- Falta de agua fue la supuesta causa del deterioro comercial
Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/CARAZO.
Las pipas que llevan agua al balneario La Boquita no llegaron durante la Semana Mayor, lo que ahuyentó la presencia de turistas a los restaurantes, según criterio de algunos afectados, quienes dijeron que hasta hubo intenciones de cerrar varios establecimientos por no prestar las condiciones necesarias para atender al público.
Margarita Avilés Portocarrero, administradora del Hotel Palmas del Mar, se quejó de que las pipas que acostumbran llevar el agua a dicho balneario, esta Semana Santa no ingresaron porque el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur) les cobró la entrada al lugar y los piperos se vieron obligados a retirarse sin dejar el agua, afectando directamente a miles de familias que ahí habitan y a los negocios establecidos.
Oscar Perez, responsable de los centros turísticos administrados por el Intur, explicó a LA PRENSA que el problema del agua se generó porque el agua del pozo instalado en el balneario no cumplía, según el Ministerio de Salud (Minsa) con los requisitos sanitarios.
“Se tuvo que instalar, por solicitud del Minsa, un clorinador de agua, pero los encargados de dosificar el cloro (Enacal) no lo hicieron y eso provocó el desabastecimiento”, señaló el funcionario.
Sin embargo, aclaró que se dejó entrar sin costo alguno a las pipas privadas para abastecer a los comerciantes y además se logró coordinar con los Bomberos para abastecer un par de pipas de manera gratuita.
El domingo se pudo observar poca presencia de bañistas en este balneario y los consultados dijeron que se debió a la falta del vital líquido. “Sin agua no podemos vender alimentos, no se puede ofrecer un buen servicio,” dijo Rosa Avilés, quien además aseguró que el local cerró la piscina por esa razón.
Según explicó, el Ministerio de Salud, les advirtió que podían cerrar el local por no contar con agua para atender al público. La quejosa señaló que se las ingeniaron para atender con las pocas reservas que tenía el hotel, pero lamentó que esto le dejó cuantiosas pérdidas y deudas al local.
Consideró que así como el Minsa exige que los dueños de restaurantes y trabajadores se realicen exámenes de laboratorio como requisito para trabajar, también Intur debe apoyar para promover el lugar.
Otro de los sectores afectados fueron las mujeres que venden pescado en la playa, las que también se quejaron de las malas ventas. Lilliam Romero, señaló que no vendió nada este verano, tras explicar que la pesca estuvo rala.
La mujer también resintió la falta de agua y asegura que el benemérito Cuerpo de Bomberos abasteció del vital líquido a varias familias. Las mujeres que llevaron sus ventas de jocote y sandía, también se quejaron de las malas ventas que no compensaron el sacrificio de dormir a la intemperie por varias noches.
El niño Rafael Baltodano, de 12 años, que trabajó ofertando paseos a caballo sobre la arena, también lamentó la mala temporada. El domingo en horas del mediodía sólo había hecho diez córdobas, lo que equivale a un paseo de 15 minutos. El pequeño dijo que en tiempos buenos logra 100 córdobas al día.