Peregrinos

Luis Sánchez Sancho

Leí en Semana Santa El PPeregrino, de Paulo Coelho, que es el testimonio del famoso autor brasileño sobre su experiencia espiritual al recorrer el Camino de Santiago que discurre a lo largo de unos ochocientos kilómetros, desde los Pirineos franceses hasta la gallega ciudad de Santiago de Compostela, en España.

Según la tradición, después de la muerte y resurrección de Jesús el apóstol Santiago viajó a la Península Ibérica —algunos dicen que en compañía de la Virgen María— para predicar la buena nueva. Santiago murió en España y después de su muerte un campesino vio una estrella sobre un campo, en el sitio donde supuestamente fue sepultado el apóstol. El lugar se convirtió en santuario y a su alrededor se creó la ciudad de Santiago de Compostela, que significa Campo de la Estrella.

La tumba del apóstol Santiago se convirtió en uno de los tres lugares fundamentales de peregrinación cristiana, siendo los otros dos: Roma, a la tumba de San Pedro, y Jerusalén, al Santo Sepulcro. A quienes iban a Roma les decían romeros y su símbolo era una cruz; los que viajaban a Jerusalén eran llamados palmeros, porque su emblema era una palma como las que se usaron el Domingo de Ramos para recibir a Jesús; y a los que tomaban el Camino de Santiago los denominaron peregrinos.

Peregrino, según el diccionario, es quien “anda por tierras extrañas”, es decir, el extranjero. Así llamaban los antiguos romanos a los habitantes de los territorios que estaban unidos a Roma pero no vivían en ésta. Después se llamó peregrinos a todos los habitantes del imperio que eran personas libres pero no latinos ni ciudadanos. Eran una categoría intermedia, entre esclavos y ciudadanos, hasta que en el siglo III el emperador Caracalla decretó la Lex Junia de peregrinis, que igualó a todos los habitantes libres no romanos del imperio con los ciudadanos de Roma.

Las peregrinaciones comenzaron de manera espontánea en el siglo III después de Cristo. Pero en la época de los padres de la Iglesia (San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio el Grande, San Cirilo de Alejandría y San Agustín de Hipona), o sea entre los siglos IV y VI, se incluyó la peregrinación como parte de la Penitencia.

Los peregrinos del Camino de Santiago (también llamada Ruta Jacobea porque en latín el nombre de Santiago es Jacob) llevaban consigo y llevan hasta ahora, para identificarse entre ellos, una venera, o sea la concha de la vieira, que es un molusco comestible muy común en el mar de Galicia.

Quienes han recorrido el Camino de Santiago aseguran haber experimentado una profunda transformación espiritual, lo que al parecer se debe a que la ruta discurre debajo de la Vía Láctea, cuyas radiaciones cósmicas actúan directamente sobre las personas que caminan por allí. Entre los personajes célebres que recorrieron la Ruta Jacobea se menciona a San Francisco de Asís, Carlomagno, los Reyes Católicos y el Papa Juan XXIII.

Y en las antiguas historias legendarias se cuenta que el Camino de Santiago fue, antes del cristianismo, una ruta que recorrían los celtas prehispánicos, quienes creían que la Tierra terminaba en los acantilados de la costa del mar de lo que ahora es Galicia, cerca de donde está en la actualidad la ciudad Santiago de Compostela. Los celtas iban hasta allá para tratar de ver el infierno en las profundidades de los acantilados. Por eso ese lugar se llama desde entonces y hasta ahora, Finisterre, o sea: fin de la tierra.

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