¿A la impunidad por la universidad?

Guillermo Areas Cabrera

La ley es dura, dura es la ley, es un axioma que se debe aplicar si en verdad se desea construir y vivir bajo un estado de derecho.

No importa los efectos que la aplicación de la ley tenga sobre los resultados socioeconómicos del país, no importa que la educación universitaria sea ineficiente, no importa que los rectores, más que guías intelectuales sean dirigentes políticos partidarios, ni tampoco que el estudiante sea manipulado: la ley es la ley y se debe cumplir.

Culpables de la agitación estudiantil que vivimos estos días son los legisladores, el Poder Ejecutivo y los políticos que durante los últimos catorce años no tuvieron el valor moral de promover una iniciativa de ley por la cual se definiera qué parte del seis por ciento del Presupuesto sería afectado por la misma; ni tampoco promover un programa de educación universitaria de mayores beneficios técnicos, intelectuales y materiales para el estudiantado universitario y, por ende al país.

Debe cumplirse la sentencia de la CSJ pero a su vez buscar de inmediato la manera de repartir el seis por ciento de una forma tal que cada universidad genere sus propios ingresos a base de la competitividad fundada en la excelencia docente y eficiencia administrativa.

Las becas (monto en dinero) deben ser entregadas directamente a la institución que el estudiante elija, independiente del CNU y de acuerdo a una escala de notas e ingresos familiares, así como premios y castigos de acuerdo al rendimiento estudiantil. Ejemplo: a) cien por ciento de becas a los mejores estudiantes; b) becas parciales y préstamos; c) sólo préstamos y quien no alcance, por sus rendimientos académicos muy bajos a préstamos, pues pagará de su bolsa el valor de los estudios.

El estudiante paga su universidad con su beca, su beca y préstamo o su préstamo según sea el caso. El dinero recibido como préstamo debe ser a intereses bajísimos, a quince años de plazo e iniciarse el pago del mismo una vez graduado y trabajando el estudiante.

De esta manera el estudiante se independiza políticamente, piensa más en sus estudios, menos huelga, las universidades se vuelven más competitivas, se acaba el monopolio político y económico del CNU y se crea un fondo revolvente para ampliar el universo de quienes en realidad desean estudiar. Con el sistema anterior de becas, préstamos y trabajo se graduaron mis tres hijos con maestría, y con mucho orgullo del suscrito, en el honor roll de su clase y en la lista del decano (dean list).

Creo que es hora de que pensemos en que el presupuesto del sistema universitario de enseñanza debe de tener como objetivo el graduar profesionales que coadyuven a que esta nación emerja del atraso cultural, político y económico que la ahoga y que el mismo (presupuesto) no puede seguir teniendo como meta el graduar profesionales, sólo por graduarse, con el fin de mantener de por vida a cargo de la educación universitaria una clase privilegiada de señores feudales de morteros y bombas de mecate, más que rectores.

El doctor Mariano Fiallos Gil dijo: “A la libertad por la universidad”, y nunca a la impunidad por la universidad.

El autor es abogado y notario, administrador de empresas

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