Doña Dolores Hernández de Siles, consternada por la muerte de su nieto Marvin Campos Siles, ocurrida en Irak.

“Debemos resignarnos”

Silvia González SilesCORRESPONSAL/JINOTEGA “Él sabía a lo que se metía desde el momento en que ingresó al Army, sabía el peligro, él murió en su ley y debemos resignarnos”. Así reaccionó la señora Dolores Hernández de Siles, abuelita de Marvin Campos Siles, muerto en Irak. Diversas versiones se tejieron sobre la muerte del soldado nicaragüense, […]

Silvia González SilesCORRESPONSAL/JINOTEGA

“Él sabía a lo que se metía desde el momento en que ingresó al Army, sabía el peligro, él murió en su ley y debemos resignarnos”. Así reaccionó la señora Dolores Hernández de Siles, abuelita de Marvin Campos Siles, muerto en Irak.

Diversas versiones se tejieron sobre la muerte del soldado nicaragüense, cobrando fuerza la de su deceso en un combate frente a centenares de insurgentes iraquíes cerca de la frontera Siria.

Sin embargo, esto fue desmentido por sus padres, que a través de la vía telefónica desde Estados Unidos comunicaron a su familia radicada en Jinotega, que oficialmente el US Army aseguró que Marvin murió de forma accidental “electrocutado” y no en combate.

Asimismo prometieron garantizar el traslado de su cuerpo el próximo domingo hasta el aeropuerto nicaragüense y luego a Jinotega, donde sus familiares podrán verlo y revisar que no tiene ningún impacto de bala en el cuerpo.

El viernes el cuerpo será trasladado hacia Atlanta Georgia y el sábado se le rendirá un homenaje, donde le impondrán la medalla al mérito y lo ascenderán a sargento.

PARTIÓ SIENDO ADOLESCENTE

Marvin Campos Siles tenía tan sólo 14 años cuando partió a Estados Unidos, dejando a un lado sus estudios de secundaria, sus amigos, familiares y lo que más le gustaba, la música.

Fue en 1995, un año después que sus padres Marvin y Martha con sus demás hijos partieron en busca de un mejor futuro en Estados Unidos.

Su abuelita materna, Dolores Hernández de Siles, de 66 años, aún recuerda aquel niño al que vio nacer hace 25 años, el 27 de octubre de 1979 en el barrio suburbano conocido como Apanás, al noroeste de la ciudad de Jinotega.

Según doña Dolores, Marvin era un joven introvertido, inquieto, pero muy jovial, pues heredó de su padre el amor a la música, siendo su pasión tocar la trompeta y trombón, pero además dividía su tiempo con los estudios y el deporte.

Nueve años después de su partida, el domingo 18 de abril, era la una y media de la tarde, cuando la familia de doña Dolores se disponían almorzar, sonó el teléfono, era su hijo Marvin, desde Atlanta, Georgia, comunicándole la triste noticia del deceso de su nieto.

“Me cayó como un balde de agua fría la noticia, no la esperaba, era una bomba, sentí morirme, me sentí impotente no estar junto a mi hija para darle fuerzas, pero le pedí a Dios resignación, ya que mi nieto sabía que le podía ocurrir esto”, dijo doña Dolores. Marvin era el mayor de sus tres hermanos.

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