Pedro Rafael Gutiérrez Doña
La decisión del Gobierno de Nicaragua de condicionar el voto para el ex Presidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, como Secretario General de la OEA, es una de las medidas más erradas que en política exterior se han tomado en la última centuria.
La primera condición fue que el gobierno tico sacara de su agenda el tema del río San Juan, con el objetivo de “desanjuanizar” las relaciones bilaterales. La segunda fue que a los nicaragüenses se les respetaran sus derechos, a raíz de los acontecimientos en el precario La Carpio en la capital josefina.
Nicaragua posee el sumo imperio sobre el río San Juan y no existe posibilidad alguna que ningún gobierno tire a una mesa de discusión la soberanía del río por un voto en un organismo regional. Y si del mal trato a los nacionales se trata, una delegación nicaragüense viajó al país vecino encabezada por el ex embajador de Nicaragua en Costa Rica, Mauricio Díaz, en compañía de unos diputados de la Asamblea Nacional, que en base a los hechos no comprobaron que haya habido violación alguna. Y si así fue, ¿por qué no lo denunciaron a los organismos internacionales? El silencio es hermano de las injusticias y al callar se erró.
La política exterior está dando palos de ciego. En vez de fomentar la buena vecindad entre las dos naciones avivan una atmósfera xenófoba y densa a los miles de nicaragüenses que viven en Costa Rica.