Orient Bolívar Juá[email protected]
Por distintos medios he escuchado variadas declaraciones sobre la situación del río Negro. Ante la divergencia de opiniones cabe preguntarse: ¿cuál es, en realidad, la verdadera situación del río Negro? ¿Es efectivamente un problema de soberanía o es acaso un problema ambiental al que se le quiere dar ribetes políticos? También interesa saber: ¿qué representa realmente la problemática del río Negro para los pobladores de sus márgenes, la economía, el agro, la producción, los recursos naturales, la biodiversidad y los intereses de la nación?
El problema del río Negro se originó a raíz del huracán Mitch que impactó catastróficamente Centroamérica a fines de octubre de 1998. Revisando su situación uno se puede dar cuenta que antes que una disputa de soberanía tiene la dimensión de un desastre ambiental de graves repercusiones e impredecibles consecuencias, tanto para Nicaragua como para Honduras.
Es evidente que hasta el momento —quizás por intereses particulares— sólo se ha enfocado un aspecto del problema, el menos relevante, que se ha sobredimensionado con la pretensión de presentarlo como un problema de soberanía, cuando no lo es. Y en cambio se le ha dado la espalda al problema ambiental que es el verdadero y el que debería preocupar a nivel municipal y nacional y llevarse a la palestra pública, por sus graves repercusiones.
Hay que estar claros que la delimitación fronteriza en el tramo binacional del río Negro se mantiene inalterable de acuerdo a las actas suscritas por ambos gobiernos en 1900 y a los trabajos geodésicos realizados en décadas pasadas. Quizás lo único que falta en este sentido es reponer los mojones auxiliares de referencia del límite fronterizo que se llevó el Mitch e impulsar un proyecto de densificación para hacer visible la frontera en esa zona. Cabe mencionar que en el tramo binacional, donde el río Negro hace frontera, el límite fronterizo entre Honduras y Nicaragua lo constituye de manera precisa e inequívoca el eje del cauce del río, lo cual está determinado por una serie de mojones auxiliares o de geo-referencia.
La situación que se ha presentado de manera sesgada se torna preocupante, porque, por una parte, se trata de desconocer la realidad de fondo y por otro lado se descalifica a las instituciones nacionales como la Cancillería y el Ineter que están haciendo un manejo serio y responsable del asunto. A su vez, se quiere poner en duda la calidad del trabajo realizado por una serie de nicaragüenses que en entre los años 1958 y 1964 hicieron los trabajos geodésicos y de levantamiento de mapas, como parte de la Comisión Mixta de Límites Nicaragua-Honduras.
El río Negro tiene una longitud total de 198.8 kilómetros, de los cuales 127.1 Km atraviesan suelo nicaragüense y no 82 Km como se afirma erradamente en un texto de geografía, y 17.5 Km; hace frontera, de la confluencia de El Guasaule a Amatillo. El río nace en Honduras en una zona montañosa de 1,200 metros de altura llamada El Caracol, distante unos 15 Km, al sureste de San Marcos de Colón y a 9.18 Km, de la línea fronteriza; luego ingresa a Nicaragua al noreste de San Juan de Limay, Estelí; de ahí toma rumbo sur, se enrumba hacia al suroeste y hace un recorrido de 127.10 Km, desde la frontera hasta llegar a la confluencia de El Guasaule, su principal tributario; dicha confluencia se localiza a unos 5 kilómetros al suroeste del puesto fronterizo del mismo nombre. Otros de sus ríos tributarios, en la parte nicaragüense, son: El Gallo, Los Quesos, Imire y Tecomapa. Posteriormente, de la confluencia de El Guasaule sigue su curso a lo largo de 17.54 Km hasta llegar al mojón de Amatillo y luego, a 9.85 Km descarga sus apetecidas aguas en el Estero San Bernardo del Golfo de Fonseca, Honduras, donde juega un papel de primer orden en la reducción de salinidad y el mantenimiento de las condiciones biológicas de esa rica zona de manglares y de cultivo del camarón.
Tras el huracán Mitch el río Negro cambió dramáticamente de curso. Un buen trayecto de su cauce original se azolvó (obstruyó) entre Palo Grande y Amatillo, municipio de Somotillo, impidiendo el paso de las aguas. Al obstruirse una buena parte del cauce original, las aguas del río Negro se bifurcaron y cambiaron radicalmente de curso en un lugar ubicado al norte de Palo Grande. Fue a partir de ese lugar que las aguas se encauzaron hacia territorio nicaragüense, explayándose en diversas direcciones sobre los llanos y tierras agrícolas de Jícaro Bonito y otros lugares circunvecinos, para luego desaguar por múltiples lugares en una amplia zona de marismas y ciénagas del Estero Real. Este impresionante cambio del río Negro ha ocasionando una verdadera catástrofe ecológica en los territorios de ambos países, constituyendo en sí la esencia del problema principal que presenta el río Negro y un reto a resolver para Nicaragua y Honduras antes que la situación se agudice.
