- La decisión de enviar tropas a Irak fue una decisión política de los gobiernos de Nicaragua, Honduras y El Salvador, para a satisfacer a Washington. ¿Qué ganaron estos países? ¿por qué Honduras se va y El Salvador se queda?
Alberto L. Alemán
Enviar modestos contingentes de soldados centroamericanos para reforzar la ocupación británico-estadounidense de Irak fue una decisión eminentemente política que daba legitimidad a la guerra y a la presencia de las dos potencias, las cuales actuaron al margen de la Organización de las Naciones Unidas al invadir.
Un año después, España –hasta hace muy poco el segundo gran aliado internacional de EE.UU.–, con un nuevo Gobierno, decide retirar sus tropas y provoca la desintegración de la unidad militar que comandaba, la Brigada Plus Ultra, con un efecto dominó: Honduras y República Dominicana también se van. Solamente se quedan los salvadoreños.
La salida no tiene mayor impacto militar, a pesar del recrudecimiento de la violencia en el país árabe: la Brigada se compone de poco más de 2,000 hombres; las fuerzas totales de la coalición son más de 150,000 hombres. En fecha reciente, el Pentágono prolongó el servicio de 20,000 de sus efectivos.
“El impacto de la salida de España es ante todo político”, señala Roberto Cajina, experto nicaragüense en temas militares y de seguridad, en una entrevista con LA PRENSA. La decisión del nuevo jefe de Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, “resta legitimidad a la coalición y pretende recuperar el papel de las Naciones Unidas”, agrega Cajina.
Según la prensa europea, Rodríguez Zapatero también ha querido marcar un giro notable respecto a la política exterior pro estadounidense de su predecesor, José María Aznar.
El Gobierno de George W. Bush comunicó su disgusto a Zapatero por este dolor de cabeza adicional en mera campaña de reelección, y la prensa estadounidense criticó a Madrid; el diario The Washington Post llamó a Rodríguez Zapatero “irresponsable”.
Nicaragua, El Salvador y Honduras tenían “un interés común, que es complacer una petición del Departamento de Estado de sumarse al número de países” que apoyan a las fuerzas de intervención, destaca el analista. Así, “ganan legitimidad” ante EE.UU.
No obstante, los críticos centroamericanos de la guerra olvidan considerar dos elementos “muy importantes” , alega Cajina.
La decisión de ir a Irak fue política, fue tomada por los gobiernos, y fue un ejercicio de la supremacía de la autoridad civil sobre la militar. Los militares parten a Irak y “esa es la evidencia más clara” de esa subordinación, subraya Cajina.
Además, señala el analista, los soldados centroamericanos ganaron una valiosa experiencia profesional: interactuar con militares de la OTAN –el más poderoso y avanzado bloque militar del mundo–, aprender nuevos métodos de coordinación, trabajar con otro tipo de armamentos.
“Ir a un país con otra cultura, otra religión, con otro clima. Eso es una gran experiencia”, argumenta Cajina.
Si bien los tres gobiernos ganaron puntos con Washington, no está claro si como recompensa, habrá un aumento de la ayuda militar para la región, sobre todo de cara al desafío del narcotráfico. “No lo creo”, dice Cajina.
La actuación centroamericana, aunque valiosa humanitariamente, “está enmarcada en una invasión”, añadió.
CASO DE EL SALVADOR
Nicaragua no envió relevo a Irak por falta de fondos para financiar a una segunda tropa.
El Gobierno saliente y el presidente electo, Tony Saca, declararon que los soldados salvadoreños permanecerán en Irak, pese a todo.
Según Cajina “la deuda de El Salvador” con Estados Unidos es mayor que las de Nicaragua y Honduras. Millón y medio de emigrantes que envían más de 2 mil millones de dólares en remesas y para los cuales San Salvador busca soluciones migratorias. También, la deuda histórica de las fuerzas de derecha en el poder por el apoyo estratégico durante la guerra civil de 12 años es un factor, asegura el analista.
La presencia en Irak tiene numerosos críticos, en amplios sectores sociales, en personalidades. Naturalmente, el izquierdista FMLN se opuso desde el principio.
La Iglesia misma se sumó a estas voces. El obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez, dijo que la mayoría de la población “desea que no sigamos con esa aventura de Irak”, y que la guerra está “deslegitimada y empantanada”.
El clamor creció después de la muerte del soldado Natividad Méndez Ramos, de 19 años, ocurrida el pasado 4 de abril en Nayaf.
Sin embargo, señala Cajina, ese descontento está disperso y no hay una fuerza que lo aglutine, lo cual es una ventaja para el Gobierno.
“El FMLN está en una crisis interna tras la derrota electoral y no creo que sea una prioridad en su agenda”.
MADURO TRATA DE CALMAR DESCONTENTO
La salida de las tropas hondureñas está determinada por dos factores recientes de política interna, afirma el analista Víctor Meza, director del independiente Centro de Documentación de Honduras, una casa de estudios de Tegucigalpa.
“La presión interna de diferentes sectores sociales, de gremios organizados y de políticos de la oposición y del mismo partido de gobierno, ha sido un factor muy importante. (Hay) que señalar un hecho que funcionó como un detonante”, explicó Meza por teléfono a LA PRENSA.
Ese hecho es la propuesta de resolución con respecto a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
“Esta iniciativa generó en el país una ola de descontento impresionante. No tanto por razones políticas. La razón básica que impulsa al descontento local es el sentimiento de ingratitud que el gobierno ha tenido hacia un país que tiene acantonados en el territorio hondureños 270 médicos trabajando en los lugares más inhóspitos, y hay 756 hondureños estudiando Medicina en La Habana. Esto desencadenó una ola de reproches”, añadió el analista.
Por lo tanto, la decisión del retiro de las tropas “ha sido tomada, entre otras cosas, para aplacar un poco el sentimiento de rechazo”.
No obstante, el presidente Ricardo Maduro ya había dicho hace mes y medio que no solicitaría más permisos de salida para unidades militares a Irak.
El otro factor son las aspiraciones presidenciales del presidente del Congreso, Porfirio Lobo.
“Es un aspirante presidencial del Partido Nacional, de gobierno; sabe que otorgar nuevos permisos para Irak va a afectar su popularidad. Por lo tanto llegaron (con Maduro) a un acuerdo”, señala Meza.
El analista no cree que las relaciones con Washington resulten dañadas, porque Honduras le hizo “el extraordinario favor” en la ONU y la salida de los 370 efectivos “no es un golpe especial”.
“A veces da la impresión de que la Cancillería hondureña está jugando damero en una mesa de ajedrez; es como cuando quieres jugar en las Grandes Ligas pero no estás capacitado para ello”, concluyó.
LA PRENSA solicitó hablar con el ministro de Defensa, Federico Brevé, pero no fue posible por su apretada agenda, dijo un vocero militar.