La amenaza del petróleo

Eduardo Enríquez

Uno se pregunta por qué Nicaragua anda como anda e indudablemente la respuesta es porque tanto la clase política como el resto de ciudadanos se paraliza con “microtemas” como lo son el caso de Arnoldo Alemán o los intereses de los sandinistas de mantener el control del Poder Judicial.

O sea, el nicaragüense se entretiene en cosas que se podrían resolver cuando mucho en un período de cinco años, y pierde los grandes temas que van a tener efecto en 10, 20 ó 25 años.

No es que los microtemas sean irrelevantes, son dañinos si no se les encuentra solución, pero a la par de que se les está buscando solución a éstos, la ciudadanía, la sociedad, debe buscarle solución a los temas de más largo plazo.

Uno de esos temas es el del petróleo. Ahora que el precio internacional está alcanzando alturas récord, apenas tímidamente se ha tocado el tema en los medios de comunicación. Se habla del precio del petróleo sólo para reportar su impacto en el galón de combustible. Y marginalmente cuando se habla de su impacto en el precio de la energía eléctrica –que en un catastrófico 80 por ciento se genera con petróleo en este país.

Sin embargo, es mucho más que eso, esta economía, aun si trabaja con eficiencia y productividad, se verá postrada si para funcionar tiene que pagar precios internacionales de petróleo, y tarifas de energía, como las de ahora.

El gobierno deja dormir el tema, como esperando que desaparezca. Hasta ahora está pidiendo un trato especial a la OPEP.

La verdad es que me gustaría ver reuniones de emergencia para discutir este tema, como las que se dan cuando hay amenazas de que los pactos y repactos liberen a Arnoldo Alemán –crisis que hay que atender, no digo lo contrario–. Pero todavía tengo que ver al Presidente de la República reunido de emergencia con el líder sandinista Daniel Ortega para ver cómo van a disminuir el impacto del precio del crudo en la economía del país.

No hay soluciones fáciles y lo que se pueda hacer a lo inmediato no va a depender enteramente del gobierno, ni siquiera de todos los nicaragüenses, pero algo hay que hacer tanto en el corto como en el largo plazo.

En el largo plazo es urgente comenzar a sentar las bases para disminuir la dependencia del petróleo para la generación de energía eléctrica. Aquí se solucionaron los apagones con generadoras de búnker y después todo mundo se durmió en sus laureles con la ilusa idea que el crudo iba a mantenerse toda la vida a 10 dólares el barril. Eliminar esa dependencia no va a suceder de un año o dos, pero cada día que perdemos pone la solución más lejana.

Ahora, en el corto plazo, es hora de que Centroamérica cobre el favor que le hizo a Estados Unidos de integrar la famosa “coalición” que invadió Irak, y Nicaragua en particular tiene más que cobrar, porque muy disciplinadamente está destruyendo sus SAM-7 para quitarle esa preocupación a los norteamericanos.

Esa guerra es la que tiene el petróleo en esos precios, entonces empecemos a exigir que se vean las ventajas, si es verdad que las hay, de ser aliado de la superpotencia.

Como su aliado Nicaragua puede pedirle a los americanos que consigan petróleo barato. Ese sí sería un alivio inmediato y efectivo, porque eso de que nos integren a la “Cuenta del Mileno” está muy bien, pero quién sabe en qué milenio se van a ver los resultados.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí