Exceso policial

Lillyam Alvarado Mendoza

La Policía Nacional ha logrado en los últimos años alcanzar un alto grado de eficiencia, que se ve ensombrecida con actuaciones innecesarias, que sólo evidencian que aún falta mucho por alcanzar el profesionalismo del que pregonan los altos mandos de la institución.

La obligación de poner el orden y hacer cumplir las leyes no tiene por qué reñir con una actuación avergonzante, y peor aún, que deje al descubierto la falta de sensibilidad y humanismo con que hemos visto actuar algunos de los oficiales en los últimos días.

Uno de los casos de los que siento vergüenza es la reciente captura de una mujer en el barrio Riguero, que de manera violenta se opuso al allanamiento de su vivienda, lo que no justifica que haya sido maltratada, desnudada y expuesta ante la opinión pública de esa manera, pues allí estaban diferentes medios de comunicación invitados al operativo policial.

Independientemente que sea o no una sospechosa del tráfico o venta de droga (delito que debe ser combatido de la manera que la Policía lo ha venido haciendo en su lucha antidrogas), no se justifica la forma ni el mecanismo de la captura. Los oficiales deberían estar preparados para someter a cualesquier individuo que se oponga a la detención, y demostrar que lo pueden hacer sin exponerse a llevar la peor parte, pero sin atentar contra los derechos humanos de esa persona. O acaso a los oficiales les gustaría que a su madre, hermana, esposa, hija o un ser querido lo ultrajaran y humillaran de manera tan lacerante?

Otra acción indignante es el violento y vergonzoso desalojo en Villa Sol. Entiendo cuál es el papel de la Policía en esos casos, pero también puedo discernir entre una obligación policial y la desproporción en el uso de la fuerza.

Los habitantes de Villa Sol fueron estafados por uno de los tantos que aún siguen haciendo negocio con la necesidad de los pobres, son parte de los miles que no tienen un techo donde resguardar del sol y la lluvia a sus hijos, de los miles a los cuales el Gobierno no ha podido dar respuesta al déficit de vivienda. Pero además fueron víctimas de la “fuerza” policial.

¿Quién dice que el desalojo da derecho a destruir los únicos bienes de estas humildes familias? Las imágenes de una pala mecánica, a la que la Policía le abrió paso, destruyendo unas pocas piedras canteras, lavaderos, materiales de construcción y enseres domésticos, son decepcionantes. Y no estoy aplaudiendo una toma de tierras, pero en estos casos se deben agotar los recursos antes de arrebatarle el derecho a las personas a tener donde vivir. Y aunque si bien es cierto no es de la competencia de la Policía impedir el desalojo, tampoco están obligados a ensañarse contra estas familias que reaccionan con impotencia al ver años de esfuerzo convertidos en la nada.

Señores policías: la fuerza no se demuestra ante los indefensos. La fuerza y eficiencia se demuestra combatiendo a los delincuentes, a narcotraficantes que siguen utilizando nuestro territorio, ante pandilleros que siguen llevando luto a las familias nicaragüenses, ante los secuestradores que siguen imponiendo el terror en el campo. Hay muchos frentes donde puede demostrarse. El profesionalismo no se demuestra con los títulos universitarios, de postgrados y maestrías alcanzados por muchos de los miembros de la institución, sino actuando eficiente y oportunamente sin menoscabar los derechos de los más débiles.

La autora es editora de Sucesos de LA PRENSA

Editorial
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