La diversidad cultural

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La diversidad cultural





Por decisión de la Unesco, desde hace dos años hoy 21 de mayo se celebra el Día Mundial de la Diversidad Cultural. Según expresaron organizadores de esta celebración en Nicaragua, se trata de “una excelente ocasión para sensibilizar y concienciar a las instituciones, organizaciones y la población en general, sobre los méritos de defender la diversidad cultural y también un momento idóneo para estrechar la solidaridad de las diferentes culturas” (LA PRENSA, jueves 20 de mayo del 2004).

Sin duda que la iniciativa de la Unesco de promover la protección, fortalecimiento y comprensión de la diversidad cultural manifiesta una loable preocupación ante el hecho de que el avance incontenible de la globalización de la economía y las comunicaciones, no sólo derriba fronteras nacionales, barreras aduaneras y restricciones arancelarias, sino que también tiende a uniformar las culturas y a introducir hábitos cosmopolitas en todos los pueblos de la Tierra, demoliendo o modificando sustancialmente las culturas que son débiles y sobre todo periféricas.

Además, al hablar de promover la solidaridad intercultural seguramente se toma en cuenta lo que vienen advirtiendo desde hace algún tiempo consagrados analistas mundiales contemporáneos, como Samuel Huttington, quien ha asegurado que los al parecer inextinguibles focos de enfrentamiento entre los seres humanos se están trasladando de los viejos esquemas de los bloques hegemónicos, en el nivel internacional, y de las luchas de clases en el interior de cada país, al nuevo escenario de choques culturales, incluyendo religiosos, que serán el eje de la conflictividad en el futuro y de hecho lo son ya en el presente.

En ese contexto se puede entender el fenómeno del renacimiento agresivo del indigenismo en no pocos países, que algunos estudiosos lo califican como “neotribalismo”. Éste, en algunas naciones latinoamericanas, como por ejemplo Ecuador y Perú, ya han llegado a tener una fuerza determinante dentro de la sociedad, mientras que en África y aún en Europa las luchas tribales y nacionalistas han desembocado ya en guerras genocidas y de “limpieza étnica”, que han significado el exterminio de grandes masas de población, inclusive de etnias enteras.

En realidad, esos movimientos tribales, indigenistas y nacionalistas son reactivos y por tanto reaccionarios; sus metas no apuntan a reivindicar sus legítimos derechos viendo hacia al futuro, sino hacia atrás, al restablecimiento de las primitivas formas de vida que habían en nuestros países antes de la conquista y colonización europea.

Para evitar ese “avance” hacia el pasado, se plantea entonces defender, exaltar e intercambiar solidariamente las diversas culturas; sustituir los conflictos interculturales y los odios nacionales por la tolerancia, el entendimiento y la cooperación. O se busca por lo menos amortiguar la fuerza de los choques interculturales si es que no se pudieran evitar. Y sin dudas que por eso es que la Unesco ya no sólo se dedica a proteger las diversas culturas, sino también y ante todo a promover su revalorización en la conciencia no sólo de los líderes de los países, sino también y fundamental de los ciudadanos comunes, pues no se puede proteger, conservar ni ofrecer solidariamente lo que no se conoce ni se aprecia.

Algunos países —como por ejemplo el Japón— han demostrado que es posible e inclusive beneficioso introducirse en la corriente de la globalización y aprovechar todas sus posibilidades y ventajas, sin renunciar a los valores y expresiones de la propia cultura, antes bien fortaleciéndola y difundiéndola también por todo el mundo junto con sus mercancías y adelantos tecnológicos.

Por otro lado, también es necesario reconocer que en la cultura de una nación o grupo étnico, así como hay valores y manifestaciones positivas que es indispensable proteger, cultivar e intercambiar solidariamente con otras culturas; del mismo modo tiene antivalores, hábitos y tradiciones negativas que es necesario erradicar mediante la educación y la asimilación crítica de todo lo bueno y positivo que hay en las otras culturas.

Por ejemplo, los nicaragüenses no podemos aferrarnos a antivalores como la mala costumbre de recurrir a la violencia para protestar y reclamar. Ese es un vicio cultural que más bien debemos erradicar mediante la educación y la asimilación de valores de otras culturas. Y en este sentido puede ser muy útil la celebración de esta jornada mundial por la diversidad cultural.

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