La empresaria de la manta

Amena, divertida, pícara, extrovertida, amable, optimista, emprendedora, cantante, diseñadora, esposa enamorada, madre, abuela, empresaria, campesina, anfitriona de primera, cristiana, muy humana y franca. Aura Rayo se ha convertido en la empresaria de la manta con productos de vestir que mensualmente vende en las ferias artesanales que se instalan en Metrocentro. Está creciendo como la espuma. […]

  • Amena, divertida, pícara, extrovertida, amable, optimista, emprendedora, cantante, diseñadora, esposa enamorada, madre, abuela, empresaria, campesina, anfitriona de primera, cristiana, muy humana y franca. Aura Rayo se ha convertido en la empresaria de la manta con productos de vestir que mensualmente vende en las ferias artesanales que se instalan en Metrocentro.
    Está creciendo como la espuma.

Gustavo Ortega Campos

ESTELÍ.- Indudablemente el optimismo es algo que se transmite, y eso es lo que vive haciendo Aura Benavides, conocida como Aura Rayo, por el apellido de su esposo. Nacida en Estelí hace 47 años, esta diseñadora de modas ha logrado el éxito sin proponérselo y es algo a lo que aún no se acostumbra.

A la fecha no se acomoda a las actividades gerenciales, no cuenta con una contabilidad organizada, pero no sigue dudando en mercadear sus productos con una peculiar manera que dice que heredó de su padre, que recientemente cumplió los 80 años.

Esta “conversada” se realizó en los frescos corredores de su casa de campo, ubicada en la comunidad El Dorado, en las inmediaciones del kilómetro 157 carretera hacia Condega.

Además de ser diseñadora de modas, también se ha encargado de darle un toque bastante original a su finca y su casa en la entrada de Estelí, que asemeja un castillo medieval; particularmente esta última obra sorprende por su originalidad y estilo.

—Ha logrado el éxito en su ramo, ¿a qué cree que se debe?

— No pude graduarme de la Normal por casarme, me hubiera encantado ser sicóloga, una serie de cosas bonitas que me imaginé y ahora pienso que todo lo que me hubiera imaginado lo puedo hacer porque a pesar de no tener una formación académica, siento esa vena para los negocios que creo que heredé de mi papá, el es comerciante nato, lo que pasa que con la responsabilidad grande que tenía (doce hijos) no era posible que se convirtiera en empresario… como no seguí estudiando y me dediqué a mis hijos pensé que podría abrirme campo en el mundo de los negocios…

—¿Entonces fue una decisión tajante: me hago empresaria de la moda y listo?

— No, fue circunstancial, en 1981 tuvimos que irnos a Costa Rica a trabajar, más bien mi esposo, yo estaba siempre en la casa y me encontré con nicaragüenses que se acababan de ir por la revolución, me encontré con dos personas que cosían, hacían cosas bonitas y a mí me entró esa curiosidad, habían cursos en una universidad de Alajuela, eran cursos libres, no se pagaba ni un centavo, eran cursos de confección, de diseño, entonces yo iba, no eran para hacer diseñadores de carrera… hice un grupito con esas dos personas que ellas producían pero que no tenían características absolutas para la venta, entonces ellas me llevaban todo lo que producía y yo me encargaba de venderlo, algunas cosas se quedaban y yo pensaba que era por la forma en que eran diseñadas y ya me entró a mí la idea de expresarle mis ideas a ellas para que re elaboraran los productos, entonces se me comenzó a desarrollar la mente en los diseños y con los cursitos recibidos ya tenía algunas ideas…

—Pasó de vendedora a diseñadora…

— Ellas empezaron a hacerme la ropa, no hacían lo que ellas querían, yo dirigía y ellas hacían lo que yo pensaba que se podía vender, en Costa Rica además del diseño me funcionaron las relaciones, creo que soy una persona bien accesible con la gente y todo el mundo tiene para mí importancia, y comencé a hacer relaciones al punto que competí con los mejores diseñadores de Costa Rica, ellos son gente organizada donde van escalando a través de exposiciones y concursos, hice desfiles de moda en los mejores hoteles de Costa Rica, me relacioné con los mejores diseñadores, inicialmente me asocié con un joven que tenía una academia de modelaje y además una fábrica de ropa que exportaba a México, yo le trabajaba a él, pero tuvo que irse y me quedé sola, en Alajuela, donde viví 10 años, toda la persona que se vestía se vestía con Aura.

—¿No enfrentó desdenes por ser nica?

