Douglas Carcache
Más allá de las risas o lágrimas que provocó en el público, el actor César Meléndez hizo pensar a cientos de nicaragüenses sobre lo que padecen sus compatriotas emigrantes, no sólo en Costa Rica, sino en cualquier país al que llegan en busca de un futuro.
Este artista nicaragüense, que hace rato vive en Costa Rica, vino la semana pasada por segunda vez a Nicaragua para contarnos, en un monólogo, la historia común de los migrantes, que mencionan casi diario los periódicos, la radio o la televisión, pero que poco entendemos los que hemos tenido la suerte de tener un empleo estable en nuestro país.
Para el migrante, el futuro se reduce a tener un trabajo. Meléndez lo enfatiza en su obra El Nica, cuando el personaje principal celebra el hecho de haber conseguido un trabajo para los próximos seis meses. Para alguien que en su país vivía en la incertidumbre, lograr eso en el país vecino es motivo de alegría.
El futuro del migrante es de corto plazo, seis meses o un año. En cualquier momento puede perder el empleo, en cualquier momento cambia de residencia, en cualquier momento lo expulsan. Además, vive bajo la presión de la discriminación, del menosprecio a sus costumbres, mordiéndose la lengua para no caer en la provocación de quienes lo rechazan.
Sabe que no tiene la culpa de haber nacido en un país empobrecido, ni de estar hoy en otro país, al que suele volver siempre que puede, después que lo expulsaron, porque “el hambre regresa al estómago todos los días”, como dice “José Mejiya”, el personaje de El Nica.
El migrante también va a ese país vecino, sabiendo que allí lo necesitan los empresarios. Ellos sí lo reciben bien, porque el nica trabaja bastante, incluso dos o cuatro horas más que el tiempo estipulado por la ley, cobrando la misma paga.
Para los funcionarios del Estado nicaragüense puede ser fácil contar cada año cuánto aumentaron los ingresos del país por remesas familiares, que si fueron 600 millones u 800 millones de dólares. Pero detrás de esos números fríos hay un sinfín de historias, de migrantes que han hecho esfuerzos mayores en otro país, en circunstancias sociales adversas, para darle a sus familias los alimentos, la salud o la educación que no tienen en Nicaragua.
César Meléndez será distinguido hoy en Costa Rica, por el Presidente de esa nación, Abel Pacheco, quien le entregará el Premio al Mejor Actor del Año. Su obra El Nica, con críticas fuertes a la sociedad costarricense, ha calado hondo en ese país, donde la han presenciado cerca de 150 mil personas que, supongo, han repensado su relación con los nicas.
Autoridades costarricenses han dicho que Meléndez ya es tico, aunque haya nacido en Nicaragua. Creo que importa poco si el actor es tico o nica. Más importante es la calidad de su arte, lo que comunica y la reflexión a que nos lleva.