Jaime Incer [email protected]
En el Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología (Conicyt), entidad adscrita a la Vicepresidencia de la República, existe la firme convicción que el desarrollo del país requiere de más y mejores profesionales en el campo de las ciencias y la tecnología.
El escaso nivel de aceptación de esta gran verdad, reflejada en la falta de voluntad política de los gobiernos para impulsar y financiar esta iniciativa, hace una sustancial diferencia entre los países desarrollados y aquellos otros que eufemísticamente se consideran “en vías de desarrollo”.
Y esta importante afirmación es preocupante en un país como Nicaragua, donde la enseñanza científica es en gran parte deficiente, fragmentaria y desactualizada en todos sus niveles.
Alarma saber, por ejemplo, que una elevada proporción de aspirantes a las carreras universitarias resultan aplazados en matemáticas durante los exámenes de admisión; que carreras como física, química y la misma biología son despreciadas en busca de otras profesiones viciadas de intereses crematísticos y engañosos, y que para impulsar el desarrollo tecnológico en Nicaragua sólo bastaría aplicar las costosas y sofisticadas tecnologías importadas de otros países, sin las adaptaciones apropiadas a las condiciones o necesidades reales de nuestro medio.
Por esa razón el Conicyt está apoyando al Ministerio de Educación en la reforma actualmente en curso para mejorar la enseñanza media, no sólo desde el punto de vista conceptual sino también con la introducción de facilidades informáticas sobre ciencia y tecnología y la dotación de equipos mínimos para prácticas demostrativas a nivel del ciclo básico.
Las nuevas reformas programadas para ese nivel se basan en la enseñanza de las ciencias en forma integral e interrelacionada, terminando así con el obsoleto sistema tradicional de impartir cada asignatura en pequeños fragmentos, totalmente desvinculada la una de la otra.
Por otra parte, la desarticulación en la enseñanza de las ciencias físico-naturales era tal que el profesor de biología no aplicaba los principios de la química y éste a su vez poco entendía o atendía las relaciones de su asignatura con la física. Todas las enseñanzas, demostraciones y prácticas eran poco alusivas al proceso evolutivo e integrador que condujo a la organización y funcionamiento del mundo natural, es decir del universo, del planeta, de los seres vivos y del hombre mismo.
Por inexplicables razones las ciencias de la tierra y del espacio estaban excluidas del proceso educativo, sin tener en cuenta que en Nicaragua los fenómenos telúricos y climáticos son bastante comunes, en algunos casos hasta dramáticos y determinantes, y que la conquista del espacio ha sido el esfuerzo más unificador y audaz que la ciencia ha logrado como conocimiento y progreso a lo largo de la historia de sus descubrimientos.
Sería deseable que tanto el MECD y el Conicyt continuaran cooperando mutuamente para la formación de un verdadero Centro de Estudios e Investigaciones Científicas, para capacitar y actualizar a los profesores en estas disciplinas, además de vocacionar y rescatar a los ignorados talentos nacionales que se pierden en nuestros colegios e institutos, con la esperanza de descubrir y estimular en ellos todo lo que tengan de Galileo, Newton, Darwin, Pauling o Hawking.
El autor es miembro del Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología.