Alfonso Castellón Ayón
Escribo este artículo moti- tivado por entrevista que el señor Carlos Fernando Chamorro hiciera al fundador del movimiento Renovador Sandinista y al señor Editor del Diario LA PRENSA, el recién pasado domingo 18 de abril, en el programa de televisión del Canal 2, Esta Semana.
Si no mal recuerdo fue el doctor Sergio Ramírez Mercado quien usó el término “mayoría silenciosa” para definir a los que no tienen militancia política, y pueden ser liberales, conservadores, socialistas, sandinistas moderados, etc., pero que no están de acuerdo con el FSLN ni con el PLC. Y lo más interesante: es una mayoría importante que puede andar por el 60 ó 65 por ciento de la población.
Esta mayoría silenciosa puede hacer cambiar el panorama político nicaragüense si estuviera organizada. Desafortunadamente no lo está. Y como no es tarea muy fácil organizar a un conglomerado de gente hacia una sola idea, o sea el plan de nación, seguiremos en estos vaivenes de caudillos y presidente y viceversa, hasta que tengamos una organización política diferente.
¿Qué presenta el Presidente de la República como fuerza que lo respalde?: a) la mayoría silenciosa. b) la comunidad internacional y c) los gringos.
Pero como muy bien dijo don Luis Sánchez Sancho: no es suficiente para enfrentarse a los caudillos que manejan el Poder Judicial, la Asamblea, la Contraloría, y el Poder Electoral. O sea, en esencia no tiene el Presidente ni siquiera un partido político para medir fuerzas o terciar con el adversario. Esta situación lo hace depender inevitablemente del juego político que los caudillos le presenten.
¿Cómo podríamos salir de este atolladero? Desde mi óptica —que leo cuidadosamente lo que dicen personas entendidas— solamente con un respaldo directo de esa “mayoría silenciosa” a través de un costoso plebiscito. Porque la comunidad internacional o donantes, y los mismos gringos, tienen suficientes problemas con los suyos. No veo otra alternativa que la de sentarse a jugar con los contendientes, tratando de hacerlo limpiamente. Y digo esto porque una mala jugada puede ser peligrosa para el Presidente, que cuenta solamente con sus diputados Azul y Blanco.
Otro asunto que está visible en el panorama político nicaragüense es el que sandinistas danielistas, renovadores, arnoldistas del PLC, bolañistas del GUL, Resistencia, otras fuerzas políticas y ciudadanos en general, tenemos que aprender a convivir y tolerarnos aunque nos arda la vida.
De esto no cabe la menor duda. Porque ni los sandinistas ortodoxos podrían contra los que no somos ni pensamos como ellos. Ni tampoco nosotros podremos sacarlos del país, pues todos tenemos derecho a vivir en nuestra Patria.
Sugiero a esos organizadores políticos con buenas intenciones para Nicaragua, que se concentren en coordinar a esa mayoría silenciosa que está cansada de caudillos y políticos soberbios. Quizás éste sea el verdadero cambio que necesita el país. Mientras no consigamos neutralizar las fuerzas de los actuales caudillos, estamos a merced de ellos.
El autor es jurista liberal no partidista.