Jorge Eduardo Arellano
Modestamente, sin pretensiones
académicas ni ínfulas eruditas, el genealogista Esteban Duque Estrada sorprende con este trabajo curioso, originado de fuentes secundarias: Cubanos en Centroamérica (siglo XIX), recientemente aparecido. En sus palabras preliminares, sin embargo, declara haber “procurado examinar con ojo crítico toda la información disponible”. Así ofrece las biografías de cincuenta y un cubanos ilustres e ilustrados que se radicaron temporalmente en los países centroamericanos, tras concluir la “Guerra chiquita” (1879-1880).
Siete de ellos permanecieron en Nicaragua. El más notorio fue Antonio Zambrana (1846-1922), quien llegó en agosto de 1882 a Granada, donde hizo amistad con Enrique Guzmán (1843-1911). Hasta abril de 1883 vivió en esta ciudad, intentando la formación de un nuevo partido político –de signo más progresista que el encabezado por el presidente Joaquín Zavala– y la gestión de un nuevo tratado de límites entre Costa Rica y Nicaragua. Zambrana vivió luego en Managua como huésped de don Isidro de Jesús Olivares, en el antiguo barrio de San Sebastián. Allí lo trató Gratus Halfermeyer cuando el futuro cronista capitalino era adolescente. Muy informado de las relaciones Zambrana/Guzmán, Duque Estrada desconoce las del mismo Zambrana y Rubén Darío que ameritan una investigación aparte. Basta señalar que el gran poeta le consagró un párrafo memorable en su ensayo “La Literatura en Centro América” (Revista de Arte y Letras, Santiago de Chile, tomos XI y XII, 1888) y que juntos hicieron un viaje a la primorosa aldea de Nindirí, habiendo escrito ambos sobre la misma experiencia. Fragmentos de las impresiones de Zambrana las transcribió Darío en un capítulo de su libro El viaje a Nicaragua (1909).
El mismo Darío mantuvo también relaciones literarias y, sobre todo, amistosas con otro cubano vinculado a Centroamérica: el poeta José Joaquín Palma (1843-1911). En su referido ensayo chileno, se refiere a él como a un “caballero y trovador de la Edad Media vestido de levita” que llegó a Honduras “y fue recibido como se lo merecía por el entonces Presidente [Marco Aurelio] Soto”. Autor de la letra del “Himno nacional” de Guatemala –dato fundamental que suministra Duque Estrada–, Palma visitó Managua, acompañado de su hija Zoila América Palma Castillo, ya viudo, “durante el gobierno del Dr. Roberto Sacasa (1889-1893) y se hospedó en la casa de don Gabriel Frixione, teniendo de inmediato una cálida acogida entre los intelectuales de la época, incluyendo a Rubén Darío”.
Éste le prologó un tomo de Poesías (Guatemala, 1890) que José Jirón Terán inserta en sus Quince prólogos de Rubén Darío (Managua, Instituto Nicaragüense de Cultura, 1997, pp. 51-54). “Fallecido en Guatemala, en 1811. Sus restos fueron repatriados a Cuba en 1950” –afirma Jirón Terán. Darío aseguró que Palma había generado “un despertamiento tan grande en la poesía centroamericana”, como lo demuestra la siguiente composición inédita, que guardaba en su memoria la señora Alicia Marín de Solórzano, atribuida al versificador leonés Cesáreo Salinas. Titulada “A J. J. Palma”, dicen sus primeros octosílabos: “Permita que hasta ti suba /la voz de la simpatía, /que me inspira tu poesía, /cantor proscrito de Cuba…” y concluye: “Dime, ¿cuál desgracia es mayor? /Llorar tú un amor perdido /yo lloro siempre afligido /porque no he tenido amor”.
En el prólogo citado de 1890, Darío anotó: “Palma es un hijo de Zorrilla, que ha viajado mucho por Europa. Su madrigal está escrito con guantes”. Asimismo, trazó una semblanza del natural de Bayamo, fechada en Anvers, Francia, junio de 1906 y dirigida a Manuel Serafín Pichardo, director de El Fígaro de La Habana; ahí puntualiza: “Supo amar, supo cantar. Encantó a un continente. Peregrinó por la libertad, ofreciendo palmas de heroísmo y rosas de galantería”, aludiendo a sus versos patrióticos y sentimentales.
