La simbología de los Iconos

Renée de Ramírez

La palabra Icono se origina de la palabra griega E I K WV que significa retrato o rostro. El escritor del Icóno redescubre la visión humana interna y la inspiración cristiana hablando el idioma del Antiguo Testamento. La palabra Iglesia se origina del griego E k k l i d i a, que significa reunión o encuentro, y este nombre, según San Cirilo de Jerusalén, es el llamado que une a todas las gentes sin diferencia de origen, raza, color. La palabra Katholika es también de origen griego y significa universal. Pero la Iklesia significa también el cuerpo de Cristo y su Reino es construido en la comunicación de los fieles. El templo es la imagen y el Icóno es la Iglesia que es el cuerpo de Cristo, Invisible, Indivisible.

Dice Cristo mismo: “La Iglesia es el Reino de Dios que no es de este mundo”. Por lo cual el Icono tiene su propia naturaleza, distinta al arte social y con otras verdades y propósitos.

Dice el Antiguo Testamento: “Nadie ha visto a Dios; sólo se ha oído su voz y escuchado su Palabra ”. Dice San Juan Damasceno: “Descubre y encuentra una señal para el futuro en el ver y representar a Dios, que viene encarnado. Ese será limitado en cantidad y variedad, revestido de imagen y carne, escrito pintado y exhibido para reflexionar, observar, sincerizar al que deseosamente se le parece”.

La relación ontológica entre la Imagen y el cristianismo es la base del relato a través del cual la Iglesia promueve el cristianismo con la palabra de la imagen. El Icono es llamado “la liturgia en imágenes de la misma simbología, seriedad, solemnidad y profundidad”.

Las primeras manifestaciones de Icono –pinturas cristianas– aparecen en las cuevas-catacumbas de Alejandría, Egipto, descubiertas en el año 1864, y repiten temas de Siria y Mesopotamia, al igual que en las catacumbas romanas paleocristianas. Indudablemente llevan un sello del arte copto de un proceso de arte esquemático, análogo de la escultura pero limitado en la pintura cromática de colores básicos como amarillo, rojo, azul. A través del Icono los cristianos tratan de expresar no sólo las características humanas visibles, sino lo invisible para el ojo humano, lo espiritual que está en el contenido de la imagen. Para ello hacen uso de símbolos paganos, temas de la mitología griega y romana, pero con nuevo contenido que cambia la forma. El arte de las catacumbas enseña la fe religiosa a los cristianos creando una lengua de símbolos bíblicos, como el pan y el arca, pero como ingresan muchos paganos que no entienden, inician el uso de símbolos del arte copto,pero purificándolos y dándoles un nuevo significado.

El Buen Pastor aparece en las catacumbas Domitilia de Roma, con un gran significado en el Cordero basado en los textos bíblicos de Ezequiel (Salmo 34 ) y David (Salmo 22) que representan a Israel como un rebaño de ovejas, cuyo Pastor es Dios. Cristo, hablando para sí lo generaliza: Yo Soy el Buen Pastor Jn. 10:14 – El Buen Pastor –Dios encarnado en Cristo– carga en sus hombros la oveja perdida, caída en el pecado para ser salvada.

Cristo Orpheos de la mitología griega es pintado al mismo estilo artístico, rodeado de arbustos de la vid y aves que pican sus frutos. La simbología es clara: igual que Orpheos con su lira en mano apaciguaba a los animales salvajes de las montañas y árboles y hacía magia con su música, Cristo atrae a los hombres con su palabra divina con la que subordina y domina hasta las fuerzas de la Naturaleza.

La vid (San Juan 15:4-5). Así como la ramita sola no da frutos, si no está la vid, así ustedes si no está la vid –Iglesia– y las ramitas –los fieles– no estarán. La vid da uvas que dan el vino, símbolo de la Santa Eucaristía, y tal como Cristo derramó su sangre. Las aves que salpican las uvas son símbolo del Espíritu de los cristianos que viven y se nutren del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de su Palabra. Según el Antiguo Testamento la vid fue llevada a Canáan por los enviados de Moisés, como símbolo de la Tierra Prometida. En el Nuevo Testamento es el símbolo del Paraíso, de la Tierra Prometida para aquellos que comulgan con la Sangre y el Cuerpo de Cristo.

