Feddy Potoy R.
MADRID, ESPAÑA.— El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, el mismo que ejecuta la política de asesinatos selectivos contra los palestinos, está viviendo su propio “infierno” de una forma distinta a la que prometieron los seguidores de líder de Hamas, Amen Yasín, acribillado el 22 de marzo pasado junto a otras personas, por órdenes de Sharon.
Sharon está inmerso en un escándalo de corrupción junto con su hijo Gilad, por un supuesto soborno del empresario David Appel, a cambio de asentarse en la paradisíaca isla de Patrocolo, con un gigantesco proyecto turístico. Las grabaciones de las conversaciones de esta “coima” de los Sharon ha salido a relucir en los medios de comunicación israelíes y sus editoriales parecían sendas sábanas de textos pidiendo su dimisión. Es algo así como una legión de letras e ideas pidiendo la cabeza de Sharon.
Son momentos difíciles para el primer ministro de Israel. Primero, recibió la condena de gran parte de países, instituciones y personajes de la comunidad internacional por el método utilizado para eliminar del camino a Yasín, e incluso el Vaticano se pronunció en contra de esta actitud de Sharon. Segundo, su cabeza y la seguridad de Israel la puso en manos de esta organización denominada Hamas, cuyos extremistas han advertido que nadie estará seguro después de la muerte de su líder. Tercero, la oposición y algunos ministros del gobierno de Sharon, exigen su dimisión. Y, cuarto, el repliegue limitado de Gaza y Cisjordania dependerá del apoyo de Estados Unidos, cuyo mandatario, George Bush y su asesora del Consejo de Seguridad Nacional, no están pasando buenos momentos después de las denuncias del ex máximo responsable de la lucha antiterrorista, Richard Clarke, publicadas en su reciente libro titulado Contra todos los enemigos.
Así que el futuro inmediato de Sharon es muy complicado y sólo dependerá de buenas maniobras políticas, algunos acuerdos políticos o que Israel y Estados Unidos decidan arreciar sus actividades militares contra los palestinos al punto de causar conmoción, para disipar las tensiones que viven los gobernantes de ambos países.
En Europa se sigue con especial interés lo que ocurre en Estados Unidos, sobre todo después de la guerra contra Irak, a la que no se apuntaron varios países fuertes del “viejo Continente”. De momento, la Casa Blanca y la comisión del Congreso norteamericano que investiga la forma en que actuó la Inteligencia de este país, se ha convertido en un verdadero “polvorín político” que le puede costar la silla presidencial a Bush en las próximas elecciones.
Del escándalo suscitado a raíz de la publicación del libro de Clarke, se desprende que el presidente Bush no escuchó que Al Qaeda era responsable de los atentados terroristas del 11-S y se empeñó en sesgar este hecho a la figura de Saddam Hussein para justificar una guerra contra Irak; hay muchas mentiras o medias verdades en la Administración norteamericana para proteger errores cometidos y que la “guerra” entre la Casa Blanca y Clarke, es prometedora.
Bush está igualmente en una situación difícil y tendrá que remontar mucho terreno para ganar las elecciones en su país, de lo contrario, su partido podría sumarse a la lista de los más recientes perdedores en Europa: España (José María Aznar) y Francia (Jacques Chirac).