Francisco Gaitán Vela fgaitá[email protected]
Soy nicaragüense, nací en Puerto Cabezas (Atlántico Norte) y fui criado en la desembocadura del río Coco o Wankí. Hace cuarenta años abandoné mi Patria y añoro sus bellezas naturales, su inmensidad, sus grandes ríos y extensas y ricas llanuras, y su bella y multiétnica amalgama de razas. Pero también me duele la feroz depredación de sus recursos naturales por parte de propios y extraños, y siempre en contubernio con los gobiernos en turno que solamente se acuerdan que existe en ocasión de las campañas electorales, cuando derrochan promesas demagógicas que nunca cumplen.
En mi adolescencia crucé el río Wankí de una ribera a la otra, caminando sobre gigantescas y centenarias tucas de caoba que, sujetas con argollas y cables de acero, cubrían todo lo ancho del gran río y se extendían a lo largo de varios kilómetros aguas arriba. Si partimos del hecho histórico de que la explotación maderera y minera en la Costa Atlántica se inició aproximadamente por el año 1875, son incontables las inmensas riquezas que alimentaron las fortunas de los grandes capitanes de industria en la “gran nación del Norte”, pero también de los gamonales criollos y sus aliados costeños: Brautigham, Campbell, Chang, Hodgson, Moody, Rener, Sinclair, Tejada, etc.
Leí con interés el magnífico reportaje sobre la corrupción en la Costa Atlántica, pero no se menciona el caso de la venta a precio de “guate mojado” de la flota pesquera del Estado (confiscada al somocismo), que el señor Alvin Guthrie, ex gobernador de la RAAS, prácticamente regaló a sus amigos o “socios” de Bluefields. No hay que extrañarse por la falta de interés de los responsables de administrar la justicia en Managua. Éstos y los de allá son zorros del mismo piñal.