Lo político domina a lo jurídico

Guillermo Areas Cabrera

Falso o verdadero el hecho de que la orden de traslado del doctor Alemán de su casa-cárcel a la Modelo en Tipitapa se debe de manera específica a presiones para que determinado partido obtenga beneficios políticos y económicos, según denuncias del Gobierno y el PLC. No deja de llamar la atención que dichas decisiones judiciales sean tomadas en el momento en que se dan luchas internas por el poder en la rama judicial y asignaciones presupuestarias, aprobación de la Ley de Carrera Judicial, y ver cómo sus protectores de ayer se convierten en sus verdugos de hoy y viceversa.

Después de los acontecimientos de los últimos días, todo dentro de los procesos judiciales que se le siguen al doctor Alemán, no se puede dudar que en los mismos lo político predomina sobre lo jurídico y ha dejado al descubierto sin ropaje alguno el sometimiento del Poder Judicial a diferentes líderes políticos.

Es triste oír al vocero oficial de la Presidencia de la República pedirle al comandante Ortega que use de su influencia en el Poder Judicial para que se condene al doctor Alemán. No creo que el Señor Presidente de la República haya autorizado dicha solicitud. Por culpable o inocente que se crea que es una persona sometida a juicio, nadie por justa que se creyere la causa, puede solicitarle a persona alguna que use de su poder partidario e influencia en el Poder Judicial para condenar o absolver a alguien. Solicitante y solicitado, igual que la autoridad judicial que accediere estarían violando las leyes.

Culpable o no el doctor Alemán, descorazona ver cómo un juicio que debería ser ejemplo de transparencia en el Poder Judicial para sentar las bases legales de la lucha anticorrupción, ha servido únicamente para un mayor desprestigio de este Poder del Estado y confirmar al pueblo, sobre todo el liberal, la idea de que están ante un juicio político y no un juicio de Derecho, consolidando así la imagen de su líder ante sus correligionarios como uno crucificado por temor de sus adversarios, o rebeldía a someterse, y no por un acto de mera justicia.

¿Hasta dónde se llegará? ¿quién chantajea a quién? ¿conviene al país que las aprobaciones de leyes en la Asamblea sean llevadas a efecto por impulsos del corazón, revanchismo o alianzas políticas circunstanciales de acuerdo a intereses momentáneos y no a través de un proceso mental, racional y lógico que tenga como objetivo el bienestar del pueblo de Nicaragua y el establecimiento del Estado de Derecho que aún anhelamos todos los nicaragüenses?

El que Nicaragua salga adelante sólo depende de los nicaragüenses y hay que iniciar ese proceso de inmediato, pues de lo contrario nunca saldrá el país del atraso social, político y económico en el que se encuentra. De manera urgente se necesita el trato nacional que propone don Enrique, incluyendo como punto básico la elección de los diputados por el sistema uninominal.

Recordemos a los judíos liberados por Moisés de la esclavitud egipcia, y que el Señor mandó a deambular por el desierto durante 40 años hasta que fallecieran las generaciones nacidas y crecidas como esclavos y así llegar a la tierra prometida con un pueblo nuevo, vigoroso y con ansias de libertad. ¿Tendremos los nicaragüenses que pasar esa depuración?

Que el Señor tenga misericordia de este pueblo.

El autor es abogado y notario y administrador de empresas.

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