Marcela Sánchez/washingtonpost.com
Podría ser el “reality show” más grandioso hasta ahora y con las más serias consecuencias: dieciséis países competirán por la mayor ayuda exterior de Estados Unidos en décadas. En juego está la oportunidad de salir finalmente de la lista de las naciones más pobres del planeta.
El presidente Bush anunció esta semana cuáles son los primeros países que podrán beneficiarse con la Cuenta del Reto del Milenio (MCA, según siglas en inglés). La iniciativa de ayuda exterior lanzada en el 2002 para aquellos países más dispuestos a ayudarse a sí mismos, cuenta con amplio apoyo entre organizaciones privadas y no gubernamentales y tiene US$1,000 millones para ofrecer en el 2004 gracias al apoyo bipartidista en el Congreso.
Bolivia, Honduras y Nicaragua son los únicos tres países latinoamericanos considerados suficientemente pobres pero al mismo tiempo suficientemente exitosos en su lucha contra la corrupción, en promover justicia social y reformas económicas, para acceder a esos fondos. Si dichos fondos se dividieran en partes iguales entre las 16 naciones, la asistencia estadounidense de desarrollo sería para Honduras y Nicaragua casi tres veces mayor y la de Bolivia aumentaría en más del 500 por ciento.
Pero Bolivia es, de hecho, el que tiene menos posibilidades de recibir algo de MCA este año. Estuvo cerca de quedar fuera de la lista inicial debido a su baja calificación, según el Banco Mundial, en corrupción gubernamental y empresarial. Además, en la mente de algunos observadores, los disturbios civiles que llevaron a la salida de su presidente hace apenas siete meses, hacen de Bolivia una elección arriesgada.
O tal vez un candidato ideal. Si la pobreza persistente, como dijo Bush el lunes, puede “convertir una nación con gran potencial en terreno de reclutamiento para terroristas” entonces la tasa de pobreza de Bolivia de casi dos terceras partes de su gente — la más alta en Suramérica— junto con su tremenda inestabilidad política, deberían ponerlo directamente en la mira de la MCA.
¿Qué puede hacer Bolivia entonces para mejorar sus opciones?
Según las nuevas directrices de MCA, la estrategia para crecimiento económico y reducción de la pobreza de cada país deberá ir acompañada de una descripción de los principales impedimentos a la aplicación de esa estrategia y la forma en que MCA puede ayudar a superarlos. En Bolivia, dichos impedimentos cubren todo el espectro desde huelgas persistentes y descontento social, hasta debilidad institucional y limitada confianza pública en el gobierno, de acuerdo con una evaluación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional hace tres años.
Dichos impedimentos son ahora más reales que nunca, lo que hace que sea este “justamente el momento más oportuno” para ayudar a Bolivia, como el Embajador Jaime Aparicio dijo en una entrevista el martes. El destituido presidente Gonzalo Sánchez de Lozada describió la asistencia como un “puente sobre aguas turbulentas”.
Muchos sospechan que la ayuda de MCA vendrá con el tipo de condiciones que ponen los intereses de Estados Unidos sobre los del país que recibe la asistencia. Pero MCA está diseñada para ser diferente. Los 16 escogidos demuestran que sólo factores objetivos —no consideraciones subjetivas de política exterior— han sido tomados en cuenta.
El próximo paso, sin embargo, necesariamente tendrá un componente subjetivo cuando el gobierno estadounidense defina cuáles serán los primeros beneficiados. Probablemente sea tentador para algunas fuerzas dentro de Bolivia impulsar propuestas que sean percibidas en Washington como contrarias a sus preocupaciones de seguridad nacional. Pero Bolivia no debería jugar con su suerte.
Esto quiere decir que los críticos que ven la invariable política antidrogas de Washington, centrada en la erradicación, como opuesta a la reducción de la pobreza, tendrán que autorelegarse a un segundo plano. Con tantas necesidades pendientes, Bolivia haría bien, en términos de los fondos de MCA, en formular sus solicitudes de ayuda en formas menos contenciosas para así poder empezar a abordar, por ejemplo, la reducción de la tasa de mortalidad infantil y materna, todavía la segunda más alta del hemisferio.
Estar entre los 16 primeros puede ser visto como un voto de confianza de Washington al presidente Carlos Mesa, quien era el vicepresidente de Sánchez. Las encuestas de opinión también indican que los bolivianos todavía apoyan a Mesa. Pero en un país donde la mayoría indígena ha sido por tanto tiempo ignorada, el mandatario debiera entender la necesidad de acercarse a ellos en el momento de establecer la mejor manera de enfrentar la pobreza en su país.
MCA aconseja sabiamente a los países incluir tanto a grupos de ciudadanos como del sector empresarial en el desarrollo de sus planes de acción. Eso, de hecho, podría convertirse en la mejor garantía de éxito en ambientes inestables como el de Bolivia. Expandir la base de apoyo incluyendo, por ejemplo, a organizaciones no gubernamentales ampliaría la sensación de que el plan les pertenece, otra meta de Washington, y ayudaría a asegurar la continuidad del programa independientemente de quien esté en la presidencia.
Aunque la competencia para fondos de MCA no se transmitirá por televisión, el drama por la ayuda exterior atraerá a muchos observadores. Es evidente que no se trata de un juego. Muchos países estarán siguiendo de cerca las acciones de Bolivia y de los otros países seleccionados, para aprender lo que deben hacer, o tal vez no hacer, en caso de que tengan algún día la oportunidad de aspirar a los fondos de la Cuenta del Reto del Milenio.