De Vietnam a Irak

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De Vietnam a Irak





La comparecencia de ayer del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, ante una comisión del Congreso norteamericano que investiga los abusos contra prisioneros de guerra en Irak cometidos por militares estadounidenses, demostró que se trató de casos aislados, es decir, de personas que actuaron por su propia cuenta y no por órdenes de sus superiores.

En todo caso, la culpa de las autoridades superiores de Defensa y las Fuerzas Armadas es por no haber actuado de inmediato para identificar y castigar a los culpables; pero también por no informar a su debido tiempo al Congreso, por medio de su comité de asuntos militares, y además por no haberlo hecho público para demostrar que tales abusos no sólo no son autorizados sino que además se les castiga rigurosamente.

Pero el daño está hecho. El escándalo en los medios de comunicación por los abusos en la cárcel de Abu Ghraib y su confirmación oficial por las autoridades civiles y militares de Estados Unidos constituye un golpe demoledor para la imagen política del presidente George Bush, dentro de Estados Unidos, y para el prestigio de este país en el mundo.

De hecho Estados Unidos ya había perdido la guerra en los medios de comunicación. En realidad, son muchas las voces que exigen y aconsejan al presidente Bush que saque sus tropas cuanto antes de Irak, que deje tranquilo al pueblo de ese país cuya mayoría no tiene interés en la democracia y la libertad como se entienden en Occidente, y mucho menos después del escándalo por los abusos en la cárcel de Abu Ghrabi.

Inclusive la ex primera ministra de Inglaterra, Margaret Thatcher, se dirigió públicamente el miércoles de esta semana al premier británico Tony Blair, principal aliado de Estados Unidos en Irak, para decirle que: “Cuando uno gobierna, no es suficiente tener las intenciones correctas, aunque ayuda. No es suficiente pedir el mejor consejo, aunque es importante. Uno tiene que creer en lo que está haciendo y convencer a toda la nación de lo que está haciendo”. Es obvio que la señora Thatcher se lo dijo a Tony para que lo entendiera George.

Para muchos, Irak es el nuevo Vietnam de Estados Unidos. Así lo asegura, por ejemplo, el senador demócrata Ted Kennedy. Sin embargo Kennedy es un adversario acérrimo del presidente Bush y sus opiniones pueden estar sesgadas por la rivalidad política. Otras opiniones de analistas independientes subrayan que hay una enorme y sustancial diferencia entre las situaciones de Vietnam e Irak, sobre todo porque en el conflicto del Sudeste Asiático no estaban en juego los objetivos estratégicos ni el futuro de Estados Unidos, y en Irak sí lo están.

En realidad, Estados Unidos podía no involucrarse en el conflicto de Vietnam y dejar que el Vietcong uniera por la fuerza al Sur con el Norte comunista, incluso perder la guerra como en efecto la perdió, y sin embargo nada grave le ocurriría ni le ocurrió a la súper potencia norteamericana. Pero en el caso del conflicto en Irak la situación es diferente, porque ahora se trata de una guerra con el terrorismo que fue desencadenada para atacar a Occidente en general y a Norteamérica en particular, con el declarado propósito de destruir la cultura occidental y su forma de vida libre y democrática. De manera que la derrota de EE.UU. en Irak alentaría nuevos ataques terroristas, iguales o peores que los del 11 de septiembre del 2001, por parte de un enemigo que ha demostrado ser mucho más peligroso que el imperialismo comunista soviético.

Por otra parte, con el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein que se apoyaba en el sector islámico sunnita, minoritario en Irak, la antes marginada mayoría chiíta cobró una gran beligerancia y ahora pretende una nueva dictadura fundamentalista.

De manera que si Estados Unidos abandona Irak intempestivamente se crearía un vacío de poder que podría ser fácilmente llenado por los chiítas fundamentalistas. Y en esas circunstancias podría ocurrir una matanza entre los mismos iraquíes, igual que pasó hace diez años en Ruanda, cuando después que salieron las tropas extranjeras cediendo a la presión internacional, casi un millón de ruandeses de la etnia Tutsi fueron asesinados por sus compatriotas hutus.

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