Violencia universitaria

Mario Ruiz Castillo

Nuevamente las calles del país han sido alborotadas por los estudiantes violentos que no sólo protestan sino que agreden a la autoridad, obstaculizan la vía pública e impiden el normal funcionamiento de la economía nacional.

Desde hace muchas décadas la protesta universitaria ha sido una constante, sin embargo antes se protestaba por el alza en el transporte, por la subida del precio de la leche, por represión indiscriminada de la Guardia, por el aumento de la anualidad estudiantil. En realidad aquella demostración estudiantil sin duda alguna era objeto de admiración, y la efervescencia juvenil era muchas veces recompensada por donativos consistentes en comida, agua y refrescos; los padres de familia se sentían orgullosos que sus hijos participaran en esas demostraciones, que al fin y al cabo tenían altruismo, desinterés e idealismo propio de mentes jóvenes y sanas.

La verdad es que la violencia universitaria deja mucho que desear. Al contemplar las escenas de fanatismo no parecen estudiantes sino jóvenes descarriados, rebeldes sin causa. Pero lo que más intriga, es la procedencia de la gran cantidad de morteros y bombas que se lanzan indiscriminadamente. Todos sabemos lo costoso que son cuando compramos para las celebraciones religiosas y para la Gritería. ¿De dónde sale ese dinero?

Todos quisiéramos a los universitarios en grandes laboratorios, realizando pasantías en las empresas rurales y urbanas, haciendo investigaciones, prestando servicio social en los barrios más marginados, ocupando la gran energía de la juventud en trabajo constructivo; lamentablemente toda la energía se malgasta en actos destructivos, en violencia y actos sangrientos e intimidatorios.

Hoy en día creo que no hay simpatía por los estudiantes porque sus protestas no son bien vistas. Todo parece indicar que están siendo utilizados para fines inciertos y dudosos; por otra parte no existe una justificación de cómo se emplea el dinero que se asigna a los centros de estudios superiores. Está demostrada una gran burocracia administrativa, no existe un vínculo entre la sociedad civil y el aula universitaria, se desconocen los aportes académicos que elaboran y hay una desvinculación total con la realidad que nos rodea.

Los estudiantes y las autoridades administrativas universitarias podrían ganarse la simpatía nacional si actuaran en forma constructiva, si su protesta no perjudicara el labor de otros e impidiera el libre tránsito; si no agredieran en forma violenta; si trataran de convencer con argumentos sólidos la validez de sus derechos. La población en general ya no quiere confrontaciones, violencia, desperdicio de recursos tan escasos, sobresaturación de profesionales en algunas áreas. Es en la educación superior o por lo menos donde se supone que se preparan los cuadros dirigentes del futuro, si éstos desde ya llevan los errores del pasado, la violencia, el oportunismo, la falta de valores, poco deseo de superación y estudio, aunque duela el futuro está muy oscuro.

El autor es abogado

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