Ernesto Leal
El cuatro de abril recién pasado se cumplieron 50 años de una gesta generosa en la que patriotas nicaragüenses, impregnados del mayor amor a la Patria, ofrendaron sus vidas por Nicaragua.
Hoy 29 de abril se inaugura un monumento en la Loma de Tiscapa, construido gracias a la generosidad de la Alcaldía de Managua y de algunas personas a quienes públicamente expreso mi agradecimiento. Al mismo tiempo se tendrá una exposición de documentos relacionados con ese pasaje de la historia nacional conocida como los sucesos del 4 de abril de 1954.
Ese día, un grupo de nicaragüenses decidieron realizar una acción militar para poner fin a la dictadura somocista, instalada en el poder desde 1936. Esos sucesos se produjeron en medio de un panorama marcado por la reelección de Somoza García, luego del llamado Pacto de los Generales” que el mismo Somoza había violado.
Aquel grupo de patriotas estaba conformado por: Pablo Leal, Agustín Alfaro, Edgard Gutiérrez, Juan Ruiz, Adolfo Baéz Bone, Luis Baéz Bone, Luis F. Gabuardi, José María Tercero, Rafael Choiseul Praslin, Ernesto Peralta, Francisco Madrigal, Francisco Caldera, Amado Soler, Carlos Ulises Gómez, Juan Martínez Reyes, Optaciano Morazán, Manrique Umaña, Pedro José Reyes, Amadeo Baena, además de la colaboración de hombres como Humberto Chamorro, Pedro Joaquín Chamorro, Julián Salaverry, Tito Chamorro, Joaquín Cortés, Faustino Arellano, y otros muchos más.
Creo que es fundamental destacar que los objetivos de este movimiento iban más allá del derrocamiento del régimen de Somoza. En el Acta No. 1 de constitución, suscrita el 21 de enero de 1954, documento que estará en exhibición en la Loma de Tiscapa a partir de hoy, se indica lo siguiente: “que la revolución que se ha venido preparando tiene como fin establecer en Nicaragua un régimen de libertades públicas, de justicia social, de decencia administrativa y de dignidad ciudadana (…) estimulando el desarrollo de la riqueza y de la cultura…”
Esos propósitos del lema de Libertad y Justicia Social: No Reelección, que aparecerían en todos los escritos oficiales de este movimiento. Fue un movimiento profundamente marcado por el ideal de llevar a Nicaragua a la democracia y por romper las arcaicas estructuras caudillistas, que por más de un siglo habían ocasionado la ruina de Nicaragua.
Cabe preguntarse ahora, medio siglo después de aquel sangriento abril de 1954, ¿cuál ha sido el legado de esos hombres que sacrificaron todo en aras de la Patria?
Una primera contribución que se debe resaltar en la historia es que ellos fueron los grandes precursores y pioneros en la lucha por la democracia.
Esos hombres supieron ver más allá del momento que estaban viviendo y descubrieron que la democracia era, como ellos mismos lo afirmaron en los escritos que legaron, el único camino para: “transformar el actual estado de cosas en nuestro país y segar, mediante medidas adecuadas, las causas que le dieron origen”.
Un segundo legado que quisiera resaltar de esta gesta heroica es su mensaje de unidad y de concertación. El movimiento que da lugar al 4 de abril de 1954 aglutinó a personas de diferentes partidos e ideologías. Todos antepusieron el bienestar de la Patria a sus propias particularidades e ideas. Cada uno de ellos pronunció el nombre de la nación antes que cualquier diferencia pudiera ensombrecer el ideal común de una Nicaragua democrática.
Ahí convergieron personas de los partidos tradicionales de esa época, Conservador y Liberal, de otros partidos, civiles sin partido y ex miembros de la Guardia Nacional, todos dispuestos a sacrificar sus propios intereses para enaltecer los grandes valores y principios de unidad de la nación nicaragüense. Ese legado permanece vivo.
Un tercer legado, que debo destacar de manera muy especial, es el compromiso de este movimiento con el principio de la no reelección.
Nuestra historia ha estado marcada por la ambición personal y el afán de perpetuación en el poder de los grupos y personas que acceden a la administración pública. Ejemplo de eso es la obsesión de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán de continuar en el poder, no para trabajar en beneficio de Nicaragua sino en beneficio personal y de sus propios partidos. Por eso es que se debería abolir totalmente la reelección en Nicaragua.
Creo que el movimiento del 4 de abril nos dio una gran lección de renovación y de pureza. Todos ellos apostaron entonces a la creación de una nueva Nicaragua, con un tiempo nuevo para cosechar los beneficios de la libertad, la democracia y el desarrollo. Algunos podrán pensar que el 4 de abril es ya historia. Yo creo que el 4 de abril representa una de las lecciones para construir nuestro futuro, pues, por lo que aquellos hombres lucharon, todavía hoy, 50 años después, sigue teniendo vigencia.
La reciente propuesta del presidente Bolaños a favor de una negociación que contempla propósitos tales como la no reelección, la despartidización de los Poderes del Estado, etc., es una clara muestra de que el legado del 4 de abril tiene una palpitante actualidad y que tristemente algunos de sus propósitos aún esperan ser cumplidos.
Males como el caudillismo, la reelección, la falta de justicia para todos por igual, la despartidización de los poderes del Estado, aún no han sido eliminados de la agenda nacional.
Ellos hablaron también de la creación de una Nueva Nicaragua, ahora hablamos de una Nueva Era; de reconstruir la unidad de Nicaragua en torno a valores, principios y objetivos de nación, que trasciendan las mezquinas luchas partidarias.
El 4 de abril representa entonces la conciencia viva de Nicaragua, para que el pasado no regrese. Ese día permanece intacto en toda su grandeza, para que la nación nicaragüense mantenga con firmeza el rumbo de la democracia que nos ha sido legada con decisión irrevocable, sellada con sangre de patriotas que creyeron en el compromiso de las futuras generaciones con un país que merece la libertad, merece la democracia y merece vivir con dignidad y justicia, como recoge parte del lema de los hombres del 4 de abril.
Esa semilla está dando sus frutos de libertad y democracia, sin embargo todavía quedan algunos propósitos por lograr. No permitamos que Nicaragua continúe sin lograr la verdadera democracia.
El autor es hijo de uno de los Mártires de Abril.