Otras dos biografías sucintas de Duque Estrada corresponden a las de los educadores José María Izaguirre, profesor de Palma en el Colegio San José de Bayamo. En mayo de 1877 llegó a Guatemala y, más tarde, a Granada, Nicaragua, fungiendo como director del Instituto Nacional de Oriente entre 1886 y 1892. Este año pasó a Managua, donde dirigiera por varios años –a partir de 1893– el Colegio de Varones que había fundado su coterráneo Desiderio Fajardo Ortiz (1862-1905), año en que también falleció Izaguirre, ambos en Cuba. Respecto a Fajardo Ortiz (“El Cautivo”), Duque Estrada informa lo que indican las fuentes disponibles, destacándolo como autor de la biografía del maestro Gabriel Morales (1889) y asistente al segundo matrimonio de Darío el 8 de marzo de 1893. También lo presenta como colaborador del periódico El Duende, redactado por Juan de Dios Matus y suspendido en dos ocasiones por los mandatarios de turno.
Otros tres cubanos estuvieron, transitoriamente, en el país ocupados en actividades de otro orden: Domingo Goicuría (1810-1870) y los hermanos Aniceto (1836-1908) y Gabriel García Menocal (1833-1905). +Luchador por la separación de Cuba de España y por la anexión de la isla a Estados Unidos primero, y luego por su independencia, Goicuría participó al lado de William Walker en su aventura esclavista. El 8 de marzo de 1856 arribó a Granada con 250 hombres, procedente de Nueva Orleans; en abril combatió a los patriotas nicaragüenses en Chontales (su huella, como la del tigre, quedó señalada con un rastro de sangre”) –dijo de él José Dolores Gámez) y en julio –siempre del año 1856– fue nombrado Intendente General de Hacienda del gobierno filibustero. En enero de 1857, ya distanciado de Walker, estaba tratando de repatriar a sus hombres a los Estados Unidos. Goicuría, tras ser capturado al invadir Cuba, fue condenado a muerte y ejecutado por los españoles “al garrote vil” en La Habana el 7 de mayo de 1870.
De acuerdo con Duque Estrada, Aniceto García Menocal fue un ingeniero de la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Ejerciendo este cargo, vino a Nicaragua en la segunda expedición de estudio del canal por Nicaragua (1872). En representación de la compañía “Provisional Interoceanic Canal Society” vino de nuevo (enero, 1880) con el mismo objetivo. Y, bajo órdenes emitidas el 15 de diciembre de 1884 por el Secretario de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, encabezó un nuevo reconocimiento de la ruta canalera, comenzando los trabajos el 21 de enero de 1885 en el puerto lacustre de San Carlos y terminándolos en abril del mismo año. Dos años más tarde, asociado con el Almirante Daniel Ammen, obtuvo una concesión para construir el Canal, siendo éste el último intento real de llevarlo a cabo. Inició los dragados de la bahía de San Juan del Norte y de cuatro millas de Canal, dinamitó una sección de los raudales de Machuca y construyó once millas de línea férrea de vía ancha. El intento fracasó en 1890 “porque la Compañía formada al efecto no pudo conseguir suficiente financiamiento”. Las dragas que utilizó García Menocal se conservaron durante mucho tiempo, abandonadas, en el río San Juan.
Y en cuanto a Gabriel García Menocal, Duque Estrada le dedica un párrafo. “Visitó Nicaragua en 1895 –dice– contratado como ingeniero por Gonzalo Espinosa. En 1890, Espinosa –con F. Alfredo Pellas, Enrique Palazio, Virginia (Pasos Arellano) viuda de Quadra e hijos, y el Lic. Santiago Morales– había fundado en Londres la compañía The Nicaragua Sugar States Limited, y que hoy en día es uno de los complejos azucareros y licoreros más fuertes y diversificados de Centroamérica…”. En 1895 –añade, basado en el raro folleto Nicaragua Sugar State Ltd, 1890-1952, aparecido en Granada el último año– “San Antonio estaba iniciando su producción y se esperaba beneficiar unas 28,000 toneladas de azúcar y 150,000 galones de aguardiente”.
El autor es escritor e historiador.
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