la dirección de dicho centro de estudios impartía la asignatura de pedagogía, deberes y derechos cívicos de los ciudadanos, entre otras.
Estando en Guatemala, escucha relatos sobre Nicaragua que le pintan en buena forma su ambiente cultural siempre en el contexto enseñanza-aprendizaje y como insigne pedagogo se dirige a este país en donde brilló como una estrella más en el firmamento de la educación latinoamericana. Descolló igual en su lugar de origen como en las regiones que lo acogieron.
Antes de su ingreso a Nicaragua, había fundado un colegio particular en la ciudad de Bayamo, nombrado San José y participando en el congreso de maestros de Pensilvania, en West-Chister.
También fue socio asistente de la academia científica literaria El Pensamiento. En el año 1886 aceptó la dirección del Instituto Nacional de Granada y posteriormente la del Instituto de Managua durante el último gobierno conservador de ese siglo.
Como humanista reconoció y propagó los valores éticos en la difusión de la enseñanza. Como pedagogo se entrega celoso a la metodología disciplinada con vocación de respeto hacia el prójimo; lució como maestro, humanista, filósofo y hombre público.
Atino en afirmar que sin lugar a dudas el profesor Izaguirre es un precursor de la defensa del género, por lo que presidió una avanzada no muy corriente en el tiempo que le tocó vivir; sus fecundas ideas calaron tan hondo que hoy son una insignia refulgente en Nicaragua.
Habiendo establecido conversaciones epistolares con otro ilustre, don José Martí, recibió el nombramiento del delegado de Cuba en la República de Nicaragua por la delegación cubana en Nueva York, en el año 1895.
Aproximadamente un mes antes de su fallecimiento, ocurrido en su patria el 12 de diciembre del año 1905, había publicado como en otras tantas en la revista Instrucción Primaria, el artículo Educación, sus diferentes denominaciones. Condiciones necesarias para ejercerla.
A través de la historia de la enseñanza un elemento fundamental ha sido la formación de maestros. El maestro José María Izaguirre (1828-1905) dedicó gran parte de su vida a esta hermosa tarea en Cuba y Centroamérica, y transmitió a través de su producción teóricas estas experiencias que constituyen un material de utilidad en las disciplinas pedagógicas del contexto latinoamericano, pues en ellas se pueden encontrar lineamientos acerca de las cualidades que es necesario desarrollar en los futuros educadores.
En las mismas se revela la importancia de la formación de maestros para un país, el papel de los métodos y la práctica en el proceso de enseñanza, la significación de que esta actividad sea una obra de amor sobre la misión del maestro en la sociedad, la consagración que debe caracterizar a todo maestro, la vocación por la profesión, el interés permanente por su superación, así como las cualidades de la personalidad que se deben desarrollar en ellos.
¿Estudiar para la práctica, estudiar para el ejercicio o estudiar para el mundo laboral? Aquí las respuestas del profesor Izaguirre, tomado de la revista Institución Pública, abril y mayo de 1901: “Los alumnos no aprenden sólo para saber, sino que, siendo su misión la de enseñar a otros, deben de saber cómo han de enseñar. Esto es lo que constituye el método, o sea el modo con que se imparten los conocimientos para que el resultado sea pronto y eficaz”.
Otra cosa que el maestro debe procurar por todos los medios que estén a su alcance es que la enseñanza sea práctica, de manera que el alumno se penetre bien de lo que aprende y pueda hacer de ello las aplicaciones convenientes.
Las anteriores afirmaciones parecieran ser extraídas de los nuevos contenidos curriculares en la educación del siglo XXI que hagan efectivo el mayor logro académico en la calidad de la misma.
* El autor fue Viceministro de Educación y director técnico y docente del Inatec