José Joaquín Quadra Cardenal
Hablo con el color de las canas que resultan de los años vividos en la vida pública nacional y que dejan la experiencia, que es la madre de la ciencia.
En mi juventud me preocupé mucho por conocer y saber la razón por mi preferencia política. Y tomé la decisión de afiliarme en el Partido Conservador, pero señalando y reclamando muy claramente nuevos conceptos, principios e ideales que renovaran ese conglomerado, lo que se logró resumir en el lema Dios-Orden-Justicia.
Me pareció que la mejor forma de resolver los problemas sociales que aquejaban a los nicaragüenses en ese entonces eran la que recogía las encíclicas papales a partir de la Rerun Novarum que planteaban unas respuestas con justicia social cristiana.
Hoy me preocupa grandemente que la juventud no se inquieta por escoger el vehículo desde donde pueda actuar en la vida pública. Me da la impresión que esto no le interesa a los partidos políticos. De los métodos violentos como la guerra, están más que escarmentados. Total apatía, ausencia de la juventud en los destinos de su país. Y eso no puede ni debe ser.
Yo los invito a que tomemos en serio los siete puntos que nos presenta el Presidente de la República, los estudiemos, reflexionemos y tomemos lo que nos parezca, nos opongamos a los que consideremos inoportunos y agreguemos los que creamos más saludables al bienestar de la Patria que agoniza.
Desde ahora como ejemplo agregaríamos como básico la reforma a la Ley de Inmunidad. Y convencido de la bondad de un programa, tomar esos puntos como bandera nacional y luchar con toda la energía, valor y limpieza de la juventud, para que sean una realidad en nuestra Patria.
Ya vamos al diálogo, aunque sea desde afuera pero gritando con la potencia de la juventud.
Decía mi padre Carlos Cuadra Pasos al hablar de la necesidad del diálogo: “Los dos partidos históricos caminan cada uno por su acera sin ponerse a conversar en la esquinas, y dejan a la Patria en la media calle expuesta a los rigores del sol y de la lluvia”.
Precisamente en estos días hace 50 años se creyó en los métodos violentos y se participó en el movimiento del 4 de abril de 1954.
En 1959 se volvió a creer en las armas y se participó en Olama y Mollejones.
En 1979 se insiste de nuevo con la generosa participación del pueblo de Nicaragua y su juventud y se fue a la guerra de liberación.
Resultado: sacrificio del pueblo, sacrificio de su juventud, muertos, lisiados, sangre, odios, destrucción, pobreza, etc.
La juventud debe escuchar el llamado de la Patria y decir presente.
El autor es historiador.