Víctor Ayala [email protected]
En los años noventa, como en ninguna década antes, quizá la humanidad inundada por tanta publicidad acerca del bajo peso y la moda de las dietas y otras tantas consejerías que aún invaden el sentimiento de los humanos, hizo ahuyentar el consumo masivo del café.
Ahora, si no es descafeinado o no es instantáneo, mejor no se toma. O lo mejor: si “no”, “es mucho mejor para la salud”. Pero las últimas investigaciones científicas parecen darle la razón a los campesinos de las montañas nicaragüenses, que en poco o nada les interesa lo que las corrientes dietistas, anorexistas o bulimianistas digan respecto del café.
A mí me gusta mucho visitar las montañas. Allá se respira paz, tranquilidad, y una deliciosa taza de café tostado en comal y triturado en piedra de moler. Por la mañana al levantarse y con el desayuno, la primera taza; a las 10:00 a.m., después del pozol; al mediodía, con el almuerzo; a las 2:00 p.m., con la siesta; otra a las 4:00, para despertarse mejor; a las 6:00 p.m. con la cena y probablemente otra tacita por la noche, antes de dormir o durante la visita. En total un campesino consume entre cinco y ocho tazas de café sin miramiento a perder peso por el azúcar (consumen el café con mucho azúcar), o que el hígado se les dañe porque lo prefieren fuerte.
Me encanta conversar con la gente del campo más adulta. Su tez morena y fibrosa, su mayoría de edad supera el promedio que dicen las estadísticas vivirán los nicaragüenses al cabo de 63 años. Pienso, sin someterme a estudios estadísticos, que el nivel de vida en el campo es superior al de la ciudad. Un campesino muere casi generalmente a los 80 o más años de edad. Y son personas que mueren tomando sus cinco u ocho tazas de café.
A qué viene mi defensa por el consumo del café y la comparación con aquéllos que no han dejado de consumirlo pese a la tendencia de dietistas. Simplemente porque yo no lo he dejado de consumir y mi estado de salud me lo siento de un joven de quince años pese a que los doblo.
Siempre discutía con mis amigos cuando me decían mucho café tomás vos. La verdad es que influenciado por esa corriente, había dejado de consumir mis cinco tazas de café diarias para dejarlas en dos o tres y en algunos casos ninguna. Me alegré, y mi defensa por el consumo del café fue en ascenso cuando el año pasado pude leer en un periódico que científicos de una universidad inglesa habían concluido que cuatro tazas de café consumidas en promedio diario, servía como diurético (es decir que te hace orinar más y por consiguiente te limpia los riñones), que era anticancerígeno, antiinflamatorio y te ayudaba a la circulación sanguínea (estratégicamente un colaborador natural del corazón).
Pero, leyendo la revista Selecciones de marzo de este año, en una de sus páginas dedicadas a la salud, me encontré que el café es una “medicina deliciosa”. Igual que los estudios científicos anteriores, esta vez investigadores de las universidades de Harvard, John Hopkins, Cardif, Estudios Honolulu sobre el corazón, y otros prominentes científicos, concluyeron que “esta bebida puede ayudar a prevenir enfermedades cardiacas, la diabetes, cáncer e incluso el corazón” (si se toma entre cuatro y cinco tazas diarias). Respecto al estudio del año pasado, esta vez incrementó sus beneficios de cuatro a siete para el ser humano.
Hay personas que piensan que tomar mucho café puede alterar los nervios. Y tienen razón. Realmente si toman más de lo normal es probable que sufra tal efecto. Pero, los diversos estudios indican que la cafeína de una taza de café (una taza no más de probable cuatro), “puede aumentar la lucidez y mejorar el desempeño en pruebas de inteligencia” (doctor Andrew Smith, psicólogo de la Universidad de Cardiff, en Glass, citado en Selecciones de marzo del 2004).
No soy médico, pero me gusta leer sobre los avances de la ciencia y esto es lo que me he encontrado que deseaba compartir con todos aquéllos que les encanta el café. Y algo que me ha atraído en los últimos tiempos es que los científicos estén llamados a realizar estudios sobre el consumo del café y recomendarlo como medicamento preventivo de enfermedades. Si ustedes han notado la baja en los precios internacionales del café, obedeció principalmente al aumento de la producción mundial, pero también ha coincidido con el bajo consumo provocado por una campaña descabellada de los años noventa. En ese mismo período el consumo del té (bebida oriental por excelencia) y el consumo del chocolate (bebida inglesa y de varios países occidentales) incrementó desmesuradamente entre quienes abandonaron el café.
Ahora la proyección parece ser otra, y estos estudios están ayudando a comprender a los que se dejan llevar por las corrientes, que el café no daña en nada la salud en tanto no se abuse de él.
Los campesinos de las montañas nicaragüenses desde que descubrieron esta bebida, o mejor dicho, “desde que el consumo se democratizara”, como lo dijo el cafetalero e historiador matagalpino Eddy Kühl, cuando la primer mata de café fue introducida a tierras de Nicaragua, han sabido que una taza de cafecito negro, además de reconstituyente les hace como volver a vivir la vida.
El autor es economista y periodista.