La ley no intimida al delincuente

Ricardo Medina MacíasAIPE

CIUDAD DE MÉXICO.- La ley cumple su efecto preventivo cuando inhibe —mediante la intimidación de un castigo— la comisión de delitos. Y la ley cumple su efecto punitivo cuando, a pesar de la intimidación, el delincuente comete el delito y es castigado.

Fidel Castro dice que no le intimida la tibia condena de las Naciones Unidas a las reiteradas y graves violaciones a los derechos humanos que lleva a cabo su gobierno desde hace más de 40 años.

Suele suceder que los delincuentes proclamen que la ley no les intimida. Es la típica respuesta de algunos delincuentes, armados o de cuello blanco, en países donde el Estado de Derecho es endeble; la probabilidad de ser castigado por una conducta delictiva es muy baja, los castigos son mínimos o se calcula que el aparato judicial, por complicidad o por incompetencia, no podrá ejercer los castigos que prescribe la ley.

Aún peor es cuando, como sucede en el caso de Castro, son los gobernantes quienes proclaman orondos que la ley no les intimida. Es característico de los déspotas y es uno de los síntomas más preocupantes del neo populismo que ha surgido en Hispanoamérica.

Cuando Hugo Chávez amenaza que pase lo que pase y sea cuál sea la voluntad de los venezolanos él no se someterá a un referéndum revocatorio, está proclamando que a él la ley no le intimida. Está comprobando que para él la noción de Estado de Derecho es una entelequia subordinada a su capricho y a su voluntad. Y algo de razón parece tener —en su lógica de déspota— porque él mismo se ha proclamado autor del librito azul que antes presumía por doquier y que llama Constitución Bolivariana. Si el librito dice que el referéndum procede, ¡no hay problema!: se olvida o se cambia lo que dice el librito que sólo es visto como un apéndice desechable de la voluntad del déspota.

Algún escalón abajo, porque no ha llegado a los extremos de Castro o de Chávez, el señor Néstor Kirchner en Argentina no actúa muy diferente. Cuando los acreedores internacionales de Argentina —que no son unos despiadados millonarios de Wall Street, sino miles de medianos y pequeños inversionistas que invirtieron sus ahorros en bonos argentinos— reciben por toda respuesta que si les va bien se les cubrirá el 25 por ciento del valor nominal de sus bonos, el señor Kirchner asoma su talante despótico. La ley no le intimida, anuncia.

La base propagandística de estos desplantes despóticos —a mí no me intimida— suele recurrir a la fabricación de enemigos fantásticos que “justifican” el estado de excepción: conspiraciones rocambolescas, complots o malquerencias del villano Carlos Menem, inminentes invasiones de los yanquis que siempre se anuncian pero nunca suceden, amenazas mortales. No es que ellos sean dictadores, dicen estos violadores de la ley, es que vivimos tiempos “extraordinarios” que justifican la delincuencia cuando es ejercida desde el poder. Terrible, ¿no?

El autor es analista político mexicano.
© www.aipenet.com

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