Juan R. Sánchez Espinoza*[email protected]
“La publicidad subliminal es una ilegalidad en la que nadie ha reparado, donde se manipula la mente humana” convirtiéndose en un vehículo de comunicación y de transmisión de un mensaje, la mayoría de las veces distorsionado pero con intereses firmes y ocultos.
Las condiciones sociopolíticas de Nicaragua son territorio de acción de la comunicación subliminal, y los partidos políticos los principales usuarios de esta arma ideológica. La población nicaragüense no es solamente el conejillo de la publicidad comercial de empresas y negocios, sino también es el efecto de los consorcios conglomerados de ideas políticas.
¿Cómo funciona la maquinaria ideológica? La memoria humana no sólo está formada por contenidos almacenados de forma consciente, sino especialmente por aquéllos que han sido adquiridos de forma inconsciente. Los estímulos subliminales (visuales, auditivos, olfativos o de cualquier otra naturaleza perceptual) son reproducidos o emitidos con baja intensidad, de forma soslayada, semioculta para que no sean captados totalmente consciente. Son a nivel inconsciente y almacenados en la “mente profunda” donde surtirán un efecto que en mayor o menor medida va a condicionar el comportamiento humano futuro, en base a emociones que se desencadenarán internamente, al avivarse otro recuerdo.
Elementos epistemológicos y psicológicos son del conocimiento de estrategas políticos, consejeros y consultores, pero no de la sociedad y por lo tanto, nace el interés del presente escrito. Claro está que para muchos la coincidencia entre el fondo de los informativos de TV y de los carteles en las campañas políticas sólo les parecerá pura casualidad. Sin embargo, existe una auténtica intención que se fundamenta en los siguientes principios de marketing:
No es tan importante “el qué” sino “el cómo”. Una gran mayoría de ciudadanos son asiduos usuarios de telenoticieros amarillistas y de nota roja, por lo tanto el factor “cantidad de impacto” (tiempo) vrs. “cantidad de impactados” (varios miles) está conseguido. El fondo de los mensajes políticos con tipografías en tamaños y profundidad de perspectiva son similares a anuncios usados comúnmente por la sociedad, en productos de uso diario. Los partidos políticos los utilizan en todos sus carteles electorales, sólo que en éstos los votantes leen a veces con palabras enteras, a veces con trozos de palabras: “pensiones”, “empleo”, “salud”, “progreso”…etc.)
“Lo que nos es conocido y familiar es en lo que vamos a confiar”. El ser humano percibe un mensaje e inconscientemente lo graba en su memoria, en ciertos momentos por influencia del mundo externo y ayudado por sus órganos sensitivos este mensaje se activa. Llevado al terreno político: “Lo que nos es conocido o familiar es por lo que vamos a votar”.
Cuando el ser humano llega a la estantería de un supermercado, difícilmente escoge algún producto que no le sea familiar; preferiblemente optará por alguno que ya haya consumido o bien que haya visto en TV. Cuanto más familiar es el producto —aunque sólo haya sido por anuncios en TV— mayor posibilidad existe de comprarlo por simple impulso inconsciente.
Cuando se introduce un nuevo producto al mercado, casi siempre va acompañado por otro que ya es conocido por la sociedad. Lo mismo sucede en las campañas políticas, las fórmulas políticas están conformadas por un personaje conocido y uno desconocido, casi siempre el desconocido por la sociedad es el que lleva la voz cantante e intereses del partido, no importa que vaya de segundo en la fórmula, pero que vaya, pues de esta manera el partido se garantiza su dominio.
“Lo que no se enseña no se vende”. Aquí entra en juego el principio de asociación; la imagen del rostro de quien aparece en el cartel y las siglas del partido político —con una carga emotiva de simpatía, indiferencia o antipatía— según el caso, provoca una carga emotiva de familiaridad y de compañía, que a lo largo del tiempo se convierte en “habitualidad”.
Los resultados serán diferentes en cada individuo, sin embargo la estrategia de usar un fondo-forma conocido y rutinario para el inconsciente de los ciudadanos, puede suponer varios cientos de miles e incluso algunos millones de votos más para el partido político que de otra forma no hubiera logrado.
¿Cómo funciona la técnica? Normalmente todo Gobierno de turno aprovecha la televisión estatal o privada en su propio beneficio y conveniencia, especialmente en los noticieros e informativos. Unos lo hacen con más descaro, quizás otros con menos y con más “decoro”, pero el hecho es que lo hacen.
Los carteles con mensajes subliminales son ubicados en lugares comunes y accesibles, tomando en cuenta la psicología humana. Por ejemplo, el ciudadano llega a una estación de buses y si está esperando su ruta, busca qué leer; por lo tanto se acerca a los carteles y afiches, más aún cuando contienen algún tipo de letra, color o imagen conocida y grabada en el inconsciente, subconscientemente la asociará y percibirá el mensaje, aunque no lo desee.
Por lo tanto, el partido en el Gobierno piensa desde muchos meses antes de poseer el poder político, hacer uso de este tipo de publicidad usando los informativos, noticieros y espacios conocidos para aprovechar sus “fondos”, llegado el momento de la nueva campaña electoral.
Quienes han diseñado la campaña del partido político han usado deliberadamente y con pleno conocimiento de lo que hacían, esta técnica de manipulación subliminal.
Todo partido quiere empotrarse en el Gobierno y poseer el poder político, por lo que sus hechos, así sean mínimos, los destaca al máximo, preparándole el camino al nuevo “ungido”, bajo el principio “no importa quien gobierne como persona, lo importante es quien posee el poder como partido”.
Aunque la sociedad percibe estos eventos como lo más normal y pasajero de la cotidianeidad, la realidad es que estas técnicas no sólo son ilegales, sino que además carecen de toda ética y buscan la manipulación en masa de la mente de los ciudadanos con un fin partidista, frente a los cuales hay pocos medios de defensa puesto que van dirigidas hacia el inconsciente.
La comunicación subliminal es utilizada para vender, y como las campañas políticas son un negocio y el dominio del poder político es un lucrativo comercio, el votante es convertido en cliente y por lo tanto territorio de acción del mensaje semioculto.
* El autor es docente universitario y consultor metodológico