Luis Sánchez Sancho
Alguien me sugirió escribir sobre el significado político de delfín. Cuando el doctor Arnoldo Alemán era Presidente de Nicaragua y estaba en la cúspide de su gloria, se decía que su delfín era el doctor Wilfredo Navarro (quien antes también fue delfín del doctor Virgilio Godoy, líder del PLI). Y ahora dicen que el doctor Julio Vega, Ministro de Gobernación, es delfín del presidente Enrique Bolaños.
En la jerga política se le dice delfín al preferido y más bien sucesor, seguro o probable, de quien ejerce el poder. El mote deviene sin duda de que Delfín se le llamaba en Francia al príncipe heredero del trono. El origen de este título se remonta a la Francia de comienzos del segundo milenio, cuando a los condes de Viennois y Auverge les decían, por apodo, los delfines. Andando el tiempo los titulares de esos condados usaron el apodo como título nobiliario y pusieron la figura del mamífero cetáceo llamado delfín en su escudo de armas señorial.
(Los condados de Viennois y Auverge formaron después una provincia que fue llamada Delfinado, cuya capital se estableció en la ciudad de Grennoble, y ahora son los departamentos franceses de Altos Alpes, Isere y Drome)
En 1349 el delfín Humberto II cedió el Delfinado al rey Felipe VI de Valois, con la condición de que el título de delfín se le diera al heredero del trono de Francia. Y así fue desde entonces. El primer Delfín de Francia fue Carlos V (El Sabio) y el último el Duque de Angulema, hijo de Carlos X (el conquistador de Argelia, hermano del guillotinado Luis XVI), quien lo ostentó de 1824 a 1830.
Ahora bien, según algunos historiadores los duques de Viennois y Auverge habrían tomado el nombre de delfín por el simbolismo cristiano que se le daba al cetáceo así llamado. En realidad, desde antes del cristianismo se consideraba al delfín (animal) como un buen amigo del hombre. Seguramente por asociación figurativa con el pez, que se convirtió en símbolo del cristianismo primitivo porque Jesús llamó a sus discípulos “pescadores” de almas, los primeros cristianos hicieron del delfín un símbolo alegórico de la salvación y la Resurrección. Además, como en idioma griego la palabra pez (ictius) correspondía a las letras iniciales de Jesús Redentor Hijo de Dios, en las catacumbas los cristianos primitivos dibujaban un delfín llevando las almas a través de las aguas (como Caronte en la mitología griega)
El delfín, junto al ancla o una barca representaba el alma en busca de la salvación. El delfín simbolizaba la rapidez, la diligencia y el amor, y entrelazado con el ancla los cristianos primitivos de Roma lo llevaban en un anillo que llamaban ancora náutica.
Volviendo al delfín como título del príncipe heredero de Francia (anteriormente se le llamaba archisenescal, que significaba jefe máximo de la nobleza), en otros países se les llamaba o llama: Príncipe de Gales, en Inglaterra; Príncipe de Asturias, en España; Príncipe de Orange, en Holanda; Duque de Brabante, en Bélgica; Príncipe de los Algarbes, en Portugal; Príncipe de Nápoles, en Italia; Zarevitch, en Rusia; y Kronzprinz, en Alemania.
Como sea, el delfín es un noble y muy simpático animal que vive prácticamente en todos los mares, es fácilmente domesticable y amigo de niños y adultos que van a verlos actuar y juguetear en los delfinarios. Y la verdad es que el delfín no se merece que lo involucren con políticos de ninguna clase, por muy nobles que sean o se crean.