Ana María Ch. de Holmann
“Observaba Fruto Chamorro la descomposición, el abuso y arbitrariedades reinantes en su nueva patria, tan contrarios a su naturaleza de orden, y pronto comprendió que ni aún el alejamiento de las actividades políticas le aseguraba la garantía personal”.
Pedro Joaquín Chamorro Zelaya
Y llegó a Granada Fruto Pérez, un joven de 23 años que acudió por petición de su padre, Pedro Chamorro Argüello, quien antes de morir le pidió a su esposa Josefa Margarita Alfaro que trajera a su hijo Fruto para que le ayudara a llevar la tutela de sus seis hermanos menores, y administrara los bienes heredados por sus padres.
La viuda de su padre le pidió a Fruto que adoptara el apellido de su marido, a lo que éste accedió tomando desde ese día el nombre completo de Fruto Chamorro Pérez. En su corta vida —apenas 49 años— don Fruto inició y desarrolló los fundamentos básicos de la República por medio de la Constitución de 1854, de la cual no vio sus frutos por la muerte que le sorprendió durante su período.
Don Fruto, de una profunda formación moral y cristiana, a través de sus actos públicos demostró ser un ejemplar estadista de temple enérgico, firme, tenaz y persistente en alcanzar el bienestar de su Patria. Su método: la honestidad. Su meta: el orden.
Como periodista exponía sus ideas, señalamientos y críticas por medio del semanario de la Universidad de Granada: El Mentor Nicaragüense.
“O sea —observaba un historiador costarricense— que es necesario tocar ciertos temas en la prensa, aún cuando los mismos no pueden gustar a ciertas personas sensibles. Es ésta la responsabilidad del periodista y Chamorro no elude cumplir de modo adecuado su tarea. Y así lo hace”.
Como pasos iniciales antes de alcanzar por primera vez en la historia de Nicaragua la Presidencia de la República, el 1 de marzo de 1853, en su ascendente carrera política fue nombrado diputado —en representación de su sector— a la Asamblea Ordinaria de 1836, e integró la Constituyente que decretaría la Constitución del 30 de abril de 1838. Luego fue designado senador para el período de 1839 a 1842. Asimismo sirvió otros importantísimos cargos: Supremo Delegado de la Triple Confederación Centroamericana, formada por El Salvador, Honduras y Nicaragua (mayo 1843–marzo 1845), Prefecto del Departamento Oriental (abril-agosto 1845) y Ministro de Hacienda (septiembre 1845-julio 1846), antes de ser reelegido Director Supremo del Estado.
Bajo el mismo ardiente sol de verano de aquellas épocas difíciles, al igual que las de hoy en día, en que don Fruto Chamorro inició su corto período presidencial de 1853, y la fecha de su muerte, el 12 de marzo de 1855, será sepultado finalmente en su Cripta Monumento, en el cementerio de la ciudad de Granada, hoy sábado 24 de abril, después de haber sido: primero enterrado en la Iglesia de La Merced y luego, al morir su esposa Mercedes Avilés, cuarenta años después, en el cementerio de esa ciudad. Y otros cuarenta años después, junto con los restos de su esposa fue enterrado en el cementerio de Granada.
Luego de 150 años de haber sido fundada la República de Nicaragua, estamos en la misma situación de aquellos días en que la crisis anárquica que reinaba y la intriga acechaba al Gobierno constituido —antes por Jerez—, hoy el acecho y la intriga tienen al mandatario entre Herodes y Pilato. Entre el pacto y el chantaje mantienen secuestrado al país, se prostituye la constitucionalidad y obstaculizan la gobernabilidad, como antes el filibusterismo hoy los Poderes haciendo la guerra intestina en su propia casa, negociando el voto número 47. Y siempre hay un Judas.
A 149 años de la muerte de aquel gran estadista cuyo interés era solamente Nicaragua, apartando sus intereses particulares, llamando a la unidad, a la lealtad, a la pureza y el decoro en la administración del erario, luchaba siempre por establecer la paz por medio de la justicia, con firmeza y valentía, sin componendas ni pactos, los que siempre resultan para beneficios personales y económicos y de enriquecimientos propios a través del patrimonio nacional.
Sin embargo con este ejemplo a seguir y otros más que le sucedieron durante el período de oro de los 30 años —de oro para Nicaragua— época que no ha sido imitada desde entonces, por lo que ahora tenemos un país intermitente de zozobra: La corrupción y el robo inclemente arrasa con cualquier beneficio para el pueblo: salud, educación. Sectores que se ven afectados: maestros, médicos, enfermeras, medicinas, policías, jubilados, ciudadanos todos, etc.
La inmunidad constitucional que condena a unos y absuelve a otros a su antojo, la ausencia total de un sistema judicial justo por influencia partidaria o monetaria.
La innecesaria presencia de un Ejército que consume el Presupuesto sin desempeñar ningún objetivo, como sería el de cuidar a la ciudadanía, que sería útil para cuidar los recursos naturales, los bosques, la fauna y la flora, los ríos, lagunas, lagos y costas, ayudando a la Policía que está corta de recursos para controlar las pandillas y la drogadicción juvenil, la prostitución infantil. En fin cuidando todo lo que hacen a un pueblo digno y merecedor del orgullo de la sociedad.
En esta ocasión en que se celebra ésta de tanta importancia en honor a quien honor merece, pienso como expresa el historiógrafo granadino Miguel Ángel Álvarez:
“La Historia de Nicaragua aún no está escrita. ¡Qué hermosas lecciones, qué grandes ejemplos están encerrados y permanecen casi ignorados. Los pueblos de la tierra cantan loores a los grandes hombres que les han precedido. Los nicaragüenses no debemos mirar con indiferencia a nuestros héroes”.
¡Que su ejemplo y su memoria vivan siempre en su pueblo!
La autora es descendiente de don Fruto Chamorro.