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Tensiones entre México y Cuba
A medida que crece la importancia de México, tanto política como económicamente, en este mundo globalizado aumenta el vigor e independencia de su política exterior, aunque al mismo tiempo le provoca críticas de viejos amigos que no aceptan el cambio de los tiempos, y sobre todo que Vicente Fox sea un gobernante distinto de los tradicionales mexicanos. Así, por ejemplo, el año pasado México, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU rehusó apoyar la guerra contra Irak liderada por Estados Unidos. Eso le costó a Fox la posposición sine die de las pláticas programadas con Bush, sobre el estatus del emigrante mexicano.
A su vez, México acaba de despertar una fuerte reacción del régimen dictatorial de Fidel Castro, al votar a favor de la resolución del pasado 15 de abril en Ginebra, que cuestionó moderadamente el estado actual de los derechos humanos en Cuba. Es un texto que no “condena” o “regaña” al régimen castrista, limitándose a pedir que permita el ingreso a su país de un delegado de la ONU para evaluar el estado de los derechos humanos, facilitándole los medios para ello.
El fondo de este desencuentro México-Cuba debe buscarse en el énfasis que el presidente Vicente Fox imprime a la observancia y defensa de los derechos humanos en su país y en el mundo. Se trata de un tema planetario que prioriza Naciones Unidas y que está por encima de soberanías. Tanto es así, que Fox no tuvo ningún reparo en que un alto comisionado de la ONU ejerciera ese mismo trabajo de “monitoreo” en el país azteca.
En realidad la resolución ginebrina es una justa preocupación por el juicio que en La Habana condenó festinadamente hace poco tiempo a más de una docena de periodistas independientes, cuyo único “delito” fue disentir del Gobierno. Por cierto que el canciller mexicano avisó con anticipación a su colega isleño la dirección del voto de su delegación.
No obstante sorprendió la reacción violenta de Castro en su discurso del primero de mayo en La Habana, y de su canciller Pérez Roque en varias conferencias de prensa contra el Gobierno mexicano al que tildaron de “subordinado a los intereses de los EE.UU.” y lo acusaron de “reducir a cenizas el prestigio de México”. En realidad el país azteca ejerció desde el siglo XX una política exterior independiente. Todos recordamos que cuando Cuba fue expulsada de la OEA México fue el único que no acató el voto mayoritario y continuó relacionándose con Castro. Y ahora mismo el presidente Fox critica el boicot comercial que ejerce EE.UU. en Cuba, que no logra resultados excepto conseguir votos del exilio cubano en Florida. Más aún, México rechaza las limitaciones recientemente impuestas por el presidente Bush a turistas norteamericanos que viajan a Cuba y a las remesas de residentes cubanos a sus familiares en la isla.
Ante la reacción virulenta típica de Castro para enardecer a su audiencia, no tuvo el presidente Fox más alternativa que ordenar a su canciller que bajase el grado de representación diplomática en La Habana, despachando al embajador isleño a casa, aunque dejó abierta la puerta a negociaciones posteriores para limar asperezas.
En otro escenario aparece el millonario Carlos Agustín Ahumada Kurtz, quien había estado efectuando negocios con autoridades del Distrito Federal con las que terminó enemistándose. En venganza Ahumada tomó vídeos comprometedores que muestran a Andrés López Obrador, jefe del Distrito Federal y candidato estrella del PRD a las futuras elecciones presidenciales, recibiendo dinero al estilo Montesinos. También fue pillado jugando cantidades de dólares en Las Vegas, el Secretario de Finanzas del Distrito Federal y aceptando billetes el secretario de López Obrador. El otro detalle, de la huída de Ahumada Kurtz a La Habana, su captura y deportación a México, es oscuro. Este episodio sin embargo lo utiliza Castro para presentarlo como un complot para desacreditar a sus amigos del PRD.
En conclusión, se puede prever que la normalización de relaciones entre ambos gobiernos que en realidad se necesitan el uno al otro para balancear su política exterior, aunque esta vez Castro debe haber aprendido la lección de que en México han cambiado las cosas.