Platón y nuestras instituciones

Eddy P. Macías Carvajal*

Platón en su emblemática obra La República, dice entre otras cosas: “y si hay alguna sociedad en que los magistrados tengan la misma opinión acerca de lo que deben mandar, es seguramente la nuestra. Qué te parece. No dudo de eso, contestó el interlocutor. Cuando los miembros de la sociedad están así de acuerdo ¿en quiénes dirá que reside la templanza, en los que mandan o en los que obedecen? En unos y en otros”.

Dicho párrafo explica por sí solo la verdadera intención de hacer política y la politiquería que carcome los cimientos de las estructuras institucionales desde la vacilante actitud asumida por un ministro de Gobernación dizque dice ser abogado y el cinismo de parlamentarios que no hacen nada desde hace tres meses, hasta una Corte Suprema de Justicia inmóvil desde hace seis meses y negociando los cargos tras bambalinas; la actitud de un magistrado liberal apostando a una curul en la Corte Centroamericana de Justicia; un tribunal de apelaciones dictando de manera oficial dos resoluciones relacionadas con un presunto malversador de caudales públicos, ex mandatario de la República y situado entre los primeros diez ex Presidentes del mundo como saqueadores del erario de un país; las amenazas de una ex Primera Dama vociferando hacia aquellos oficiales que participaron en el traslado de su ex marido a un régimen penitenciario; un soberano presidente del Poder Electoral soportando una pesada influencia maculada y solemne con olor a pintura púrpura haciendo chacuatol del manejo público; diputados haciendo emulación a los campeones mundiales de boxeo; una y unas administradoras de justicia protestando de forma pacífica por sentirse aludidos por la mentada Ley de Carrera Judicial, recurriendo de amparo ante una ley que todavía no se ha formado, una alta funcionaria del órgano fiscal presentándose ante una víctima de la violencia y proceder a realizar las investigaciones pertinentes ante la presunción de acto punitivo y político por sus características; sobreseimiento definitivo a quienes delinquen de forma contundente y a falta aparente de pruebas son liberados de la manera más eficiente en materia de administración de justicia; un acusado de presunta estafa y bancarrota de una entidad bancaria gozando de permiso domiciliar hasta por 15 días consecutivos.

Hay reos que no gozan de la figura jurídica valetudinario y que languidecen tras las rejas en los sistemas penitenciarios cargados con las estelas de muerte en sus hombros (VIH, tuberculosis, longevidad) por sus actos ilícitos cometidos contra la sociedad y ser indigentes; altos jefes policiales declarando la práctica de entrega parte de droga incautada a los traficantes y expendedores, un juez dictando sentencia sin tener título de notario público y un magistrado defendiendo dicha posición que no importa si tiene título o no para ejercer como judicial, un Presidente de la República asumiendo posiciones dualistas en contra de la corrupción, diputados sandinistas asumiendo respeto pleno a los preceptores constitucionales de harta manera, citando artículos relacionados con fallos y resoluciones de los tribunales en la ineludibilidad de su cumplimiento por parte del Estado, como si la susodicha ley de carrera judicial ya estuviera formada.

Mi padre al respecto, decía: primero para llorar en un funeral debe existir el fallecido, es decir debe estar vivo para que muera. Una sentencia dictada a favor de una empresa dictando cumplimiento de sentencia firme hacia una institución estatal, sin negar la falta de capacidad técnica en los defensores de la entidad del Estado para hacerlo en tiempo, la omisión de los tribunales de justicia de una antigua ley publicada en 1913 para salvaguardar los bienes del Estado enfatizando en la inembargabilidad de los mismos. La ley es como el cuchillo, no ofende a quien lo maneja o es tela de araña que rompe el bicho grande y que sólo enreda a los chicos. Platón sostiene: “Vuelves mi querido amigo a olvidar que el legislador no debe proponerse por objeto la felicidad de una determinada clase de ciudadanos con exclusión de los demás, sino la felicidad de todos; que a este fin debe unirse a todos los ciudadanos en los mismos intereses”.

* El autor es licenciado en administración de empresas

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