- Cada año, en Viernes Santo, diez calles del barrio indígena de Sutiaba son tapizadas por estas singulares alfombras
Angélica Martínez R.
Aserrín, agua, anilina, flores y hasta cuentas de vidrio. Éstos son sólo algunos de los elementos que los artistas de Sutiaba utilizan en la confección de las alfombras pasionarias que tapizan las calles por donde pasa la procesión del Santo Entierro, en León.
Las imágenes dibujadas en estas obras de arte temporales representan pasajes bíblicos que rememoran la pasión de Cristo. Pero este año, algunas sólo hicieron referencia a iconos religiosos como la cruz, el cáliz, la corona de espinas o simplemente el rostro del Señor. Sin embargo, el objetivo es el mismo: rendirle homenaje a Él.
ATRACTIVO TURÍSTICO
Cada alfombra se comienza a elaborar desde el mediodía del propio Viernes Santo, a partir de la segunda calle sur del populoso barrio indígena, para que los pobladores y turistas las puedan admirar al finalizar la tarde.
En cada una trabajan de dos a seis personas, dependiendo del tamaño que vaya a tener y se invierten de uno a tres sacos de aserrín.
La procesión del Santo Entierro sale de la Iglesia San Juan Bautista, en Sutiaba, a eso de las nueve de la noche, seguida por la feligresía leonesa.
Entre cantos y oraciones la procesión recorre las 49 manzanas que conforman el barrio, para finalizar en “la calle de las alfombras”. Este año fue notorio el reducido número de alfombras (aproximadamente unas treinta) que cubrieron la avenida, en comparación con otros años que han sido más de cien.
Según Federico Quezada, uno de los artistas con más de 15 años de participar de esta devoción, el motivo es que “salen muy caras. Entre 400 y 800 córdobas cada una. Por eso algunas familias se unen para costear los gastos y en lugar de dos o tres alfombras hacen una sola”.
Don Francisco Martínez dice que “el calco de cada imagen viene de la cabeza” y no se ayudan de dibujos sobre papel.
Otras ciudades centroamericanas en donde se elaboran las creativas alfombras son Ciudad Antigua, en Guatemala y Cartago, en Costa Rica. Por este motivo los historiadores nacionales no se ponen de acuerdo en cuanto a la forma en que esta tradición llegó a Nicaragua.
Mientras unos aseguran que fueron los españoles en tiempos de la Colonia, otros piensan que las alfombras fueron traídas por inmigrantes guatemaltecos, antes de la Independencia, cuando Guatemala era aún la Capitanía General de Centroamérica.
ASERRIN ECOLOGICO PERMANENTE
Conservar en el tiempo cada una de las imágenes dibujadas en el suelo es el propósito de don Federico Quezada.
“Me parecía una verdadera lástima que cada año se perdieran esas obras de arte, así que me dediqué a reproducirlas en retablos de diferentes tamaños para que sus diseñadores las tuvieran de recuerdo, pero después me di cuenta de que al turista también le interesaba”.
Esta imaginativa técnica para perpetuar las tradicionales alfombras pasionarias es llamada por su creador aserrín ecológico permanente. “Ecológico, porque la materia prima es el aserrín y permanente porque a diferencia de las alfombras, este retablo puede durar años”, explicó.