El Pescado. La simbología es la más antigua de la fe en una sola palabra. Pintado en las catacumbas está un barco que es llevado por un pescado, pan y agua. El barco es el símbolo de la Iglesia que descansa sobre Cristo, su fundador, y es rodeado por pequeños pescaditos, símbolo de los cristianos. El pescado nos induce a pensar en el agua, símbolo de la conversión al cristianismo que celebra el santo bautizo. El pan es la comunión y los apóstoles que usan el agua en su enseña evangelizadora de la que comen y beben los cristianos.

Cabezas helenísticas, manos, estrella y papiros. Están pintadas en las catacumbas Priscila de Roma, conocida como La Epifanía de los Reyes Magos, y en las catacumbas de San Sebastián, del siglo IV, conocidas como El Nacimiento. Todos los personajes llevan el sello del arte helenístico de Grecia, cabezas con cabello enrizado, rostros bellos.

En las catacumbas los artistas cristianos a menudo pintan la Imagen de la Virgen con las manos en gesto de rezo, que simbolizan su papel de abogar rezando por los hombres. En esta pose está pintada también en el fondo del Santo Grial.

En la pintura de la Virgen con el Niño y un Ángel, profeta al estilo muy helenístico griego, la estrella sobre la cabeza de la Virgen señala que no es cualquier mujer con niño, sino que es la Madre de Dios –Theotokos–. El profeta sostiene un papiro o un pequeño libro, símbolo de las profecías, y su mano señala la estrella encima de la cabeza de la Madre de Dios. El arte de esta iconografía no está aislado de la vida y habla la lengua artística de la época paleocristiana.

En el arte paleocristiano la conexión con la vida está en los gestos: las manos, el cordero, la vid, pescado, agua, pan y otros símbolos. Es un arte reducido hasta el mínimo de detalles pictóricos que lo ubica en el arte del expresionismo, alcanzando al máximo el éxito de la forma clásica que caracteriza la iconografía de la Ortodoxia. El artista–escritor tenía que dar a sus obras simplicidad pero con un profundo contenido de simbología posible para la comprensión sólo para los que están introducidos al cristianismo. El escritor purifica todos los elementos de lo individual y su nombre queda en el anonimato.

Tenía que dar a los ojos y el cuerpo una expresión espiritual, clara, precisa y exacta. Pero paulatinamente el pintor se libera de la expresión naturalística del espacio, tan característica del arte romano de la época. No hay profundidad, dimensionalidad y sombras, hay destellos de luz, iluminación divina. Los personajes siempre están de cara al espectador transmitiéndoles un estado anímico que los induce a rezar y reflexionar. Lo básico no es la acción mutua de la imagen del icono, sino su comunicación espiritual con el espectador.

La pura simbología paleocristiana de los objetos y los acontecimientos, como pescado, vid, barco, cordero, estrella, papiro, son adoptados y canonizados por la Iglesia Ortodoxa Católica Cristiana.

El arte paleocristiano era litúrgico y dogmático, que encarna una orientación espiritual de la Iglesia. Una de las características típicas del arte grecorromano era el naturalismo en su aspiración de reproducir exactamente lo visible con una técnica de alta precisión. A cambio el arte paleocristiano se libera completamente del naturalismo, pero hereda la precisión, que los define así: espacio cortado, figuras planas, contornos subrayados, las cabezas miran en la misma línea, cuerpos sin carne y peso que no buscan imitación a lo que el ojo ve y no dan ilusión a la actual realidad.

El ingreso masivo de nuevos cristianos en los siglos IV y V hace necesario el uso de nuevas simbologías que representan ya escenas de actos históricos y reflejan acontecimientos del Antiguo y Nuevo Testamento, pero continúan utilizando la simbología del escritor paleocristiano.

La autora es Vicepresidenta de Fundarte.

Editorial
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