A causa de lo expuesto, el río Negro ocasiona una serie de fenómenos adversos para ambos países, como los siguientes:
1. Como consecuencia de estos drásticos cambios, al norte del río, es decir en la parte hondureña, los pobladores carecen de agua todo el año para sus cultivos y para aguar los animales y sus quehaceres domésticos, ya que el cauce del río está seco y abandonado, siendo la única fuente de agua la que recogen algunas lagunas pequeñas, dependiendo de la estación lluviosa. Y en la parte nicaragüense, la gente que vive adyacente al lado sur del cauce del río, como la que habita en la comunidad Las Cuarentas y en las fincas situadas al oeste de Palo Grande, contrario a los pobladores del vecino país viven con el agua al cuello en la estación lluviosa y para colmo de males no pueden sembrar porque los suelos están anegados. Con las crecidas del río son más de cien hectáreas de tierras agrícolas las que se inundan completamente de agua, demorando varios meses en secarse, motivo por el cual los campesinos ahora sólo siembran en otras épocas del año.
2. Tras el cambio de curso las aguas del Río Negro fluyen ahora en forma impredecible cada año, debido a que el río carece de un cauce definido. A este fenómeno contribuye la topografía plana del terreno, lo cual permite que las aguas del río en época de lluvia se desborden y se diseminen por todos lados, y aunque llegan finalmente al Estero Real no lo hacen por una desembocadura definida.
3. En su recorrido las aguas del Río Negro arrastran grandes cantidades de sedimentos en la zona de Santa Paula y otros lugares, lo que produce un proceso acelerado de sedimentación que destruye los suelos agrícolas. El riesgo potencial que existe, con cierto grado de probabilidad, es la salinización de los acuíferos por el contacto permanente que se da durante los períodos de lluvia con las marismas del Estero Real. De llegar a ocurrir eso no habrá agua en la zona para la existencia humana, ni para las labores agropecuarias.
4. Al dejar de desembocar el río Negro en el Estero San Bernardo, por el azolvamiento de su cauce y el cambio de su curso, además de privar a los pobladores de la zona hondureña de su antigua fuente de agua, priva también al Estero San Bernardo, del valioso componente natural de sus aguas, que antes hacía posible la reducción de la salinidad, una condición indispensable para el cultivo del camarón y el equilibrio biológico del lugar, ocasionando por consiguiente otro desastre ecológico que de mantenerse cambiará las condiciones de vida en esa región hondureña.
5. El drama social de los pobladores de la zona que ven alterada sus tierras de cultivo y amenazadas sus condiciones de existencia. Se estima que allí viven entre 2 mil y 3 mil personas. Es una zona pequeña, pero rica en biodiversidad al estar cerca de los manglares.
Ante una situación como la descrita habría que encaminar los esfuerzos cuando menos en tres direcciones básicas:
1. Elaboración de un diagnóstico de la cuenca del río Negro, de sus afectaciones y necesidades prioritarias.
2. Realizar los estudios necesarios para la protección integral de la cuenca binacional del río Negro, con financiamiento de la cooperación externa. Es imperativo recuperar de manera conjunta el funcionamiento eficiente de la cuenca binacional del río Negro. Por problemas ambientales ambos países tienen que ponerse de acuerdo en los mecanismos necesarios para regular la forma y el período de explotación de las aguas en las dos partes.
3. En todo el proceso de solución de la problemática del río Negro es determinante en primera instancia la participación activa de las autoridades locales y en especial del alcalde de Somotillo, así como de las autoridades nacionales. Hay que aunar voluntades. Los esfuerzos locales deben dirigirse a resolver en la parte nicaragüense los problemas que ocasiona año con año la penetración del río. Es decir, proteger las tierras agrícolas, la biodiversidad, adoptar medidas para reducir el impacto del desastre, con la participación activa de instituciones como Inifom, Marena, Ineter, Cancillería, etc.
Finalmente, se debe tomar en cuenta que para avanzar en la vía de solución y conseguir el financiamiento necesario es imprescindible que haya un clima de paz, armonía y entendimiento entre ambos países. Los organismos son muy susceptibles a los problemas políticos y obviamente las actitudes amenazantes e irrespetuosas no contribuyen en nada al logro de la cooperación, a la convivencia entre los pueblos y a la solución de problemas comunes.
El autor es historiador asociado.