Mientras las autoridades sean complacientes con los abusadores, el uso de las aceras peatonales será cosa de otra ciudad.

Managua tierra de la anarquía

En materia urbanística, Managua es la ciudad de la anarquía. Muros, portones, rampas, gradas, jardineras, postes, zanjas, escombros, materiales de construcción y todos los obstáculos imaginables reposan sobre aceras y andenes. Desde un bar elegante o una fritanga con sus mesas y sillas, hasta un enclenque taller de mecánica atiborran el paso peatonal con chatarras […]

  • En materia urbanística, Managua es la ciudad de la anarquía. Muros, portones, rampas, gradas, jardineras, postes,
    zanjas, escombros, materiales de construcción y todos los obstáculos imaginables reposan sobre aceras y andenes.
  • Desde un bar elegante o una fritanga con sus mesas y sillas, hasta un enclenque taller de mecánica atiborran el paso peatonal con chatarras y vehículos en reparación

Johnny Cajina Guillén

Es mediodía y resuena la algarabía de los chavalos que retornan de clases. Nadie utiliza la acera, todos van por la calle.

Un taller de mecánica situado con sus chatarras sobre el andén les impide el paso. Al propietario del taller San Juan, establecido en una de las calles de acceso al barrio El Edén, no hay autoridad que lo amoneste.

Su propietario, un hombre joven que pidió omitir su nombre, dice estar consciente de violentar las normas urbanas.

Meses atrás, un inspector de la comuna llegó “pero fue muy flexible y nos dejó trabajar. Seguramente tendré que quitar todo hasta que nos pongan mano dura”, explicó.

“Somos cuatro cabezas de familia, más los ayudantes. No estamos robando, estamos trabajando”, dijo el ciudadano al ser entrevistado por LA PRENSA, mientras sus trabajadores reparaban vehículos a la sombra de un frondoso chilamate.

A pocos metros, sobre la misma calle, una vecina decidió plantar un “policía acostado” sobre la acera frente a su casa. “Es para que los chavalos no pasen corriendo”, dijo la señora hace varios meses cuando le construían la barda de unos 20 centímetros de altura.

Por las noches, muchos peatones han tropezado con el muro y aterrizado en el suelo. Aquí es difícil el paso para ancianos con bastón o discapacitados en sillas de ruedas.

VECINOS IMPUNES

Un paso más adelante, otros vecinos hicieron lo propio. Suplantaron el andén de concreto con cerámica para baños. Cuando llega el invierno los transeúntes ruedan por el suelo al resbalar en el piso húmedo por las lluvias.

Otra vecina del barrio, que también pidió la omisión de su nombre “para evitar problemas”, confesó que hace varios meses denunció a sus vecinos ante la Alcaldía, “porque una vez me resbalé en ese piso y casi me quiebro el pie. Los inspectores vinieron y se fueron, pero ellos (los vecinos) siguen haciendo su gusto. Ahora prefiero tirarme a la calle antes que pasar por la acera”, advirtió.

En el barrio Monseñor Lezcano, un vecino remodeló su casa y lanzó los escombros sobre la acera. Para colmo, el andén se destrozó luego que un par de camiones depositaron bloques, arena y piedrín sobre la vía pública.

No hay límite ni freno. En la llamada Zona Rosa de Managua, desde hace poco más de un año opera el bar La Cantina.

A todas luces sus propietarios invirtieron mucho dinero, pero aparentemente no se percataron de que lo hacían sobre la vía pública. Un alero de paja sirve de techo para una decena de mesas y sillas, todo está resguardado por una cerca de madera rústica. Ahora que la acera ya no existe, es obligatorio caminar sobre la calle.

Muy cerca de allí, los vecinos del elegante Colonial Los Robles, obstruyen el andar peatonal cuando estacionan sus vehículos sobre las aceras.

LAS VíCTIMAS

En apariencia todo es inofensivo. Sin embargo, según datos oficiales de la Policía Nacional de Tránsito, sólo en el año 2003 ocurrieron 920 accidentes en los que se vieron involucrados más de mil peatones.

Cerca del 18 por ciento perdió la vida. Más de la tercera parte de esos accidentes ocurrió en las calles de Managua.

En la capital, la cifra total de peatones muertos el año pasado fue de 78.

Otras 300 personas congestionaron el sistema de salud público tras resultar lesionados cuando caminaban por la calzada.

En lo que va del 2004 ya son 38 los peatones fallecidos, la mitad de ellos eran ciudadanos capitalinos.

Las historias son similares y se repiten por toda la ciudad. Todos los casos van contra cualquier norma urbana. Managua es un caos y aparentemente no hay autoridad que imponga el orden.

La Dirección de Urbanismo de la Alcaldía de Managua, dependencia encargada de controlar esta situación, carece de capacidad para hacerlo.

Abusos hay de todo tipo, desde invadir el derecho de vía y adueñarse de unos cuantos metros del espacio público, hasta colocar pequeñas bardas sobre los andenes a manera de “demarcar territorio”, dice el arquitecto Gerald Pentzke, director de Urbanismo de la ciudad.

PULPERÍAS EN LA CALLE

Los propietarios de pulperías cometen otro abuso muy común. Utilizan el andén como mostrador.

“Antes, las pulperías estaban dentro de las casas, pero ahora los clientes son atendidos sobre las aceras, que son espacios públicos”, añade el director de Urbanismo.

Hubo una época en la que todo negocio nuevo era inspeccionado para determinar si cumplía con los requisitos básicos y si hacía uso adecuado de la vía pública.

Eso ocurrió hasta principios de los años noventa, cuando por alguna razón la Dirección de Recaudaciones dejó de hacerlo.

Pero ahora se está retomando ese viejo sistema de control para evitar más problemas, añade el funcionario.

No se sabe con certeza cuándo empezó el caos. Pero los entendidos se remontan a los años setenta, cuando el terremoto borró la capital y ésta creció en desorden.

“Hoy Managua es una ciudad que se está haciendo un poco más amable para los peatones, con la construcción de nuevas aceras. Es una inversión que relativamente cuesta poco dinero y cambia la imagen de la ciudad. Soy optimista y creo que la ciudad tiene mucho futuro. Hay muchas posibilidades de recuperar esos derechos de vía y ser otra vez una ciudad funcional”, opina el funcionario.

No obstante, por ahora no hay planes ni plazos oficiales para demoler las barreras arquitectónicas. Mientras llega ese momento los peatones olvidarán las aceras y seguirán su camino por las calles, a merced del peligro.

TRES INSPECTORES PARA UN MILLÓN DE PERSONAS

“Tenemos una ciudad con un millón cien mil habitantes y apenas contamos con tres inspectores para estos casos. Hay una clara deficiencia nuestra como institución. Otro gran problema es la cultura de irrespeto a las reglas. Los ciudadanos aducen que no saben que existe una ley y por tanto la violan”, explica el arquitecto Gerald Pentzke, director de Urbanismo, de la Alcaldía de Managua.

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