Los palentólogos Ana Solaris Y José Manuel Salinas (izquierda) trabajan con los restos humanos encontrados en la Catedral mexicana.

El secreto de los sacrificios aztecas

Especialistas de México y Argentina estudian los restos óseos de doscientos individuos encontrados en la última década en el subsuelo de la Catedral Metropolitana de la capital mexicana para conocer los detalles de cómo eran los sacrificios humanos en la civilización azteca Rocío Ramírez/EFE REPORTAJES Los sacrificios en la cosmogonía azteca constituían todo un honor […]

  • Especialistas de México y Argentina estudian los restos óseos de doscientos individuos encontrados en la última década en el subsuelo de la Catedral Metropolitana de la capital mexicana para conocer los detalles de cómo eran los sacrificios humanos en la civilización azteca

Rocío Ramírez/EFE REPORTAJES

Los sacrificios en la cosmogonía azteca constituían todo un honor para los hombres, niños, bebés, mujeres y ancianos que eran llevados hasta los altares de sus dioses para arrancarles el corazón, morir desollados o desmembrados.

El paleontólogo mexicano José Manuel Salinas y la arqueóloga argentina Ana Solaris explicaron que los huesos de doscientos individuos que han sido encontrados en perforaciones realizadas en el subsuelo de la Catedral (para evitar su hundimiento) han permitido dar nuevas luces de la forma en que los prisioneros y los pobladores aztecas eran sacrificados para agradar a sus dioses.

PRISIONEROS DE GUERRA

Los especialistas, que forman parte del equipo de investigadores del Museo del Templo Mayor, trabajan diariamente con cráneos y huesos que les hablan a través de las lesiones, marcas y perforaciones, sobre cómo perdieron la vida.

José Manuel Salinas explica que los prisioneros de las “Guerras Floridas” (enfrentamientos bélicos de carácter místico que tenían el único propósito de hacer prisioneros), no eran los únicos que eran muertos, pues también se sacrificaban niños y mujeres para pedir o agradecer a los dioses.

Según este paleontólogo, las principales víctimas eran prisioneros de guerra y la gente que debía tributos al Tlatoani (supremo gobernante de los aztecas). En otros casos se compraban esclavos en el mercado de Tlatelolco.

El especialista explica que los aztecas se regían por su calendario de 18 meses de 20 días y de acuerdo al mes se hacían los sacrificios.

En el caso del dios de la lluvia, Tlaloc, los sacrificios se hacían en los primeros cuatro meses del calendario azteca y se le rendía tributo especialmente con niños, “ya que le daban energía y fuerza para las lluvias”.

“Había distintas formas de sacrificarlos: por inanición (los encerraban en cuevas sin darles comida), por ahogamiento”, explica este investigador.

SACRIFICIO “GLADIATORIO”

Como era una zona lacustre, había grandes remolinos y llevaban a sus víctimas en canoas que eran hundidas. Muchos de los niños eran comprados en el mercado de Tlatelolco o a sus familiares.

“Hay que recordar que para los mexicas era un gran honor ser sacrificados”. Según Salinas, los sacrificios no eran sólo en honor de Tlaloc, sino también a Huizichilopochtli (dios del sol y de la guerra) para quien había dos meses dedicados a rendirle tributo, el segundo y el decimoquinto mes. “En el segundo mes eran sacrificados los esclavos y los prisioneros capturados en las Guerras Floridas”.

No todos los guerreros morían por extracción del corazón, “los nobles capturados eran destinados a morir en el sacrificio ‘gladiatorio’, en el que tenían que enfrentarse a cuatro guerreros, y aunque los vencieran, de todas formas perdían la vida”.

El paleontólogo apunta que las recientes investigaciones con los cráneos encontrados demuestran que muchos prisioneros lograron sobrevivir a los combates. “Se les ven en el rostro los golpes de la lucha, pero también encontramos cráneos perforados que eran puestos en el tzompantlis (estructura de piedras y troncos de madera donde se colocaban los cráneos de los individuos sacrificados).

Los encuentros “gladiatorios” regularmente eran encuentros con instrumentos de madera recubiertos con obsidiana, “pero al prisionero le daban el mismo instrumento recubierto de plumas, sin filo, y así se enfrentaba con dos guerreros jaguares y dos guerreros águilas, a los cuales iba combatiendo una a uno”.

En el calendario también había meses en que no se realizaban sacrificios de seres humanos, sino sólo de animales, que eran los meses catorce y dieciséis.

Antes de llegar a donde finalmente se instalaron los aztecas –donde se encuentra hoy la Ciudad de México–, éstos ya realizaban sacrificios, pero no de humanos.

LOS TZOMPANTLIS

Para la arqueóloga argentina Ana Solaris, muchos de los cráneos o cuerpos individuos de los que eran sacrificados, terminaban en los tzompantlis —estructura de piedras y troncos de madera donde se colocaban los cráneos de los individuos sacrificados.

Según las crónicas y fuentes de información de la época se sabe que había seis o siete tzompantlis en el recinto sagrado, “pero en las excavaciones recientes no se ha encontrado nada”.

Los paleontólogos dirigen actualmente sus investigaciones a los restos óseos, que tienen evidencia de pertenecer a los tzompantlis, “es decir a aquellos que tienen perforaciones en la zona parietal y en la temporal de uno o de ambos lados”.

Los tzompantlis eran utilizados por razones religiosas por los sacrificios humanos, pero también estaba el aspecto político. “Ellos querían demostrar que eran muy belicosos. Estas exposiciones tenían que ver con la forma de vincularse con sus vecinos, demostraban su poderío, su poder de conquista. No por nada eran un imperio”.

Pero los tzompantlis no eran exclusivos de las aztecas, ya que los mayas, los toltecas e incluso sus vecinos de Tlatelolco tenían sus tzompantlis. “Es un rasgo mesoamericano, al igual que el llamado juego de pelota’”, dice Solaris.

Cuando llegaron los españoles, se quedaron muy impresionados al ver los tzompantlis, aunque “hay crónicas muy exageradas que decía que había miles y miles, pero eso tenía que ver con su justificación de la conquista”, señala la arqueóloga.

“Sí debió haber sido impresionante –prosiguió–, pero no creo que hayan sido miles, porque no se ha encontrado nada y además el mayor tzompantli que se ha localizado en Tlatelolco tiene 170 cráneos, un número importante, pero no 10,000”, puntualiza la investigadora.

EL PRIMER SACRIFICIO HUMANO

“El primer sacrificio humano del que se tiene conocimiento, es el de la reina de Culhuacán, desde ahí vienen las primeras descripciones, y después en su consolidación como civilización se dan los sacrificios humanos (desde los años 1325 hasta 1521) en sus dos siglos de ocupación, pero no podemos especificar la fecha precisa en que empezaron”, indicó el investigador José Manuel Salinas.

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