Muerte y libertad en Irak

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Muerte y libertad en Irak





Cuando se ven escenas tan terribles como la de la turba iraquí despedazando los cadáveres de cuatro hombres estadounidenses, el martes de esta semana en la ciudad de Faluya, cabe preguntarse si pueblos como el de Irak tienen realmente capacidad para vivir en libertad y democracia, o si por alguna razón desconocida su destino es ser sometido siempre por dictadores y tiranos.

Muchos iraquíes reconocen que nunca antes habían tenido tanta libertad como ahora, pese a la ocupación extranjera. Y la situación socio-económica de la mayor parte de los iraquíes es también mucho mejor que cuando Saddam Hussein. Eso quedó claramente demostrado por los resultados de una encuesta que hicieron recientemente en Irak los medios de comunicación extranjeros, con motivo del primer aniversario del derrocamiento de Hussein. Pero de la misma manera la mencionada encuesta reveló que por lo menos la mitad de los iraquíes repudia la presencia de los invasores norteamericanos.

El repudio a la ocupación militar extranjera es comprensible. E inclusive es justa la lucha armada contra ella, pues prácticamente a nadie le gusta que por la razón que sea su país esté ocupado y dominado por extranjeros. Aquí en Nicaragua muchos nicaragüenses lucharon con las armas en la mano contra las invasiones armadas norteamericanas a mediados del siglo XIX y en la primera parte del siglo XX, lo mismo que contra los ocupantes soviéticos, cubanos y de otros países comunistas, en los años ochenta del siglo recién pasado.

Pero una cosa es resistir la ocupación extranjera luchando de manera directa y valiente contra las fuerzas militares invasoras, y otra muy diferente, y repugnante, es asesinar mediante cobardes ataques terroristas a la población inocente del mismo país, o a extranjeros civiles desarmados, y peor aún el inaudito salvajismo de acciones como la que ocurrió en Faluya el martes de esta semana.

En todo caso, lo mejor que pudiera hacer Estados Unidos es irse de Irak, y cuanto más pronto lo haga mejor para todos y para ellos mismos. Estados Unidos invadió Irak y derrocó a Saddam Hussein para darle una lección a los terroristas islámicos que atacaron Nueva York y Washington sin dudas que con el apoyo o al menos con el consentimiento de la tiranía iraquí; y además porque Hussein hizo creer que tenía armas de destrucción masiva con las que iba a atacar a Occidente. Sin embargo, una vez desaparecido el régimen de Hussein, si los iraquíes quieren vivir en libertad o volver a ser sometidos es un asunto exclusivo de ellos.

La demostración más significativa de la situación democrática sin precedente en que vive ahora el pueblo de Irak es la irrestricta libertad de expresión. En tiempos de Saddam Hussein sólo había en Irak cinco periódicos, todos controlados por la dictadura: Al-Yamuría (La República), vocero oficial del Gobierno; Al-Thaúra (La Revolución), órgano del Partido único Baath; Al-Kadizíe, del ejército; Al-Irak, vocero de los kurdos; y Babel, que era una publicación “especial” manejada por Uday Hussein, uno de los dos sanguinarios hijos de Saddam.

Ahora se publican en Irak diez diarios de circulación nacional y más de 120 semanarios y revistas, lo cual es una fiesta de la libertad de expresión. Entre los diez diarios nacionales destaca Azzaman (El Tiempo), el primero que se editó después de la caída del tirano y también el primer periódico libre después de más de 36 años, siendo un medio completamente independiente y el más vendido y leído de Irak, como LA PRENSA de Nicaragua.

“Ahora hay un boom editorial en Irak —dijo la periodista iraquí, que trabaja para Azzaman, Nada Shawket, a una corresponsal suramericana—, porque después de casi cuatro décadas de silencio, de opresión, todos quieren expresar lo que sienten. Ahora podemos escribir lo que queremos, lo que la gente vive y siente, y hay más confianza en lo que se lee. Antes se sabía que escribíamos lo que el Gobierno quería. Ahora somos un diario independiente, y reportamos, por ejemplo, toda esa bronca que tiene la gente con los norteamericanos, su rabia por la inseguridad y el desempleo”.

¿Podrán los iraquíes conservar esa libertad tan duramente conquistada, después que se vayan los norteamericanos y sus aliados? Ojalá que sí.

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