— Fíjese que ese asunto de la xenofobia contra los nicas que se habla de los ticos, yo pienso que es parte de lo que nosotros hemos llegado a demostrar, porque yo tuve una gran aceptación, a mí nadie me dijo le vamos a cerrar las puertas de su tienda porque es nicaragüense, yo siempre me comporté, hice las cosas bien, eduqué bien a mis hijos, no incurrí en faltas y la gente fue maravillosa conmigo…

—Nos enteramos de que además de diseñadora tiene dotes de asesora de imagen…

— (Risas), yo empecé dándoles tips a la gente de cómo vestirse, dependiendo de su complexión física, y gané una confianza increíble con la gente al punto que me llamaban por teléfono y me decían: “Aura voy a una fiesta a las 7:00 p.m., es en tal lugar, haceme lo que creás conveniente para esa ocasión” y así comenzó el asunto…

—Tuvo suerte de sobrevivir en Costa Rica si se compara con otros miles de compatriotas…

— Costa Rica es caro, no teníamos para comprar una casa, así que debíamos pagar la renta, había que pagar estudios de los hijos, ese fue mi objetivo, que estudiaran en lo mejor, entonces el esfuerzo del éxito fue para la educación de ellos, en 1990 decidimos regresar, no traíamos nada y me involucré en 1992 en los concursos de Miss Nicaragua, mi hija participó ese año y eso me emocionó más, fue el año que ganó Ida Patricia Delaney, en ese año me di a conocer porque mi hija tuvo el mejor vestido de la noche, claro era mi hija y me esmeré, de ahí vino el inicio, esa fue la carta de presentación…

—¿Empezó con vestuario en general o de un inicio se lanzó a los diseños con manta que le han dado tanta fama como empresaria?

— El asunto de la manta tiene apenas seis meses. El problema que veo es que siempre debí necesitar una orientación administrativa, porque yo soy muy emotiva y tengo la capacidad de crear muchas cosas pero el problema que tengo es que no soy organizada y siempre he querido ser autónoma, me han aparecido muchas oportunidades para trabajar manejada pero yo no soy accesible, el problema es que yo no me he impuesto una empresa, sino simplemente he andado con emociones, ahorita con esto de la manta, de la creatividad, recopilación de tradiciones, he sentido que el movimiento ha sido más emocional en el rescate de la identidad nacional… yo me siento orgullosa de este país y todas las personas deberíamos inyectar un mínimo de tiempo para levantar el concepto de la autoestima y nos sintamos orgullosos de este pueblo.

—¿No cree usted que la debilidad administrativa le ha mermado el éxito económico?

— Esa es mi parte, he estado con la idea de conformar una empresita, yo lo he sentido, por ejemplo no tengo ese orden de llevar cuentas, de llevar una contabilidad, yo llego a Metrocentro (una vez al mes) y vendo 20 mil pesos, llego a las 9:00 a.m. y a las 7:00 p.m. ya tengo 20 mil pesos encima, y tengo un poder de convencimiento increíble y no vendo nada feo, toda la gente me dice que ponga una tienda…

—¿Y lo va a hacer?

— Ese es el proyecto, pero no lo había hecho porque la cuestión económica la distribuía en diferentes cosas: mi hijo me pedía un postgrado y le decía tome y váyase, la otra me decía mamá quiero hacer tal cosa, entonces hagámoslo y ya, yo pienso que eso no me ha permitido tener una organización estable, pero a estas alturas veo la aceptación y creo que esto puede ser grande, porque ha sido una avalancha, yo pensaba que iba a hacer siete o diez cotonas, que iban a venir los cheles y les iba a vender a ellos, y no ha sido así, ellos me compran, pero los nicas me compran también, el chavalero se las miden, se las ponen, y dicen: loco esta (camisa) para un jeans me queda salvaje y yo ahí los mudo a media calle porque estoy en la acera en un solazo terrible…

—¿A todos los artesanos que exponen les va igual de exitoso?

— Eso es lo que me mata, yo me he querido sentir artesana, no sé si eso será una baja autoestima o no sé que sea, tengo otros tipos de cosas que me satisfacen, ahí está una gente que usted se muere, vienen de Chinandega que traen collarcitos de barro en 25 córdobas y que no venden ni uno por la falta de capacidad de venta y les han inyectado en la mente que es asunto del productor al consumidor, pero aunque vendas una manzana que sea la más divina, pero si no tenés esa chispa no la vendés, ahí hay gente que viene a pasar hambre y eso me mata, ahí se vive la solidaridad, yo no tengo orden en el dinero, voy vendiendo y meto los buyules (el dinero), y meto los buyules y veo a una señora y le pregunto que si ya comió y nos sentamos en una acera y comemos ahí… eso de las facturas no lo tengo, me comí un gallo pinto y eso se reporta, jodido! ¿Y si le regalé siete gallo pintos a los otros?, pero eso es parte de la gerencia, creo que por eso es que tal vez no he llegado a la cosa del orden…

—¿En algún momento no se ha interesado estar más cerca de las clases con mayores ingresos?

