Dr. Vicente Maltez Montiel
La conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores suele impregnarse de justas reivindicaciones económicas relacionadas con el incremento salarial y la lucha contra el desempleo, que son flagelos que castigan duro al sector laboral al tiempo que condicionan un conjunto de lacras sociales de todo tipo.
Algunas empresas se “autocondecoran” campeonas de la seguridad laboral a pesar de que los trabajadores han fallecido de forma dramáticamente dolorosa. En zonas francas los trabajadores sufren quemaduras mutilantes, electrocuciones fatales, maltrato moral, mujeres abortan en sanitarios… Recuerdan los motivos que impulsaron la heroica lucha de los mártires de Chicago, que han señalado un camino en pro de los trabajadores, la parte más débil de la ecuación trabajo-capital. La más débil y al mismo tiempo poderosa.
La medicina del trabajo es una especialidad pobremente desarrollada en nuestro país. Los médicos internistas han venido a llenar este vacío y tienen el reto de establecer un diagnóstico apropiado:
Realizar un interrogatorio adecuado sobre el padecimiento que consulta y los antecedentes laborales y ambientales.
Es obligatorio tener dominio de cómo surgen y se desarrollan las enfermedades (patogénesis) y la clínica de las enfermedades laborales y ambientales.
Notificar casos sospechosos y confirmados.
Es oportuno insistir que el trabajo es un derecho y un deber de cada ciudadano. El Estado está en la obligación de garantizar la higiene y seguridad de las condiciones laborales. Asbesto, plomo, humo, químicos, polvo, ruido intenso, radiación y otros agentes acechan al trabajador. Ningún puesto de trabajo debe producir invalidez, enfermedad o muerte.
Especialista y profesor de Medicina Interna