Caldo de cultivo para la corrupción

Eduardo Enríquez

La corrupción debe ser una especie de bacteria y después de esta semana ya no me cabe la menor duda de que la corrupción “se pasa”, es contagiosa. Como las bacterias, hay condiciones, circunstancias que se prestan para que las posibilidades de contagio sean mayores. Algo así como un caldo de cultivo.

Nicaragua, a juzgar por lo que hemos estado informando esta semana, es esa especie de caldo de cultivo que le permite a la corrupción crecer, reproducirse y contagiar a todo el que entra en contacto con este país o esta sociedad.

Los casos de las carreteras San Benito-San Lorenzo y Yalagüina-Las Manos comprueban esa hipótesis. Construidas gracias a la generosidad de los ciudadanos de Dinamarca y Suecia respectivamente, las carreteras resultaron ser un fiasco, de acuerdo a las informaciones publicadas en estas semanas.

Los gobiernos de esos dos países han lavado rápidamente el honor propio y de las sociedades que representan, ordenando la reconstrucción de las carreteras, cargando con todo el costo, como prácticamente había sido desde el principio.

Doble trabajo y doble gasto para esos pueblos, pero sobre todo una gran afrenta para esas sociedades que se enorgullecen de contarse entre las más honestas y transparentes del mundo.

Las empresas que vinieron a construir esas carreteras no son de papel, no son inventadas, son empresas constituidas, y si en sus países ya han construido carreteras, seguro no son de la calidad de la que nos pretendían dejar aquí.

¿Entonces? ¿por qué allá pueden ser eficientes, transparentes, profesionales y responsables y de pronto aquí se vuelven chapuceras y corruptas?

¿Cómo es posible?, se tiene que preguntar uno, que hasta los nórdicos se corrompan en Nicaragua. Es probable que ese virus de la corrupción duerma en cada ser humano, pero algo hay en Nicaragua que lo despierta, y los nórdicos no son de otro planeta. Obviamente hay casos de corrupción en esas sociedades, la diferencia es que no es tan generalizado y aceptado como aquí. Allá hay lealtad a las leyes, aquí hay lealtad al jefe, al “amigo”, a la “conveniencia”, al “bisne”.

Porque las carreteras habrían quedado ahí, desbaratadas en cuestión de meses, si hubiera dependido de los funcionarios locales. Un ejemplo claro es el tramo Nejapa-Izapa de la Carretera Vieja a León. En cuestión de un par de años estaba totalmente destruida y ahora no hay cómo repararla, porque los fondos para hacerlo fueron –obviamente– externos, y Nicaragua no puede regresar a golpear las puertas de los organismos internacionales para construir una carretera que debería tener una vida útil de varias décadas y que se destruyó en dos años.

Así que, en definitiva, es este sistema, estos funcionarios, estos políticos, estos partidos, este modo de hacer las cosas que tenemos aquí, que todo está sujeto a la conveniencia de los poderosos de cualquier signo y que las leyes se interpretan de acuerdo a esa conveniencia. Todo eso es lo que nos hace un caldo de cultivo excelente para la corrupción.

Y la verdad es que si la bacteria no se puede erradicar, al menos se puede hacer algo para evitar que crezca, se reproduzca y se propague. Eso se logra lavando, limpiando, desinfectando, o sea, eliminando el foco de infección.

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