Ana María Ch. de Holmann
El 13 de mayo la Iglesia Católica celebra la festividad de la Santísima Virgen María de Fátima, quien es la Patrona del Seminario Nacional ubicado en Managua. Desde hace 54 años este centro ha sido el semillero de nuestros pastores, en donde se cultiva, donde se abona, se hace crecer, esa nueva semilla que dará frutos de paz en nuestro pueblo.
Los sacerdotes señalan los errores, señalan los caminos rectos a seguir, ellos nos mueven y nos llevan al perdón y a la reconciliación, la que se basa en el amor y en la justicia; ya que la reconciliación entre hermanos no significa tolerancia, significa respeto a la ley y a los demás y el respeto es la paz, la que Cristo nos vino a enseñar y nuestros pastores nos predican y recuerdan con su ejemplo. Los sacerdotes serán los verdaderos maestros y guías, formadores de nuestro pueblo que tanto necesitan de orientación; ellos serán el afianzamiento de una estabilidad moral y social, a través de la familia que es la primera y más importante célula de la sociedad, la que se encuentra altamente deteriorada y dividida pero con la dirección, de guía, de consejos y de recomendaciones de estos santos y bien preparados sacerdotes se irá reconstruyendo y fortaleciendo esta columna sobre la cual se construye la sociedad: ellos, los sacerdotes, sacarán a nuestros niños y niñas, adolescentes y jóvenes de la duda y la oscuridad en donde están sumergidos por el ambiente de corrupción moral que reina en esta época actual en que nuestras tradiciones se han reemplazado por otras foráneas y extrañas a las nuestras, se ven sumergidos niños, niñas, adolescentes y jóvenes en la drogadicción, la prostitución y la criminalidad.
Hace más o menos 12 años en 1992, al celebrarse los 50 años de haberse fundado este Seminario Arquidiocesano de nuestra Señora de Fátima contaba entonces con más y mejores vocaciones que antes, quizás por el rechazo a la ideología que se quiso imponer durante los años ochenta; en ese curso habían 142 seminaristas mayores en su carrera sacerdotal. El año anterior habían ordenado 17 sacerdotes nicaragüenses y el siguiente año se ordenaron 12 y algunos más que terminaban su carrera fuera del país.
Hoy nuestra Iglesia sigue enriqueciéndose y fortaleciéndose cada día más para poder llevar la fe a todos los rincones de nuestro suelo. En este momento y solamente en este Seminario, de los cuatro arquidiosesanos que hay en este país, están un total de 92 internos, tres de la orden Claretiana, tres de la orden del Divino Verbo y dos de otra orden, de los cuales se consagrarán como sacerdote 19 de ellos. Así se multiplicará la semilla de la fe. Por eso, existe un deber y una obligación de cada cristiano; la de contribuir a formar sacerdotes. Esta tarea no es sólo eclesial, sino de los laicos por lo que beneficiará a toda la sociedad, es una tarea patriótica, religiosa, cívica que los sacerdotes serán los guardianes de la moralidad, los vigilantes de los principios cristianos, antorchas luminosas que mantengan las luces que guíen y orienten a todo un pueblo.
¡Ayudemos al Seminario para formar nuevos y buenos sacerdotes!
La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.