País de importadores, no de productores

José Luis Medal Mendieta

Nicaragua es un país de importadores, más que

de productores y exportadores. A ello contribuye el Sistema Financiero que canaliza recursos, sobre todo al consumo y en menor grado hacia la producción. A la larga el déficit comercial que tiene la economía no es sostenible. Y no es que el importar sea en manera alguna negativo; todo lo contrario: las importaciones permiten mayores niveles de consumo, elevando la calidad de vida. Sin embargo, el problema radica en que en el largo plazo no es viable una economía que ostenta el dudoso honor de tener el déficit comercial en relación al PIB más alto de América Latina.

Los efectos del enorme déficit comercial pueden ser graves en el largo plazo. Como se indica en el mismo Plan Nacional de Desarrollo (PND), si Nicaragua no logra incrementar de manera sostenida sus exportaciones —a una tasa no menor al 17 por ciento anual— la economía no será sostenible. El país no puede continuar viviendo indefinidamente de la cooperación internacional y de las remesas familiares que envían los que emigran buscando oportunidades de trabajo. Más que seguir exportando personas a través de la emigración —y mantener de esa manera las importaciones a través de las remesas familiares—, lo que cabe es implementar con la urgencia que el caso requiere una más vigorosa política de promoción de exportaciones. Si no se logran reactivar las exportaciones de manera sostenida, a la larga disminuirá la capacidad para importar y por ende el nivel de vida

Desde hace ya varios años se ha hablado de los sesgos anti-exportadores y anti-productores de la economía nicaragüense. Se ha mencionado en numerosas ocasiones un largo listado de problemas: los elevados costos de producción, la sobrevaluación cambiaria, la reducida productividad, los trámites burocráticos en las aduanas, la ausencia de financiamiento para la producción, la falta de un puerto de aguas profundas en el Atlántico y la inadecuada infraestructura de transporte. Se han adoptado algunas medidas positivas. Entre ellas: introducción de elementos pro-exportadores en la ley de equidad fiscal, simplificación de trámites en las aduanas y —recientemente— información de mercados para promover la oferta exportable, seleccionando “productos estrellas”. Persisten sin embargo problemas fundamentales y se está aún muy lejos de alcanzar una tasa mínima de 17 por ciento anual de crecimiento de las exportaciones, señalada en el PND como condición necesaria para alcanzar un sector externo sostenible. Dentro de los factores que inciden negativamente en la producción y las exportaciones, destaco dos de ellos: la sobrevaluación cambiara que hace más rentable importar que producir y exportar, y la ausencia de un Sistema Financiero que priorice la producción y las exportaciones.

En relación al financiamiento, como dijera un representante de los productores, los bancos financian más fácilmente una “toyotona” que un tractor. Lo contrario sucedía en las décadas del cincuenta, sesenta y setenta. Las estadísticas demuestran que en ese período el Sistema Financiero en su conjunto —banca privada y estatal— destinaban sustanciales recursos para financiar la producción y las exportaciones, lo que no ocurre actualmente. A pesar de medidas recientes del Gobierno de intentar promover el crédito a los productores, lo que hoy abunda es el crédito para el consumo y no para la producción y las exportaciones.

Para canalizar mayores recursos a la producción y a las exportaciones corresponde tomar medidas correctivas más vigorosas que las anunciadas recientemente por el Gobierno. No es conveniente sin embargo, acceder a lo que solicitan algunos productores. No debe crearse una ineficiente banca estatal de fomento, ni transformar al FNI en banco de primer piso. Debe sin embargo —aunque vaya en contra de la ortodoxia de los organismos internacionales—, introducirse una política de topes de cartera —como la que existió en los años sesenta y setenta— para garantizar que al menos una parte de los recursos financieros se canalice a la producción y a las exportaciones. Paralelamente habría que establecer un recargo del uno por ciento anual en los créditos de consumo que otorgan los bancos —y las tarjetas de crédito—, para crear un fondo de garantía, para respaldar el crédito que se canalice a la producción y a las exportaciones. Adicionalmente es necesario transformar al Fondo Nicaragüense de Inversiones (FNI) en un Fondo nicaragüense de Exportaciones (FNE), que actuaría siempre como banco de segundo piso, a fin de evitar el riesgo moral y la politización del crédito que siempre ha implicado la banca estatal de primer piso. Las medidas anteriores, podrían contribuir a transformar a la producción y a las exportaciones, en el motor real del crecimiento económico.

El autor es economista

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