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La resolución de Ginebra
La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que tiene su sede en Ginebra, Suiza, aprobó ayer con 22 votos contra 21 y 10 abstenciones (la comisión tiene 53 miembros, muchos de ellos representantes de gobiernos no democráticos), la resolución sobre Cuba que fue presentada por Honduras.
La resolución insta al Gobierno de Cuba a garantizar la libertad de expresión y de religión, derechos primordiales que a estas alturas del tiempo se ejercen como algo natural en cualquier país civilizado y se da por descontado que su ejercicio debe ser respetado, menos en Cuba.
Además, la resolución de Ginebra, que fue apoyada por Nicaragua, deplora las condenas a largas penas de prisión impuestas el año pasado a 75 disidentes y periodistas independientes, sólo porque se atrevieron a informar y opinar de manera independiente del partido comunista y del régimen cubano, el único y último Estado totalitario en el hemisferio occidental y uno de los pocos que quedan en todo el planeta.
La resolución de la Comisión de Ginebra sobre la violación de los derechos humanos en Cuba señala también que todos los ciudadanos cubanos deben tener derecho a juicios justos e imparciales, y pide al gobierno de Fidel Castro que lleve a cabo “un diálogo fructífero con los diferentes grupos políticos y sectores de la sociedad para impulsar el desarrollo de las instituciones democráticas y las libertades civiles”.
O sea que en la resolución de Ginebra no se dice nada que sea mentira e injusto. Y además es una obligación de derecho internacional velar por el respeto a las normas de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de la que Cuba forma parte y por lo tanto tiene también la obligación de respetarlas.
La resolución sobre Cuba no es nada del otro mundo. Más bien es tímida pues ni siquiera se atreve a expresar de manera explícita la solidaridad con las víctimas cubanas de las violaciones a los derechos humanos, y mucho menos que exija la liberación inmediata de los prisioneros políticos y de conciencia que están sometidos a humillantes condiciones carcelarias, en presidios alejados de los domicilios de sus parientes.
Sin embargo la reacción del gobierno comunista de Cuba y de sus partidarios en Nicaragua y otros países ha sido virulenta, característica de los regímenes y personas intolerantes y represivas.
En realidad, si no fuera cierto que el régimen de Cuba viola los derechos humanos, ni que hay en ese país presos políticos y de opinión, sino que éstos son criminales, ¿por qué entonces el gobierno de Fidel Castro no permite que llegue al país la misión internacional encabezada por la representante del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, la magistrada francesa Christine Chanet, a quien se le ha encomendado investigar in situ las denuncias de violaciones de los derechos humanos?
Los partidarios nicaragüenses del régimen comunista de Fidel Castro acusan de “lacayos de Estados Unidos” a quienes promovieron y apoyan la resolución de la Comisión de Ginebra sobre la violación a los derechos humanos en Cuba; argumentan que es una ingratitud apoyar esa resolución contra un régimen como el de Fidel Castro que ha sido solidario con Nicaragua; y justifican la represión comunista contra los periodistas que ejercen su derecho humano elemental a informar y opinar de manera independiente, así como la falta de libertad en general, porque dicen que el pueblo cubano disfruta de los verdaderos derechos humanos que son los de la alimentación, la salud, la educación, la vivienda y el trabajo.
Pero si fuera cierto que el pueblo cubano vive en un paraíso, el Gobierno no impediría a la gente viajar libremente y marcharse al extranjero cuando quiera. Además, aunque hubiera un paraíso social en Cuba eso no justifica coartar la libertad ni impedir el ejercicio de los derechos individuales de ningún ser humano.
En todo caso, lo importante es que mediante la resolución aprobada ayer en Ginebra la comunidad internacional condena la violación a los derechos humanos en Cuba. Y esto es un aliento moral a quienes guardan cárcel allí y sufren toda clase de vejaciones, debido a su lucha por la libertad que un día no lejano brillará para todos en ese hermoso pero desdichado país.