El Señor que vive y triunfa

Daniel Aragón [email protected]

La esperanza emergió como rugido de león en una mezcla de dolor-felicidad, tristeza-alegría, derrota-victoria, perdón y misericordia. ¿Qué ha pasado en nuestras vidas? ¡Qué pronto cambió nuestro lamento en baile, nuestro llanto en risa, nuestra muerte en vida! Una semilla parió con su muerte y su dolor refulgente la vida y ésta brotó del sepulcro y ascendió fuerte, vigorosa, reluciente, magnífica y nos bañó con su luz a todos por igual. ¿Por qué esta luz más brillante que el sol, en vez de cegarte te da mejor visión? ¿por qué en vez de dañarte te da salud? ¿por qué en vez de intranquilizarte te da paz? ¿por qué en vez de temerle, te da seguridad? ¿por qué en vez de enojarnos hace nacer en nosotros el amor? ¡Porque esa luz que se alza hacia los cielos es Cristo el Señor! ¡Él vive! ¡Él vive! ¡Él vive!

“Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Sal.16:10) “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Jn.2:19) “Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él” (Os.6:2) “Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen” (Sal.68:1)

Jesús el Cristo se levanta con Poder y Gloria; Cristo el Señor resucita; no ha muerto, nunca ha muerto realmente: “sorbida es la muerte en victoria”, y hay una explosión de flores en el mundo; los ríos se llenan con la risa de los niños que confían en Él. Cristo se levanta como se levanta el barrilete de esperanzas de Juancito, un niño de Cedro Galán que lucha contra la ignorancia y cuya felicidad pende del hilo y su cometa. Mi Dios se levanta como se levantan los sueños de mi pueblo por ver una sociedad donde haya paz, trabajo y justicia. Mi Señor y Redentor se levanta como el sol de cada mañana que alumbra el paisaje volcánico de la cordillera de los Maribios; como el reflejo de las montañas en el agua de la Laguna de Apoyeque. Mi Sanador se levanta como levanta la madre de quince años para arropar en su regazo a su vástago recién parido. Su Resurrección tiene sabor a dulce sandía, a bananos de Ometepe, a mangos y jocotes celeques de la cosecha veranera, a rojos marañones en fresco, a piña puesta en rodajas por la mañana con un poquito de sal, al almíbar de la Mercedes que lo hace con atado de dulce. Cristo se levantó como se levanta el sol en las mañanas en Pochomil o tal como se yergue entre las montañas de Amerrisque; se alzó como alzan el vuelo las palomas de Castilla, o la San Nicolás, o como vuelan hacia el cielo las golondrinas, los patos silvestres, los zanates y los chocoyos y hasta los pijules, las garzas, los guardabarrancos y las saltapiñuelas. Cristo (y esto hay que gritarlo duro como nos decía Rugama y hay que decírselos a todos, para que todos los sepan): Resucitó y ascendió a los cielos, ¡Él vive! ¡Él vive! ¡Él vive!

Hay que contárselo a los desamparados y oprimidos, a los que viven sometidos, a los explotados y olvidados, a los jóvenes, a los ancianos, a los niños y a los adultos, a los que luchan, a lo que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los perseguidos y a los débiles, al millón de niños que se quedaron sin estudiar este año (aunque el Gobierno dice que sólo son 750,000). Díganselo a los hombres y a las mujeres de tu pueblo y a los de mi pueblo: Cristo Vive, y por eso hay vida y esperanza! ¿Acaso hay dolor en volver a vivir? ¿trae dolor la Resurrección? No, el dolor y la muerte lo sufrió mi Señor y hoy ya no hay dolor, el dolor se ha esparcido, se ha disipado, se ha esfumado; ya no hay más muerte, la muerte ha muerto en nosotros. Hoy puedo ver que la vida se ha apoderado de nuestras vidas y podremos llorar por la felicidad, alegrarnos en las tristezas, hacer fiestas en los velorios, triunfar en la derrota; podemos vivir realmente, porque tenemos vida… ¡y vida en abundancia!

El autor es pastor y director del Colegio Cristiano Monte Hermón.

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