Federico Dueñas
El Congreso “chihuahueño” es infantil y ridículo. Escribo “chihuahueño” con toda la mala intención y más si se trata de los cínicos congresistas locales del territorio más grande de la república mexicana, vecino del coloso del Norte, donde sus ciudades fronterizas, Ciudad Juárez y El Paso, son polos se desarrollo e intenso comercio con mutuo beneficio para México y Estados Unidos. Además de ser el macabro escenario del impune asesinato de cientos de humildes mujeres indefensas.
Los honorables congresistas chihuahueños planean proponer al Congreso local que el recientemente estrenado corrido sobre las muertas de Juárez, escrito e interpretado por el conjunto musical Los Tigres del Norte, sea eliminado de sus transmisiones radiales o, al menos cariñosamente censurado porque consideran que en su letra se le canta a la institucional corrupción gubernamental (¿cómo vas a creer?), al imperio del crimen sobre las autoridades policíacas, así como a la impunidad del narco-dinero ante la justicia (¿Dónde más hay de esto?), particularmente en el caso de las casi quinientas mujeres que han sido brutalmente asesinadas en Juárez desde 1993, sin que a la fecha, ni la policía municipal, la Procuraduría Estatal, ni la Procuraduría Federal de la nación, tengan pistas concretas sobre los salvajes criminales que tienen en vilo de pánico a los juarences, principalmente a las mujeres humildes que laboran en las maquilas, las oficinistas y secretarias, que son los principales blancos de sus ejecutores, quienes las secuestran, violan o matan con violencia indescriptible.
Estos horrendos crímenes ya son objeto de atención internacional. Los organismos de Derechos Humanos se han pronunciado y enjuiciado severamente la incapacidad policíaca ante los continuos y masivos asesinatos. Se han producido marchas públicas, unas de ellas encabezadas por personajes intelectuales y artistas, entre ellas Jane Fonda. Todo sin lograr que las autoridades policíacas terminen con este increíble caso, capturando a los verdaderos criminales.
Eliminar o cercenar el corrido en cuestión no contribuirá en nada a la solución de las asesinadas. Pero sí pondrá en evidencia la fragilidad de la sensible piel de los gobernantes chihuahueños ineptos, que pretenden con dicha censura acallar la ira de la ciudadanía, del mismo modo como el avestruz que esconde la cabeza en el suelo cuando se siente agredida, con la diferencia de que el ave zancuda en cuestión actúa instintivamente, no razona y los diputados sí tienen razón, pero no la saben o no la peden usar y cuando se atreven a hacerlo, lo hacen muy mal.
No se puede aceptar este modo de ataque a la libertad de expresión, ahora por medio de la música. Demando el respeto irrestricto a la libertad en un sentido amplio e irrestricto en beneficio básico de la democracia. Así lo ha expresado el presidente Vicente Fox y así debe mantenerse.
Los corridos son la música del pueblo, lo más popular, lo más escuchado por la ciudadanía en todos los radios de la nación. Son parte integral de la cultura mexicana, fueron un vigoroso impulso emotivo de la revolución de 1910, con algunos tan famosos como Adelita, otros dedicados a las hazañas de legendario Centauro del Norte, en los años cincuenta hicieron famoso al “Piporro”, como el de La mesera, o La banda del Carro Rojo, o aquella de El hijo desobediente que tanto gusta al presidente Fox.
Imposible tapar el sol con un dedo, y más si el dedo pertenece a uno o varios animales que teniendo razón la utilizan muy mal.
El autor es empresario de origen mexicano
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