Michael AstorAP
“Después que los garimpeiros fueron expulsados, encontraron otro lugar donde buscar. Los guerreros los sacaban, pero ellos seguían regresando. Finalmente los guerreros perdieron la paciencia y esto fue lo que pasó’’, dice el jefe indio Pio Cinta Larga.
Como muchos indígenas brasileños utiliza el nombre de su etnia como apellido. “Los asesinatos fueron una advertencia. No queremos blancos aquí’’.
Mientras Pio explicaba con calma cómo los asesinatos son perfectamente aceptables dentro de la cultura Cinta Larga, cuatro indígenas, con los rostros pintados para la guerra, permanecían parados detrás del cacique, sus arcos y flechas listos para la acción.
“Nosotros somos guerreros’’, dijo. “Cuando no había hombres blancos, ninguna de las tribus eran amigas. Nos peleábamos y nos matábamos. Es así como resolvemos las cosas’’, dijo.
Ésa es también la forma en que los hombres blancos han resuelto sus problemas con los Cinta Larga.
“Casi todos los primeros contactos entre los Cinta Larga y los blancos han resultado en masacres. Para ellos ése es nuestro lenguaje político”, explicó Carmen Junqueira, antropóloga que trabajó con la tribu desde 1978 hasta 1986. “Nosotros dimos el ejemplo’’.
Exploradores de caucho masacraron a los Cinta Larga en 1958, 1959 y 1960. La matanza más conocida ocurrió en 1962 —seis años antes de que los antropólogos contactaran oficialmente a la tribu— cuando los caucheros arrasaron con una aldea Cinta Larga de unas 30 personas.
La Policía Federal estudia presentar acusaciones contra Pio y otros 11 indígenas por los asesinatos ocurridos en abril, pero si alguno de ellos llega a cumplir condena se convertirá en un interrogante sobre lo que significa indígena en el Brasil moderno.
Los indígenas tienen un estatus especial en Brasil. Sólo los puede detener la Policía Federal, y si se los califica como inadaptados a la cultura vigente (no aculturados) no se les puede condenar criminalmente por sus acciones.