Después de la tormenta

Douglas Carcache

La semana pasada cerró con el mensaje optimista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de que ya pasó la tormenta económica en América Latina y el Caribe, que ahora viene la bonanza y la riqueza de la región crecerá hasta un cuatro por ciento.

Sin embargo, es importante recordar que el alivio que se percibe en algunos países latinoamericanos depende de las remesas familiares, que durante el 2003 sumaron 40 mil millones de dólares en la región, mostrando un incremento del 25 por ciento con relación al año anterior, según los mismos datos del BID.

Eso es bueno, pero tiene su límite; y países más pobres, como Nicaragua, necesitan aprovechar la bonanza o el equilibrio económico para incrementar sus exportaciones, ya que tarde o temprano las remesas llegarán a su tope.

Más habitantes tienen hoy asegurados los alimentos porque reciben dinero del exterior, pero el balance de las cuentas de la nación nicaragüense sigue deficitario. El año pasado exportó el equivalente a 600 millones de dólares y recibió como complemento 788 millones de dólares en remesas, de acuerdo a registros oficiales.

Sumados esos dos ingresos, reunió 1,388 millones de dólares, pero aún con esta cantidad quedaba en dificultades para cubrir su factura de gastos por importaciones, estimada en 1,700 millones de dólares.

¿Quién pagó entonces los más de 300 millones de dólares que hacían falta para quedar “tabla”, como decimos los nicas, sin pérdida ni ganancia? Sin duda que la cooperación externa, con donaciones o préstamos, que a la postre es una nueva deuda.

El presidente del BID, Enrique Iglesias, dijo en Perú que los latinoamericanos “estamos saliendo del receso y empezamos a crecer nuevamente”, pero advirtió que “es todavía un crecimiento sometido al tiempo y las variaciones de la coyuntura internacional”.

Para los nicaragüenses eso significa que si disminuyen las ofertas de trabajo en Costa Rica o en Estados Unidos, se pueden estancar o caer los ingresos por remesas familiares, porque descenderían la migración o los envíos de dinero.

El desempleo de Estados Unidos subió al 5.7 por ciento el mes pasado, según informes gubernamentales. O sea que en marzo había 8.35 millones de estadounidenses desempleados, comparados con los 8.17 millones de febrero.

Los ingresos reales por remesas familiares, en Nicaragua, oscilan entre los 700 y mil millones de dólares por año, ya que buena parte de ese dinero lo traen a mano los viajeros y ninguna empresa financiera lo registra, pero un experto en el tema, Ricardo Castellón, ve difícil que el país llegue a percibir más de 1,300 millones de dólares anuales por esa vía.

“Los que más emigran son las personas menos calificadas, por lo general del campo –explica Castellón–. Además, si el que emigra primero, sea el papá o el hijo, se lleva después a la familia, las remesas bajan”.

Puede ser que la tormenta haya menguado, pero las nubes negras amenazarán mientras las exportaciones aporten menos dinero que la migración.

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