— Esa gente no te da satisfacciones personales porque llegan y te dicen: “Me quedó feo” sólo para que se lo vendás más barato, pero ellas saben que les quedó lindo, entonces no hay sinceridad, generalmente no he tenido que reparar algo, mis clientas se iban vestidas de mi casa… yo ahí no mas les llamaba a la muchacha que les arreglaba el pelo y ya se iban mudadas de mi casa o las hallaba con una ropa que no les iba y les decía: “¿pero por qué andás así hoy? Vos andás depresiva, andá cambiate esa ropa..y les daba la mudada” eso no era regalado, era de venta, en eso creo que salí a mi papá, es una locura pero una locura bonita, porque le voy a decir una cosa, me voy a organizar y voy a hacer una administración…

—Pero no termina de explicarnos por qué no se ha lanzado al segmento de mayor poder adquisitivo…

— Hay mucha frivolidad, son créditos para personas que no lo necesitan y trabajar con el esfuerzo enorme que yo hacía, estar en Managua con ese calor insoportable, siendo aquí de Estelí, eso cuesta… ah bueno, te devolvían la ropa usada con cuentos como que “fijate que no me lo puse porque mi marido me trajo uno (un traje)” y lo entregaban con el poco de (suciedad), no me sentía bien la verdad, trabajé con ellos y debo decir que no me fue mal, pero ésta es la mejor etapa y es lo más bonito que yo he hecho.

—Usted dice que ahora está en una nueva etapa…

—Definitivamente que sí, hasta inglés me ha tocado aprender, hablo con los turistas, aunque sea una palabra yo la digo, no me da pena, cotton, cotton, cotton (algodón) y les señalo los productos, ¡esto es cotton!!!, uan jandre cotton (one hundred que en inglés significa cien), lo que voy recordando lo digo, no hay nadie que se arrime y no compre.

CAMPESINA

De padres campesinos, ambos aún vivos.

Nació en Estelí un 17 de diciembre, hace 47 años.

Es una de las dos mujeres de un total de doce hermanos.

Estudió en la Escuela Normal de Estelí, cuyos estudios no finalizó.

Tiene tres hijos. Dos varones y una mujer.

Rescate cultural

Aura Rayo ha sido la promotora de rescatar la indumentaria tradicional de los campesinos estelianos, al punto que logró que se emitiera un decreto que define el rescate de la cotona de manta norteña.

—¿Cómo surgió la idea de trabajar en la manta?

— De toda la vida porque siempre estoy en contacto con mi papá, ahorita se hizo un decreto aquí en Estelí, el decreto de la cotona de principio de siglo yo la rescaté, mi papá miraba a su abuelo, mi papá tiene 80 años, miraba su abuelo y a su papá con la cotona de manta con el botón aquí (hace un gesto señalándose el hombro izquierdo), con su manga tres cuartas y yo traté de ponerle una plasta que dice Estelí, diamante de Las Segovias y con las piedras pintadas que tenemos que son jeroglíficos, se las puse bordada, aquí se hizo el decreto de la cotona con el logotipo Estelí para rescatar el pueblo… en un reciente festival donde participaron unos 400 campesinos, todos andaban uniformados.

—¿Dónde la consigue?

— Antes en Nicaragua teníamos hilados y tejidos, pero desaparecieron, ahora está viniendo una manta de Guatemala que es idéntica a la que se usaba aquí en esos tiempos, yo le hago un procedimiento: lavarla para que quede fruncidita, queda porosa y tratar de no estar esquematizando las prendas de vestir… la manta puede usarla todo el mundo, sobre todo en este clima, entonces me puse a hacer camisas de varón, saqué la guayabera, que no fueran esas anchuras como las del doctor ponzoña, hago pantalones de cordón, ropa con detallitos y ha sido como locura.

—Se nota que usted sola mercadea sus obras…

— Claro!!, yo me voy ataviada con mis creaciones y me encajo los chiringos que venden las otras artesanas para ayudarles a vender, collares, pulseras…

—¿Siempre maneja ese optimismo a flor de piel?

— No hay cosa más linda que la conciencia, la conciencia no te deja vivir, si estás haciendo daño no podés vivir tranquilo, yo me acuesto feliz a pierna suelta, me tienen que ir a levantar, usted viera… yo soy así, no tengo problemas con nadie.

—¿Quién confecciona las prendas?

— Un grupo de mujeres a las que les he ayudado para que adquieran las máquinas en sus casas para que estén cerca de sus hijos, las reúno para cortar y trazar en mi casa, les doy las orientaciones. Así producen con más tranquilidad, ahorita tengo a cinco mujeres.

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